domingo, 2 de diciembre de 2012

Esta noche cena Pancho con Lulú Petite


Querido Diario:
-¿Quieres ser mi novia?- Dijo. Me tenía en la cama, desnuda, boca abajo y estaba a punto de hacérmelo
-¡No!- respondí terminante, con la boca contra la almohada
-Entonces se mi amante

-Tampoco
-Ya sé, cásate conmigo- insistió besando mi espalda y acariciando mis hombros, con su sexo apuntando al mío, sin entrar, apenas rozando las comisuras.
-Eso menos conejito- dije moviendo la cadera un poco hacia él. Sentí apenas su puntita, que separaba las paredes de mis labios sin entrar más. Me estremecí.
-Anda, cásate conmigo- Respondió como si no hubiera sentido que ya estaba prácticamente dentro. Me sacan de onda los que hablan cuando te hacen el amor ¿En qué te concentras? ¿Picas o platicas?
-Pues entonces habría que preguntarle primero a tu esposa qué le parece si tu y yo nos casamos- agregué.
-¡Caramba! Tú a todo le pones peros...
-No es un pero corazón, es que no veo porqué dejar de ser tan buenos amigos para hacernos pésimos bígamos.
-¡Hum!- Refunfuñó, y hasta entonces se deslizó todito dentro de mí. Resbaló rico, como si se hubiera untado mantequilla.
A Francisco lo conozco desde hace meses. Tiene una fábrica de ropa y le va bien. Es culto y muy inteligente, bajito, de piel blanca y ojos grises. De esos feos con tanta personalidad, que a segunda vista descubres que más bien son guapos camuflados. Varonil, risueño, seguro de sí mismo.
Me la dejó ir y empezó a moverse dentro con cadencia. Yo seguía boca abajo, él se puso de rodillas, rodeando mi cadera con sus muslos, sin sacármela y, recargándose ligeramente en mis glúteos siguió clavando su pelvis con entusiasmo. Arqueó su espalda hacia el frente, se recargó en mí y me besó los hombros cuando terminó. Gimió, arrastrando la vocal lo más que su aliento le permitió -¡Aaaaah!
Nos recostamos un rato. Él se tendió en la cama, viendo al techo. Yo puse mi cabeza en su pecho y la mano en su abdomen. Me abrazó.
-Estuvo rico ¿Verdad?
-Muy rico- respondí
-Me gustó lo que escribiste de ese señor, Daniel, el que ahorró para estar contigo...- se quedó en silencio un rato, meditando, luego continuó -¿Sabes? Yo era muy tímido en la escuela y con esta cara, que no me ayudaba, yo creo que de no ser por las puñetas, habría llegado a la edad adulta sin siquiera sacarme el veneno. En ese entonces, estaba enamorado de una chavita. La más guapa de la escuela. Éramos cuates, pero yo la quería para mí. No me atreví ni a pedirle un beso y me quedé con esa espinita. Después de la prepa, no la volví a ver. Un día, conocí en un teibol a una chavita que se le parecía muchísimo. Pagué su salida e hicimos el amor. Me sentí aliviado y fue el dinero mejor usado de mi vida.
-Pero eso no sólo me pasa a mí- continuó -Todos tenemos ese sueño. Acostarnos, al menos una vez en la vida, con la chava más bonita. Hacerle el amor a la más guapa, la que todos quieren, la popular en la escuela, la rompecorazones en la oficina, la que baila bien, la que está en el póster o en la portada de la revista, la de las piernas torneadas y la falda sexy, la de los labios carnosos, la que huele rico, la de los  glúteos redondos y paraditos, la del escote increíble, la que ha de besar riquísimo, la que ha de moverse como diosa.
Por eso, aunque cobres caro, siempre habremos quienes estemos dispuestos a pagarlo. Porque lo tuyo no se trata de sexo, sino de saldar cuentas con nuestras propias fantasías, de recibir los besos de la niña bonita, dejarse consentir, de hacérselo, sentir que puedes, que sus piernas se abren, que estás dentro, que lo lograste. Cuando pagamos por hacerle el amor a una mujer bonita, el sexo es lo de menos, lo que vale es el ¡Sí se pudo!- Se volvió a quedar callado.
No sé si tenga la razón y no es un asunto en el que quiera pensar, pero me pareció interesante la idea de Francisco, por eso la comparto. Después de un ratito callados, volvió a besarme, nos recostamos de ladito y, de nuevo entre besos, volvió a poner su sexo apuntando al mío, sin hacérmelo. Pasó su lengua por mi oreja, puso su mano en mi vientre y, todavía sin entrar, volvió a preguntarme:
-Entonces qué ¿Quieres ser mi novia?
-Bueno, pero sólo por sesenta minutos y ya llevas cuarenta
-¿De plano?
-Pues sí mi querido Pancho, es lo más conveniente
-Está bien, entonces vamos a ponerle otra vez, porque esta noche...
-¿Esta noche qué?
-Esta noche, cena Pancho.
Posdata. La rifa de una cita gratis conmigo sigue en pie para el 15 de febrero. Participar es completamente gratis, las bases están en mi blog (http://midiariosexy.blogspot.com) y cada día quedan menos lugares, el que no se apure se va a quedar como el chinito. Participar es fácil, entérate.
Un beso