sábado, 15 de diciembre de 2012

Manual para principiantes I por Lulú Petite

Todos los días me llegan mensajes, correos o llamadas de personas que nunca han contratado los servicios de una terapeuta sexual (sí, en mi pueblo también nos dicen de otro modo). No saben cómo furula este negocio, así que pretenden, no qué les dé informes del servicio, sino que les explique paso a paso lo que deben hacer para coger conmigo. Hay dudas sobre cada parte del proceso, desde la llamada, cómo hospedarse, dónde, qué hacer mientras llego, cómo pagar y hasta cómo saber cuándo termina.
 
Desde luego mi poca paciencia y el hecho de estar siempre ocupada, no me permiten en llamadas telefónicas, correos y demás, dar información tan detallada. Por ello preparé este pequeño manual sobre cómo llamar, contratar y cogerte a una escort. Una sencilla guía del paso a paso sobre cómo se concreta una cita para poner a rechinar los resortes del Spring Air. Para usarla basta que imagines que el cliente eres tú. Así, con la magia de la lectura, supón que lo que aquí se narra lo estás viviendo tú y nadie más que tú.
 
Imagina que tienes ganas de echar pata y las hormonas impetuosas por el inicio de la primavera. Buscas en tu computadora mi nombre, entras a mi sitio de internet. Encuentras mis fotos y mi teléfono. Entonces llamas.
 
-¿Bueno?- Te respondo coqueta.
-Hola- me dices –Llamo para pedir información sobre tu servicio.
-Claro, mira, mi servicio es por una hora, cuesta tanto, podemos tener sexo oral y vaginal, besitos, caricias y las demás cosas cachondas que hacen los novios. Nos podemos ver en alguno de los moteles que están por la zona de Patriotismo y Revolución.
-¿Puedes venir a mi casa?
-No sólo en los moteles que te dije.
-Y ¿Cómo es? ¿Tomo una habitación y desde allí te llamo?
-No, me avisas media hora antes de que quieras que nos veamos para confirmar que estaré desocupada, después te instalas en el hotel y llamas para decirme el número de habitación que te dieron.
-Ok, entonces te busco en un rato.
 
Ves de nuevo mis fotos y te preguntas si vale la pena regalarte la experiencia. Después de todo, la vida nomás es una y no hay que quedarse con ganas ¿Por qué no darse el gusto? Una mujer joven, de cuerpo esbelto, senos redondos, apetecibles, bonita figura, divertida y disponible para comértela solito. Esas ideas dan vueltas en tu cabeza un rato, incluso sientes venir una erección cuando lo piensas. Haces cuentas y decides que te vas a aventar el tiro, igual amaneciste cachondo. Me vuelves a llamar para confirmar.
 
-Ok, nos vemos en el Villas, llámame cuando estés en la habitación- Te digo.
 
Te subes a tu coche y agarras camino. El tráfico, como siempre está pesado, pero ahí vas escuchando las noticias en el radio y pensando en los placeres que vas a probar. Escuchas que los normalistas de Tiripetío harán un nuevo relajo no sabes dónde, mientras piensas en la foto donde tengo la mano apuntando al ombliguito. Sientes unas ganas tremendas de poner tu lengua en ese ombligo, de probar la piel ¿Será salada? ¿Será dulce? ¿A qué olerá?
 
Veintiocho minutos después llegas al motel acordado, bajas al estacionamiento y colocas tu coche entre un jetta y un jeep cuyos dueños, seguramente, están ya en alguna de las habitaciones echando pata. Te recibe un señor de camisa blanca con pantalón y chaleco negros.
 
-¿Va a querer una habitación?- Te pregunta “No güey, nomás me gusta estacionar mi coche en moteles para ver quién pregunta” piensas.
-Sí
-Son 400 pesos por favor.
 
Le das al caballero dos Sor Juanas y él te entrega una tarjeta con banda magnética y el número 207, impreso bajo el nombre del motel. Caminas hacia el elevador pensando en lo que vas a merendarte.
 
El elevador se abre en el segundo piso. Frente a ti, las puertas de varias habitaciones. A la derecha, muy cerca del elevador, está la 207. Metes la tarjeta en la ranura y cambia la luz de rojo a verde como diciendo “pase usted a lo barrido”. Huele a motel. Quién sabe qué madres usen para trapear, pero todos los moteles tienen el mismo olorcito que aloca las hormonas, que zarandea las ganas de ponchar. Entonces me llamas.
 
-Hola Lulú, estoy en la habitación 207 del motel que quedamos.
-Ok baby, voy para allá. Besitos.
 
Revisas la habitación. Se ve limpia. En la televisión hay una película de hueva, presionas botones hasta dar con el canal porno. Una rubia muy guapa se la está chupando alegremente a un señor con cara de camionero y miembro tamaño caballo. Al cabo de un rato apagas la tele.
 
Te metes a bañar. Recuerdas que tratándose de sexo de paga, la chica se va a soltar más si encuentra a un hombre que huele rico, recién bañado y con la boca sabor colgate. Se te para de nuevo nada más de imaginar cómo me vas a coger, las posiciones en las que vas a ponerme, lo rico que se verá tu sexo entrando al mío, despacito.
 
Te estás lavando los dientes, con una toalla ceñida a la cintura y tus pensamientos en cómo acariciarás mis pezones, cuando escuchas que llaman a la puerta.
 
Toc, toc, toc
 
Pasaron veintitrés minutos desde que me llamaste. Te acercas a la puerta, te asomas por la mirilla y me ves, esperando a que abras. Entonces giras la manija y me recibes con una sonrisa y un beso en los labios.