sábado, 28 de diciembre de 2013

Lujuria por Lulù Petite

Cuando entré a la habitación, me mirabas con una lujuria que pocas veces había visto en tus ojos. Te acercaste, me tomaste las manos y apretándolas un poco me diste un beso cargado de pasión, de entusiasmo y de paciencia. De esos besos que empiezan a cocinarse temprano y que al cabo de las horas, cuando están listos y se llevan a la boca, se devoran con arrebato, con fuego, con prisa.


Mientras me besabas, solté el cuerpo, dejé que por un rato, por ese rato, tu gesto de amor y de deseo me ocupara completamente. Cerré los ojos, entretejí mis dedos en tu nuca y devolví el beso con el mismo amor que sentía latir en tu pecho.

Abrí los labios y te dejé probar. Probé también tu boca, sentí tu lengua reclamando los besos que le debía, los que querías y no te había dado. Acaricié en tus mejillas la tenue lija de tu barba vespertina, metí mis dedos entre tus cabellos y apreté con fuerza para aferrarme a ese beso sincero y amoroso. Acaricié tu cuello y sentí allí el tic tac de tu pulso acelerado, tus calores convertidos en esa furia piadosa del amor impulsivo.

El tuyo era un beso atrevido, un beso firme y seguro, de esos que no están pidiendo permiso, sino reclamando lo que les pertenece. Y efectivamente, en ese momento era completamente tuya. Me estaba poniendo a tu disposición con deseo genuino. Con unas ganas tremendas de satisfacerte, de darle un gusto a ese hombre a quien tanto quiero y quien me ha demostrado un cariño sincero.

Bajaste con calma la cremallera de mi vestido y, tomándolo del talle, lo jalaste para sacarlo por mi cabeza. Siempre me has dicho que te encanta verme en lencería. Diste unos pasos hacia atrás, sin soltar mi mano y me obligaste con un ademán a dar una vuelta que terminó conmigo de nuevo frente a tu cara. Sonreíste y, acariciando la línea de mi espalda me besaste de nuevo.

Comenzaste a desnudarte cuando caminamos hacia la cama. Esa cama en la que me habías esperado todo el día. Allí estaba ahora solamente para ti, lista para tus labios, para tu urgencia, para calmar tu deseo y liquidar tu espera. Imaginaba que me cogerías con prisa, que me arrancarías los chones y, apenas te pusiera el condón, entrarías en mí para sacarte el veneno que te estaba quemando las venas.

Lo que no imaginé es que la espera te hubiera hecho idear la manera de seducirme en la cama, de buscar mis debilidades y explotarlas. No preví tu actitud calmada, como ojo de huracán, en el que sentía tu sangre hirviendo y aun así te tomabas tu tiempo para calentar también la mía, para que tus feromonas asaltaran mi olfato y taladraran mi cerebro hasta oprimir esos botones donde se fabrica el deseo.

Tus besos seguían las caricias de tus manos que recorrieron mi cuerpo como si lo estuvieran descubriendo, como si fuera la primera vez que lo exploraban. Apretaste mis pechos, pusiste mis pezones en tu boca, me acercaste tu sexo hinchado, lo sentí rozar mis muslos con su pulso tibio.

Te pusiste el condón y apuntaste tu sexo a la puerta del mío. Me clavaste una mirada pesada, repasando mi cuerpo y sonriendo con malicia. Apretaste uno de mis senos. Yo estaba recostada, con las piernas abiertas, la mirada al techo y la espalda ligeramente arqueada. Tú estabas frente a mí, de rodillas sobre el colchón, con la erección lista, acariciando con la punta las paredes de mi lujuria, humedeciéndome, provocándome.

Abrí las piernas y me fui apretando contra tu sexo haciendo que me penetraras lentamente hasta encontrar fondo. Gemí. Pusiste tus manos en mis muslos y comenzaste a moverte, descontrolándome, satisfaciéndome.

Tu penetración me estremeció, apreté los muslos y exprimí tu sexo, cerré los ojos y dejé que tus movimientos se apoderaran de mis sentidos. Tus manos aferradas a mi cintura, tus labios en mis pechos, en mi boca, en mi cuello, tus embestidas viriles, lujuriosas, destrampadas, chocando contra mi cuerpo, clavándome en el colchón, poniéndome a gritar cuando una estampida de sensaciones colmó mi sexo, estallando por todo mi cuerpo convertida en esa caricia maravillosa, en la magia del orgasmo.

Cuando te viniste mis labios aún temblaban del placer recién experimentado. Esa noche nos quedamos dormidos juntos, desnudos y abrazados, como si el rato de amor que tuvimos no fuera el espejismo de una operación mercantil, sino el goce libre y erótico de dos corazones atolondrados.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Hacer el amor por Lulû Petite

A veces me critican, e incluso hay quienes se ofenden, cuando digo que un cliente “me hizo el amor”. Según ellos lo que ofrezco es puro sexo y el amor es otra cosa. Dicen que, en todo caso, el amor está hecho desde hace mucho, que sólo pueden brindárselo dos personas que se aman y jamás podría mediar en ello un acuerdo financiero. Que las pasiones son vulgares y frívolas, mientras el amor implica un compromiso que no puede limitarse al deseo y mucho menos al dinero. En pocas palabras, me dicen que yo cojo con mis clientes, pero no hacemos el amor.


Si, al menos quienes lo dicen pudieran sentir algunos de los besos que recibo, algunas caricias. Si sintieran en carne propia la forma de coger que tienen ciertos clientes, la forma en que saborean mi piel, en que me entienden, en que buscan su placer y al mismo tiempo complacerme. Si recibieran esas acometidas tibias, esos labios temblorosos, ese olor a deseo, esas caricias -compradas, sí- pero suaves y afectuosas. Si se sintieran poseídos con tanto gusto y ternura, y aun así dijeran que lo que me hacen no es amoroso, creería que entonces no entienden lo versátil es el amor.

Si comprendieran que el sexo, además del montón de connotaciones bajas que se le atribuyen, es un acto mágico. Que más allá de la satisfacción de un instinto, es una manera asombrosa de liberar energía, de quemar calorías, de generar buena vibra. Que además del arrebato carnal, el sexo implica la complicidad perfecta, la generosidad mutua, la armonía plena.

Así sean dos desconocidos, una que cobra y otro que paga, a la hora de abrir los labios para recibir un beso, de sentir entre los muslos la caricia quemante de una penetración bien intencionada, de sentir cómo los cuerpos se lubrican, cómo las lenguas se enlazan, cómo el placer trabaja y las hormonas fluyen, en muchísimos casos, aunque sea por un instante, el corazón se engaña, el amor hace lo suyo y te entregas de veras, te compras el juego y todo va más allá del acuerdo mercantil.

Entonces el placer es legítimo, te asalta una lujuria que no está incluida en el contrato y hacemos eso que llaman amor y te dejas, por ese rato, por esa fracción de segundo, amar y ser amada, por aquel con quien compartes una experiencia erótica, más que simples fluidos.

Hace unos minutos estuve en la cama con un cliente. Llegué aquí, a mi casa, todavía con el calor de sus caricias en mi piel, el sabor de sus besos en los labios y palpitando en mi sexo la inercia de sus incursiones. No era un hombre especialmente guapo ni especialmente varonil. No tenía el entusiasmo de un semental, el aguante de un caballo, la cuenta bancaria de un potentado ni la virilidad de un león. Era un hombre con poco más de cincuenta años, un poco pasado de peso, viudo, con dos hijos y con ganas de sentir entre sus brazos el calor de un cuerpo de mujer.

Según él, hacía mucho que tenía la intención de llamarme. Me contó que le gusta leer lo que escribo y estuvo un buen rato repasando conmigo los detalles de algunas de las anécdotas que aquí he compartido. Aquel hombre recordaba con mayor precisión que yo misma muchas de mis propias historias y preguntaba con una emoción que parecía la de un niño.

A mitad de la conversación vino el primer beso. Fue algo inesperado. Yo estaba hablando, respondiendo una de sus preguntas, cuando de pronto se acercó y robó un beso. No supe si callar o seguir hablando, esa pequeña pausa fue aprovechada por él para acercarse de nuevo y, entonces sí, plantarme un beso bien dado.

No sé en qué habrá consistido, pero aquel beso me estremeció tremendamente. Sentí de inmediato esas cosquillas en el vientre que algunos llaman mariposas. Sentí su deseo, sus apetitos. Sentí sus manos maduras, expertas y ansiosas, tomarme de los brazos y alargar el beso hasta hacerme sentir que ya era suya, que, al menos por ese rato, le pertenecía en todos aspectos.

Podría dar los detalles más íntimos y precisos sobre la forma en que aquel hombre me poseyó. Podría explicar cómo me hacía sentir desnuda con el puro peso de su mirada. Podría narrar con lujo de detalles como me fue quitando cuidadosamente cada prenda. Podría relatar la manera en que repartió caricias, la forma en que fue sembrando besos, el momento preciso en que su sexo se clavó en el mío y como un nudo en mi garganta se convirtió en gemido. Podría intentar definir mi orgasmo, hacer palabras de aquellas sensaciones, de aquel placer que todavía arde entre mis piernas. Podría describir la mirada de agradecimiento, de paz y de cariño, que me regaló cuando llenó el condón con su simiente. Podría hacer una crónica precisa, casi matemática, de cada instante en sus brazos, en sus labios y en sus ojos, pero basta, querido lector, con que me creas cuando te digo, sin temor a equivocarme que ese hombre me hizo el amor.

sábado, 14 de diciembre de 2013

PRINCESA POR LULÙ PETITE

Mat siempre me ha dicho “princesa”. A estas alturas, no sé si es un piropo o un agravio. Las princesas de nuestra generación no son como las de antes. ¿Qué se puede esperar? Si en ese afán de devaluar cuentos de hadas, a las princesas de nuestros tiempos no las rescata un príncipe, sino un fontanero bigotón, adicto a los champiñones. A las princesas de a de veras las persiguen paparazis, no dragones y las de los cuentos tienen todos los derechos reservados a nombre de Walt Disney.


De todos modos, él me dice princesa con tanta franqueza que no tengo el corazón decirle que me caga, que “princesa” me suena a nombre de french poodle.

Has de saber que pasó por mí temprano. Subí a su coche y nos fuimos a Puebla. Ya sabes cómo es, se ofreció a acompañarme. Desayunamos en cuanto llegamos, todavía no pedíamos la cuenta cuando llamó el primer cliente. Eras tú.

Mat me llevó al motel y nos instalamos en una habitación, se despidió de mí con una sonrisa cuando me fui a la tuya, que estaba a unos pasos.

Me acerqué a ti como en los viejos tiempos. Te miré. Unas nuevas canas pintan ya tus sienes y la comisura de tus labios se te ha formado un pliegue que, curiosamente, hace más coqueta tu sonrisa. En ti el tiempo va pasando con gracia.

Nos besamos larga y repetidamente. Un beso tras otro, posponiendo la conversación inevitable. La explicación sobre la emboscada. Besas bien.

-Qué gusto me da encontrarte princesa- Me dijiste al oído, acariciando con la punta de tu lengua el lóbulo de mi oreja. Sentí escalofríos y me aparté, encogiéndome de hombros. Con tu “princesa” no pude evitar pensar en mi amigo, que me esperaba en otra habitación.
-Pues qué gusto que me buscaras- Respondí con una sonrisa.
-Te busqué mucho tiempo, pero he de admitir que encontrarte fue producto de la casualidad no de la búsqueda.

Te conocí en tiempos del hada. Eres poblano, pero tienes ascendencia árabe y francesa. Unos ojos profundamente negros, tapizados de una pestañas que parecen pintadas con rímel. Cejas pobladas, rostro simétrico. Eras uno de los mejores clientes del hada y, en aquella época nos veíamos muy seguido. Cuando dejé al hada, perdí contacto contigo ¿Quién te manda no haberme dado tu fón para avisarte que seguía chambeando?

-Vi tu foto en el periódico y, por la forma de tu cuerpo estaba seguro de que eras tú.

De pronto te pusiste de pie. Me quedé fría mientras te bajabas el pantalón. Recordar no es lo mismo que volver a ver tu miembro enorme, perfecto, suculento. Lo acaricié en cuanto lo sacaste. Apenas lo toqué y se endureció. Jalé varias veces hasta sentirlo completamente hinchado. Volteé a verte y nuestras miradas se cruzaron. Sonreímos. Entonces me lo llevé a la boca.

Te lo chupé hasta que me pediste, más con ademanes que con palabras, que me pusiera en cuatro sobre la cama. Así lo hice, poniendo mis rodillas prácticamente en el filo del colchón. Inmediatamente buscaste mi sexo, húmedo, impaciente, lubricado, deseoso de sentirte regresar a donde tantas veces habías estado. Sentí delicioso cuando entraste. Tu miembro deslizándose con facilidad hasta tocar fondo fue una fantástica experiencia. Arqueé mi espalda, gemí, cerré los ojos y disfruté cómo te movías dentro de mí, con tus manos en mi cintura y tu cadera taladrando con lujuria entre mis piernas. No pude ni quise evitar gritar cuando, al fin, tras una acometida certera y profunda hiciste que me viniera en medio de temblores deliciosos. Casi me desplomo del placer, pero tú seguías cogiendo y no podía pedirte que pararas.

-¿Por qué me dices princesa?- Te pregunté en la cama mientras mirabas el techo.
-Porque me encantas- Respondiste sonriendo y volteaste a darme un beso.

Nos despedimos con la promesa de volver a vernos y, al menos de mi parte, mucho gusto de reencontrarte.

Después de ti vinieron otros clientes. Casi brinqué de cuarto en cuarto a penas con tiempo para pasar con Mat, que me esperaba clavado en su computadora. Se hizo de noche y no habíamos comido, pero yo ya quería regresar a casa, así que en media carretera nos metimos a un Oxxo y compramos unos jochos y unos refrescos. Platicamos casi una hora, nos reímos, hicimos planes. Así se va el tiempo cuando estás a gusto. Es gracioso que ahora que sabe que empiezo a verlo distinto, se va despacio y no me ha pedido que lo vuelva a aceptar de cliente. Supongo que algo trama.

-¿Por qué me dices princesa?- Le pregunté cuando se quedó callado, mirándome.
-Porque lo eres- Dijo como subrayando una obviedad.

Ahora entiendo. Supongo que Mat, no me dice princesa como un cumplido, él simplemente me trata como una. Es un buen amigo.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Diario de un Gay

Y hasta el momento han pasado muchas cosas en mi vida, amores y desamores triunfos y fracasos, mi vida es como una rueda de la fortuna en la que a veces se gana y otras se pierde, lo importante es no darse por vencido la vida nos da muchas sorpresas y eso hace parte de “La Bella Vida”


Llegue a la conclusión que tal vez por el momento me debo quedar así solito, tal vez el amor no es algo que se pueda dar entre dos hombres, empiezo a creer que si va en contra de la naturaleza, así que me dedicare a seguir con lo mío, hasta que encuentre esa oportunidad ese momento feliz en que ya voy a tener que entregar mi cuerpo para vivir…

Tengo que confesar que cuando salgo en las noches a los bares también a conseguir clientes, debo encarnar un personaje un chico extrovertido, sexy y muy complaciente, me paro en la mitad de la pista de baile, y debo bailar como todo un profesional de la seducción.



Debo admitir también que las miradas son muy complacientes, ser el centro de atención mueve mi cuerpo como por arte de magia… De pronto se acerca un tipo a bailar me ofrece un trago y intenta persuadirme como un lobo en celo, que espera el momento oportuno para darle una mordida a su tierna presa.

Si estoy cansado, fastidiado, asqueado de ir en cama en cama con hombres que ni siquiera conozco y siento que cada vez me hundo más, pero no pierdo el norte de que gracias a esto voy a salir adelante y encontrare la forma de nunca más volver a explotar mi cuerpo, porque el cuerpo es un templo nuestro templo y ay que cuidarlo como tal.



Son las diez de la noche , un exclusivo bar de la ciudad para personas open mind, donde solo suena música trance, electro-pop, cantantes como David guetta y madonna son los anfitriones de la noche en el bar aunque es un bar-discoteca.

Ay bastante competencia van muchos chicos lindos con sus parejas o a buscar y además ellos no cobran, asi que tendré que ser sumamente sensual para que los posibles clientes se fijen en mí

Me abro campo en el centro de la pista y empiezo mi show, primero cierro los ojos la verdad siento mucha vergüenza me intimida tener tantas miradas encima, luego cuando ya me adueño de la pista abro los ojos y empiezo a lanzar miradas a los posibles hombres que estén interesados en mí.



De pronto se me acerca un chico de unos 25 años se pone enfrente de mí, y empieza a bailar, es guapo y muy candente pero no es el tipo de chicos que me pagaría para irme a tener sexo con él así que le sonrió y me voy a sentar a la barra, pido un cóctel y siento que alguien se me sienta al lado.

-Hola como te llamas?

Wow era aquel chico de la pista, le invente el nombre generlamente todos los días me llamaba diferente jeje.

*Hola me llamo Santiago.

-Quieres ir conmigo a un sitio más privado?

Y fui al grano.

*Lo siento, soy de los chicos que cobran por ir a esos sitios privados.

-No ay problema puedo pagarte.

Estaba impresionado realmente de que un joven tan guapo pagara por ese tipo de servicios.



Fuimos a un motel cerca donde tenían sauna, jacuzzy y hasta cama de agua.

Él me dijo que me quedara toda la noche.

Nos empezamos a besar, él era muy excitante pero la verdad ya no producía nada en mi era como si yo fuera un pedazo de roble, tal vez me sentía mal por cobrarle a este adonis por sexo.

Era excepcionalmente bien parecido, lo primero que destacaba eran sus dientes, enmarcados en unos labios rosados al natural que formaban ese tipo de sonrisa que se tiene que envidiar, con las dos comisuras que le daban una forma tierna, y muy masculina.

Un trasero redondo y de apariencia dura. El abdomen con esos cuadritos y ese pequeño surco que se forma a un lado y baja como haciendo una y se pierde en el pantalón.

Toque su piel blanca... y la acaricie verdaderamente... pase mi mano sobre sus pectorales... mi lengua sobre su abdomen, hasta desembarcar donde siempre quise...

De manera muy lenta, como queriendo alargar el momento, toque sus muslos y abrí su pantalón, tenía un bóxer muy pegado de color blanco con costuras negras que resaltaban con su piel, y que dejaban ver un bulto de lo más delicioso.... hasta que vi su pene... no era muy grande... tampoco era grueso... pero era hermoso, con el glande rosado y varias venas que lo surcaban de arriba a abajo.

Lo acaricie y pase mi lengua por el...

Entonces el hizo lo mismo, tomo el mío, poniendo sus labios sobre mí la corona de mi pene, su salivación era única, bajo, hasta humedecer mis testículos, paso su lengua sobre la vena que está abajo y la subió hasta el glande, y empezó a subir y a bajar, a subir y bajar... subir y bajar.... mientras con su mano derecha le daba un masaje a mi entrepierna y a mis testículos...

Lo tome y lo abrace tan fuerte como pude.. no quería dejarlo ir... se dio vuelta y se puso mi pene sobre su ano.... lo moje... y lo penetre suavemente, mientras veía su rostro de dolor.

Así que empecé con un vaivén que lo hizo suspirar, y poco a poco lo fui haciendo más rápido, hasta que el no pudo más... empezó a eyacular desesperadamente, mientras gemía de dolor y placer... y pues no pude con eso!!!! Saque el pene de su ano... y deje un chorro de semen por su ano, sus glúteos y su espalda... Se dio media vuelta y me abrazo... y me dijo... TE AMO.... te amo grandísimo idiota!!!

Se acostó a mi lado y se durmió, la verdad me dejo perplejo ese “te amo” así que tome mi dinero y Salí del motel, caminaba en la friolenta noche, tome un taxi para llegar a casa, tenía dinero suficiente para ir a dormir tranquilamente y no tener que ir a buscar más clientes por esa noche.

anonimo

viernes, 29 de noviembre de 2013

MENUDA SORPRESA



Ya se estaban finalizando mis tres meses de vacaciones, en una semana me tocaba de nuevo embarcarme y permanecer de nuevo seis meses embarcado, rodeado de agua por todos los lados y sin ver un trocito de tierra, así que con mis amigos de siempre decidimos salir a cenar y tomar unas buenas, dejamos a nuestras mujeres en casa, necesitaba ya descansar de mi querida Berta, cada vez que vuelvo de navegar no paramos de follar y follar, pero de vez en cuando es bueno tomarse un respiro.

En el tercer pub que entramos, mis amigos se encontraron una amiga desconocida para mí, supongo que será una amistad reciente, María se llamaba la susodicha, muy normal, uno sesenta y algo de altura, melena castaña clara, delgada piernas largas para su altura, tenía cierto aire de monjita, con la cara algo redondita, y ese tipo un poco raro que tenia, desde luego en la primera impresión no me llamó la atención, vamos una más del montón, que solo vas con ellas cuando no encuentras nada más y ya, estas un poco desesperado, lo cual a veces sucede. Además hablando era también un poco mojigata, vamos que no atraía nada de nada, no sé qué es lo que verían mis amigos en ella cuando la conocieron, o porque la conocieron, quizás sea la mujer de algún compañero de ellos, y la mujer está echando una canita al aire, aunque con los cuarenta que tendrá la moza, ya podía haber echado unas cuantas.

Tras un par cubatas, mis amigos me la quisieron endosar para que la acompañara a su casa, muy típico de ellos, ellos se enrollan y cuando se aburren te dejan el muerto, encima los cabrones estaban de un pesado subido, buscaron mil excusas hasta casi obligarme a acompañarla, como siempre, soy un blando, acepte a acompañarla.

En camino fuimos hablando de cosas nimias, y mi opinión no cambio en nada, María era muy sosa, sosísima diría. Una vez en el portal, y para sorpresa mía. me invito a tomar un copa en su casa, ante su insistencia, lo cual me sorprendió, acepte a subir y tomar la última copa, aunque la verdad con muy pocas ganas, en esos momentos estaba ya pensando en Berta, mi mujer, y aunque estaba un poco saturado de follarla y otras cosas durante estos tres meses, no estaría mal echar los últimos polvos, seguro que me la encontraría en pelotas, tumbada sobre la cama y abierta de piernas esperando que llegará con mi rabo, y viéndola así se me pusiera bien tieso, y poniéndome encima se lo metiera todo enterito en su coño.

Como tenía reseco, le pedí que me sirviera una cerveza, ella no se sirvió nada, me senté en un hermoso sofá, ella antes de sentarse junto a mí, dejo la sala medio en penumbra, lo cual me choco sobre manera. Tras un pequeño intercambio de tonterías típicas de estas situaciones, María se abalanzo sobre mí, comenzándome a besar en la boca como una salvaje. Casi se me cayo la cerveza al suelo, no daba crédito a lo que estaba pasando, pasados uno segundos conseguí recuperarme, uno curtido en mil batallas de estas, decidí pasar también a la acción, le pase el brazo por encima de sus hombros para apretar más su cuerpo contra el mío, no hubo ninguna muestra de rechazo por parte de ella, con la otra mano comencé a acariciar sus piernas, que tan poco me habían llamado la atención cuando la conocí, ella seguía comiéndose mi boca, metiendo su lengua en su interior, lo cual acepte de muy buen grado, tanto que empecé a notar, que mi polla que había estado dormida hasta entonces se estaba despertando, endureciendo poco a poco, y enseguida alcanzaría su tamaño adecuado cercano a los dieciocho centímetros.

Yo me estaba calentado, pero la mojigata parecía que había perdido todas sus vergüenzas, y estaba lanzándose más a tope, sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo por encima de la ropa, me separo ligeramente las piernas para poder introducir entre ellas su mano, y no me hizo esperar mucho, enseguida me apretó los huevos y empezó a palpar mi polla, que estaba ya casi a tope.

Comencé a tocarla con todas mis ganas, posé mi mano sobre uno de sus pechos, se notaba duro, bien puesto, sus tetas, que me habían pasado hasta entonces desapercibidas, me parecieron que eran un manjar muy digno de saborear, la solté, con ciertos nervios, los botones de su blusa, dejando al descubierto un bonito sostén de seda, no perdí tiempo en soltárselo, se lo subí dejando al descubierto sus dos preciosas tetas, Eran bellísimas, unos pezones oscuros, tiesitos les daban un mayor interés.

Estaba tan absorto contemplando, y tocando sus pechos, que no me di cuenta que me había soltado los pantalones y me los había bajado, y su mano acariciaba mis huevos y mi polla, la ayude a que me desnudara completamente, lo cual hizo ella también, tenía muy buen cuerpo, mucho mejor de lo que había pensado.

Yo seguía sentando en el sofá, y ella se dejó caer al suelo entre mis piernas, agarró con sus dos manos mis huevos y polla, empezó a masajearlos con fuerza, metió mis huevos en su boca, la monjita que creía yo, se había transformado en una puta muy guarra, de mis huevos paso a mi polla, puso sus labios en mi glande, y empezó a deslizarlos por toda mi polla, hasta metérsela casi entera en su boca, a la tercera embestida se la metía totalmente en su boca, que parecía no tener fin, jadeaba, gemía cada vez que se la metía, parecía que no había tenido nunca una polla en su boca, por las ganas que ponía, pero viéndola como la mamaba, sin dejar ni un milímetro de comérsela, era imposible.

Puse mis manos sobre su cabeza, para apretarla más contra mi cuerpo, pero no era necesario, ella se encargaba de meterse toda la polla bien adentro, de vez en cuando dejaba de mamarme la polla y se lanzaba sobre mis huevos, no cesaba de gemir y disfrutar de mi polla, y yo estaba en una nube, notando como mi polla entraba en su boca, como cada vez que se la metía apretaba con más fuerza sus labios a mi polla.

Estaba casi a punto, notaba como mi polla iba a estallar, estaba a punto de correrme, un primer chorretón de mi cremosa leche lleno su boca, entonces se la metió más adentro apretando con fuerza sus labios a mi polla, un nuevo chorretón de semen le lleno la boca, no quería que se escapará una sola gota, quería tragarse toda mi leche, pero era tanta que para poder tragársela mejor, abrió un poco la boca y por entre sus labios salieron unas gotas de semen, su cara ahora era toda puro vicio, estaba saboreando de cada gota de leche que se tragaba, y yo disfrutaba más viendo como no paraba de correrme y le llenaba la boca.

Había acabado de echar mis últimas gotas de leche en la boca de María y ella seguía relamiéndose, con la mitad de mi polla, que seguía bien tiesa, metida en su boca, me entraron ganas de mear, pero no quería dejarla a medias, y quedarme yo también con las ganas de que me la siguiera comiendo, no puse ningún interés en contener mi meada, las primeras gotas de orina me comenzaron a salir, entonces la gire ciento ochenta grados, sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en el sofá, y yo encima con mi polla en su boca, comencé a mearme en ella.

No hizo ningún movimiento por evitar que mi meada entrará en su boca, al contrario seguía comiéndose las últimas gotas de leche y empezó a intentar beberse mi meada, lo cual le resulto casi imposible, por lo que mi meada se desbordaba por toda su cara, que ahora me parecía mucho mas viciosa. Cuando acabe me quede totalmente relajado como ella, permanecimos unos minutos, con mi polla dentro de su boca, antes de que nos levantáramos para asearnos un poco.

Aunque no cruzamos ni una palabra mientras nos lavábamos y vestíamos, se que María había gozado como una perra, y yo también, entonces me vino de nuevo su cara de monjita, me parecía mentira la transformación que había sufrido, seguro que mis amigos ya conocían estas transformaciones y por eso habían insistido tanto en que la acompañara. De lo cual me alegro, lástima que en unos días tenga que embarcar me gustaría repetir la experiencia que esta linda zorrita.

ANONIMO

viernes, 22 de noviembre de 2013

Sorpresa para mi Hermanita

Quisiera contarles lo que sucedió en un fin de semana largo. Cuando mi hermana decidió pasar esos días conmigo. Ella es un poco mayor que yo y está casada. Era muy conservadora en su forma de vida y pensamiento. Pero debido a que había pasado mucho tiempo sin vernos, ella decidió venir a mi casa y que pasemos unos días juntas. Llegó el viernes por la noche y quedamos hasta tarde hablando. Pero ya avanzada la hora nos fuimos a la cama a seguir charlando. Allí ella me pregunto acerca de mi vida sentimental, a lo q le respondí que era nula y q solo era sexo. Atónita trató de corregirme, a lo que aproveché para contarle algunas de mis anécdotas. Al comienzo pareció horrorizada, luego algo curiosa, porque me empezó a hacer preguntas. Y al final hasta la note interesada, porque ya sus comentarios no parecían opiniones, eran como sugerencias de gustos.


Así que apagué la luz, encendí la televisión y puse un canal para adultos. Al comienzo miraba como avergonzada, pero luego la noté compenetrada. Yo me dormí, y al rato desperté, pero estaba todo oscuro y ella no estaba en la cama. Me levanté silenciosamente y fui a ver donde estaba. Frente al televisor de la sala, ella miraba otra película porno, mientras se acariciaba por encima de su ropa interior, jejeje. Con el mismo silencio me volví a acostar y me dormí, pensando un plan para el otro día.

A la mañana, preparé un rico desayuno, y nos fuimos de compra. Sorpresa para ella, porque fuimos a ver lencería hot. Pero no para mí, sino para ella. Parecía que se moría de vergüenza pero al final terminó muy entusiasmada, haciendo planes para sorprender a su marido. Aunque ni se imaginaba como ella iba a ser sorprendida.

Volvimos a casa, nos dimos un baño, y nos probamos la ropita.

A la verdad nunca había visto a mi hermana de esa manera. El conjuntó le quedaba tremendo. Las medias blancas terminadas en encaje y sujetadas desde el portaligas también de encaje, resaltaban sus curvas inferiores…

Y por encima un lindo camisolín de tul con combinaciones en encaje a la altura de sus pechos, para que la imaginación busque distinguir entre las transparencias. Y el broche de oro era una muy linda tanguita de tiras con tul, que le resaltaba las caderas y redondez de su cola.

Así que bromeamos un poquito y le propuse que viéramos una porno, pícaramente me asintió y ahí fuimos. Entre comentarios guarros, risas y algunas suaves caricias, en el cálido ambiente, le dije que todavía tenía una gran sorpresa para ella. Me miró a los ojos, sólo dijo, mmmmmmm ¿Qué será? Hasta ahora todo está muy bueno, aunque me da un poquito de miedito…

Solo pasaron unos minutos y sonó el teléfono del portero, a lo que sólo dije: ok. Ella me quedó mirando pero sin entender. Esperé unos segundos, escuché el ruido del la puerta del ascensor y me dirigí a abrir la puerta de mi departamento. Había invitado a mis amigos, Carlos, Luis y Mario. Los invité a pasar a la sala de estar, dónde estaba mi hermana. Aunque el saludo en la puerta, fue bastante meloso, con algunas caricias especiales, ya que les entusiasmo que los esperara vestida de lencería. Pero el espectáculo estuvo en verlos a los tres, sorprenderse y clavarles la mirada a mi hermana, que como muriéndose de vergüenza estaba en el sofá sonrojada y tratando de disimular. Los muchachos, muy gentiles, fueron directamente a saludarla, a lo que ella tuvo que ponerse de pie, y no sólo fueron besos en su mejilla, sino que aprovecharon también para darle algunas suaves, pero atrevidas caricias, y además mirarla, cuanto se podía.

Pero apenas pudo, ella se escabulló y me llevó a la habitación. Y me recriminó… pero la calmé y le pedí que no me hiciera quedar mal con mis amigos, que no estaba obligada a nada de lo que no quisiera, quiso cambiarse la ropa, pero la convencí de que no me dejara a mi sola así. Y volvimos con los muchachos.

Aunque ella buscó sentarse como un poquito apartada, pero eso todavía les dio a los chicos la oportunidad para apreciarla mejor, ya que con esos nervios, justamente, habían provocado que sus pechos quedaran turgentes y entre las transparencias se resaltaran sus pezones. Y queriéndose cubrir la bombachita, dejaba a la vista, sus largas piernas, mostrando sus bien formados muslos.

Serví unos tragos, y aunque mi hermana nunca bebía, esta vez aceptó, como para tomar un poquito de coraje. Puse algo de música suave y la invité a bailar. Y aunque seguía algo enojada y avergonzada, le hablé suave al oído y le pedí que no me arruine la noche. Así que cedió y fue aflojándose, mas cuando le empecé a relatar al oído como los muchachos, mientras bailábamos, le miraban el culo, y ella lo comprobaba ya que me decía lo mismo de mi. Entonces empecé a acariciarla un poco por su espalda y aprovechando para levantarle el camisolín para que se viera un poquito mas de su culo y la tanguita blanca que llevaba. Y parece que ella estaba empezando a disfrutarlo también, porque me empezó a hacer lo mismo y a los chicos esto les estaba gustando cada vez más. Sus bultos empezaron a notarse por encima de sus pantalones y sin ningún reparo, empezaron cada uno a acariciar su miembro. Le susurré a mi hermanita que esto lo estaban haciendo porque se habían calentado con ella, y una risita como de placer, se escapó de ella.

Aproveché que estaba relajada y le dije, que yo iba a bailar con Luis y con Mario, y ella si quería (yo se lo recomendaba) podía hacerlo con Carlos.

Lo miré a Carlos y le hice seña, sin que mi hermana lo note, para que viniera por detrás y la tomara para bailar. Y cuando la tomó por detrás, yo no la solté, así que no pudo escabullirse. Se sobre saltó, y volvió a tensarse otra vez, me pareció que Carlos se había arrimado mucho, como que la estaba apoyando y como su pedazo bastante generoso, comprendo por qué sentí que el ritmo cardíaco y de respiración de mi hermana se había acelerado. Carlos le hablaba al oído, mientras respiraba suavemente desde atrás en su cuello. La elogió por la cola redonda y muy sexy que tenía. Le decía cosas como que si esa cola tenía dueño, él era bendito y que le encantaría, no sólo tener su cola, sino todo su cuerpo.

Los dejé solos, y me fui a bailar con Luis y Mario, me puse en medio de los dos y bailamos mientras nos besábamos y cómo ellos ya estaban acostumbrados, empezaron a franelearme como para ponerme a la temperatura justa.

Mientras podía, espiaba a mi hermana y a Carlos, y vi que ya estaban bailando frente a frente. Que por encima del camisolín, por la cintura de ella, muy sutilmente fueron bajando las manos de Carlos, como direccionadas a la cola, pero bajando primero a sus muslos, y los acariciaba con suavidad con movimientos ascendente y descendentes. Y en cada vez que lo hacía, un poquito mas iba hacia el centro de su cola y por debajo del camisolín. Y aunque ella trataba de poner algún límite, Carlos le hablaba suave al oído, y de a poco fue ganando terreno hasta que vi sus manos apropiarse de todo su culo. Y esto ya marcó la derrota de toda resistencia, porque a partir de ahí, Carlos comenzó a besarle los hombros, siguió por su cuello y cuando mi hermana entregó su boca, y hasta se vio que involucró apasionada su lengua; Carlos entendió que sus manos tenían libertad de transitar. Y sin sacar una de sus manos del culo, con la otra fue directamente a buscar sus tetas, acariciarlas por encima del camisolín y jugar con los pezones, mientras continuaba hábilmente susurrándole guarradas al oído y en un momento, como haciendo caso a un pedido, ella le guio su cabeza hacia abajo, buscando sus pechos, él dejó que le guiara, y subió su otra mano para tomar cada teta con una y por encima del tul, comenzó a besarlas, chuparlas y acariciarlas, pero ella acompañó desatando el nudo de cinta de raso para abrir el camisolín y dejarlo directamente en contacto con su piel. Tenía sus pechos erguidos por la calentura, Carlos los tomó y les comió los pezones con gran entusiasmo y ella me miró mordiéndose los labios, mostrándome que lo estaba disfrutando. Así que dejé de preocuparme y me dediqué a mis muchachos.

Mientras Mario y Luis me desnudaban y chupaban completa, me era inevitable mirar a mi hermana que parecía una verdadera puta y por eso se los relato. Ella me inspiraba y calentaba para coger con los chicos, y ellos lo supieron aprovechar muy bien y después supe, que también los calentaba.

Carlos dejó de lamerle las tetas, subió otra vez a buscar su boca y besarla mientras tomaba una de las manos de mi hermana y se la lleva hasta su bulto, le hizo abrirle la bragueta y sacar su pedazo de carne. Él no dejaba de besarla y ella, ahora, de pajearlo. Fueron unos segundos hasta que ella logró desprenderse de su beso, para observar lo que tenía en su mano, y con sus ojos llenos de asombro, miró a Carlos, sonrió y sólo le salió un ¡WOW! Y con ella siguiéndole con los ojos, él se sentó en el sillón y la guió de la mano para que se arrodillara y se la chupara. Casi no había palabras, se entendían por el deseo. Y deseo era lo que se notaba en cada chupada y lamida que le daba. Se notaba que ella lo disfrutaba y había hecho como suyo ese pedazo de carne. Mientras tanto Carlos terminó de desvestirse y luego terminó de sacarle el camisolín a ella.

Él se puso de pie y la hizo poner de rodillas sobre el sofá y apoyada contra el respaldo. Se tomó unos segundos para apreciarle y acariciarle el culo, le corrió la blanca tanguita, separó un poco mas sus piernas y le arrimó su verga hasta la jugosa entrada de su vagina y se detuvo un momento allí, hasta que ella lo miró como pidiendo que se la metiera.

Como haciéndola desear, o tal vez disfrutándola, se la empezó a meter suavemente y por parte. En ella se dibujó una satisfactoria sonrisa, pero después de la tercera o cuarta bombeada, ella misma fue la que en su movimiento se la metió casi toda y Carlos entendió lo que le estaba pidiendo.

Así que Carlos la tomó de la cintura y le metió suavemente toda la pija, hasta que sus huevos chocaran contra ella. Y con sus ojos cerrados, como buscando el punto de mayor disfrute, se le dejó adentro un instante pero después empezó a meterla y sacarla cada vez con mas intensidad y siempre hasta el fondo. Los gestos de placer de mi hermana, dejaron de serlo para convertirse en gemidos de saciedad. Sus tetas que habían estado turgentes pasaron en su vaivén de cada embestida, de esa turgencia a una tremenda firmeza que adoptaba por la excitación.

Mario y Luis estaban como locos y me clavaban como si fueran dos adolescentes. Y a mí me encantaba.

Carlos estaba super concentrado, pero como buscando un descanso, acostó a mi hermana en el sofá, le abrió las piernas a pleno y se zambulló en su concha, tal como si le estuviera comiendo la boca, le chupaba la concha. Ella, como si se hubiese abstraído del mundo, sólo estaba inmersa en esa relación y mientras la lengua de Carlos la cogía, ella se acariciaba las tetas y las amasaba como queriendo sacarles toda la energía del placer que sentía. Especialmente cuando Carlos le descubrió el ano con su lengua y también se lo lamía, nunca antes se lo habían hecho y le encantaba, aunque no fue lo mismo cuando quiso meterle un dedito, pero Carlos sabía que era cuestión de tiempo con la calentura que tenía ella.

Así fue que mientras la chupaban y cogían con la lengua, ella ya no pudo controlar toda esa energía y tuvo que dejar escapar toda la fuerza de su primer orgasmo. Y cuanto más fuerte era, más énfasis le ponía Carlos a su vagina. Tanto que cuando ella hubo acabado y estaba sin fuerzas, él se metió entre sus piernas y otra vez le metió la pija sin dejarla descansar y ahora él se convirtió el único al mando.

Mientras se la hacía sentir hasta el fondo, él le buscó la boca y se vio como se comían las lengua de manera desaforada, ella lo rodeó con sus piernas por su cadera, cómo asegurándose que la verga no se le salga ni un instante y con sus manos tomaba por detrás su cabeza y lo guiaba para comerle la boca, pero también lo llevaba por su cuello mientras ella gemía y le pedía que siga, incluso lo bajó hasta sus tetas para que se las chupara. Y Carlos aprovechaba esas tiesas tetas lamiéndolas y succionándole los pezones, como si fueran riquísimos caramelos. Ella se arqueaba y lo llevaba de una teta a la otra, mientras se remordía los labios.

Con todo ese espectáculo y dos pijas dentro mío, me sobrevino de manera incontrolable el espasmo de un tremendo orgasmo y que me hacía caer rendida sobre el pecho de Mario.

Luis me la sacó de la cola y se fue a dársela a mi hermana para que se la mamara. Carlos salió de encima de ella y se sentó a su lado en el sillón. Ella no quiso dejar ir su pija y la agarró de inmediato, se levantó y se la empezó a chupar llena de agradecimiento por la cogida que le estaba dando, mientras su cola había quedado a disposición de Luis, que no necesitó una orden para penetrarle la concha desde atrás. Y cuando se la metió se dio cuenta de lo caliente que tenía la vagina, de lo mojada y dilatada que estaba. Por eso se la metía con fuerza y se oía el sonido del golpeteo contra el culo. Y entre tanto, ahora Luis, le fue presentando su dedo mojado en la puerta de su ano, a lo que ella no reaccionó, tal vez porque estaba muy concentrada en la pija de Carlos que se estaba chupando, o en la de Luis que se la estaba cogiendo. Pero los cierto fue que en pocos segundos Luis le estaba metiendo y sacando el dedo en la cola, y cuando lo empezó a hacer con más intensidad mi hermana lo miró por encima de su hombro y él, pensando que le reprendería, le preguntó si quería que siguiera, ella sonrió y sólo dijo: -Me encantaaa!!

Luis volvió a aprovecharse de lo perra que estaba, y como él sabía de otras oportunidades, sacó de debajo de un almohadón en el sofá, el lubricante y empezó a regarle el culo, chorreándole hasta la concha. Y despacio fue abriéndole la cola con los otros dedos.

Cuando estuvo dilatada, le sacó la pija de la concha y le presentó la cabeza en la puerta de la cola y entonces, mi hermana, quiso negarse, pero Carlos le metió la pija en la boca para que la siga chupando y Luis siguió empujando suavemente hasta que llegó a hacer tope con los huevos contra la cola, ahí le bombeó suavemente algunas veces pero después se la cogió con todas las ganas y mi hermana sólo respondió acariciándose la concha y pidiendo, casi súplica, que siga!!!

Ahora con la verga en la cola, ella volvió a tener un orgasmo que la hizo temblar y caer acostada sobre el sofá.

Mientras tanto yo cabalgaba sobre Mario en la alfombra y estábamos casi llegando al clímax cuando me puso en cuatro y desde atrás me estocaba para llegarme a acabar.

Luis, sin sacarle la pija de la cola a mi hermana, se recostó sobre el sofá, con ella encima de él y Carlos, volviendo al ruedo, le sostuvo las piernas y la abrió para volver a penetrarla en la vagina, ella nunca había hecho nada parecido, pero en ese momento estaba descolocada y se iba a dejar hacer lo que quisieran. Por eso, por primera vez se estaba comiendo dos porongas al mismo tiempo y mientras se la metían y sacaban ella los calentaba mas pidiéndoles que se la den más dura y tanto fue, que se los sacó de encima, se giró, metió la verga de Luis en su concha y le pidió a Carlos que le metiera esa enorme pija en el culo. Los muchachos no pudieron aguantarse ante los pedidos de que se la metan más adentro y otros, y estuvieron unos pocos minutos mas adentro de ella, y pronto sacaron sus vergas, la acostaron sobre la alfombra y le dieron un abundante baño de leche, especialmente sobre las tetas y su cara, ella terminó lamiéndoles las vergas para dejarlas limpitas, y con la cara empapada en leche, mientras Mario también me había acabado en la boca, ella vino y me dio un pico, y en voz baja me decía “gracias por la sorpresita”…

Mi hermana se fue a dar un baño, los chicos se vistieron y se fueron, y a la mañana siguiente nos dormimos hasta muy tarde y ella al despertarse me pidió una aspirina, porque le dolía todo el cuerpo…

Ese día su vida cambió… no volvió a ser la misma.

ANONIMO

viernes, 15 de noviembre de 2013

El precio de la Infidelidad

Pedro leía el periódico sentado en la antesala de la oficina del asistente del procurador cuando la secretaria le dijo “Puede pasar” caminó con él hasta la puerta donde lo recibió su amigo y le indicó que se sentara en la salita de su oficina, su amigo se sentó frente a él en un sofá tapizado en piel y le dijo


-Me preocupó mucho tu llamada telefónica así que necesito que con mucha calma me platiques tu problema con lujo de detalles, no te avergüences de decir cómo te la cogías o si lo hacían con la boca o lo que haya sido ya que cualquier cosa me puede indicar hacia donde debemos de ir para resolver éste asunto, así que adelante, te escucho

-Te narraré toda la historia…..Comenzó hace seis meses, fue un día en que yo desayunaba con un cliente en un Sanborns y ella llegó a sentarse en la mesa de al lado quedando prácticamente frente a mí, varios la volteamos a ver ya que era una mujer muy bella, no era ninguna jovencita era una mujer “hecha y derecha” tenía unos grandes ojos claros que resaltaban con su piel trigueña y su cabello negro, muy elegante en su vestir, sus manos de dedos y uñas largas y un cuerpo espectacular, a mí me gusta observar las manos de las mujeres ya que además de demostrarme el cuidado que ponen en su cuerpo siempre busco algún anillo o argolla que dicho sea de paso ella no usaba. Noté que me observaba con gran atención como tratando de escuchar lo que platicaba con mi cliente y cuando bajé mi mirada hacia sus piernas ella las cruzó de forma muy sensual haciendo que su falda se subiera hasta la mitad de sus muslos, en ese momento yo la miré a los ojos y ella sonrió pasando su lengua sobre sus labios. No traté de iniciar algo simplemente nos mirábamos y nos sonreíamos ya que no era el momento dado que mi cliente era lo más importante

Al terminar de arreglar los asuntos con mi cliente me levanté de la mesa y ella me sonrió guiñándome un ojo pero yo caminé directo al baño, cuando salí la encontré de pie a junto a los teléfonos que están en el pasillo que lleva a los sanitarios no pude evitar detener mi paso para observarla, era alta, con un trasero espectacular que resaltaba por lo ajustado de su falda y unas bellas piernas que sabía lucir usando medias de malla y tacones altos, ella me enfrentó para decirme que los teléfonos no servían que tenía que hacer una llamada urgente y me preguntó si llevaba un celular que le pudiera prestar para hacer esa llamada, al notar mi duda me dijo “Te pago la llamada, por favor ¿sí?” en un principio dudé, pero su bello rostro, su voz y lo sensual de su perfume me vencieron, así que sin separar mi vista de sus ojos le di mi celular, ella sonrió y yo entendí lo que me pretendía decir así que me retiré unos pasos de ella para que hiciera su llamada libremente, mi vista se fijó en sus piernas y su trasero ya que había adoptado una postura muy sexy de pie con una pierna delante de la otra como si fuese a dar un paso.

Inclinó sensualmente su cabeza para quitar sus cabellos de su oído para poner el celular, habrán pasado unos cinco segundos o tal vez menos cuando se quitó el celular del oído lo miró para apretar la tecla “end” y volteó hacia mí, yo supuse que no había logrado establecer comunicación y que lo intentaría de nuevo pero dio dos o tres pasos hacia donde yo estaba y me entregó mi celular poniéndolo en mi mano, al dármelo sujetó mi mano con la suya y mientras pasaba su dedo índice sobre mi argolla de matrimonio me dijo “Dejé gravado mi número, llámame y tal vez nos podamos divertir, soy Vianey ¿Y tú?”, quedé desconcertado y solo puede responder “Pedro” ella me sonrió y caminó hacia las escaleras que llevan a la tienda y al restaurante, por unos momentos me quedé admirando su cadera al caminar después subí y entré al restaurante al no verla en su mesa miré hacia la tienda donde tampoco estaba, sin duda ya se había ido así que regresé a mi mesa con mi mano sobre mi nariz aspirando ese dulce y sensual aroma de su perfume, después de unas palabras con mi cliente pedí la cuenta y la mesera me entregó tres notas de esas, comandas creo que les dicen, y antes de que yo le dijera algo ella me dijo “La señora que estaba en esa mesa dijo que usted pagaría su cuenta” yo miré la nota y le dije “Está bien, no hay problema” ella solo había consumido un café.

-¿Tu cliente y tú hablaban de dinero?

-De contratos y… Si, de dinero

-OK, sigue con la historia

Sin duda ahora veo que todo fue muy raro, pero en ese momento y frente a la oportunidad con esa belleza de mujer ¿Quién se pone a analizar las cosas y a predecir lo que puede pasar? Yo solo pensaba en tenerla desnuda en la cama cogérmela y que no se enterara Alejandra, mi deseo cegó completamente mi capacidad de razonar en todo lo que había pasado. Después de acompañar a mi cliente hasta su auto, caminé hacia el mío y antes de subir en el tomé el celular y busqué en las llamadas notando que ella solo había hecho una llamada a otro celular, llamé al número que había quedado como última llamada y al responderme una mujer pregunté “¿Vianey?” Ella rió y respondió “Si Pedro, me buscaste muy pronto creo que también te gusté” yo le dije “Puedes estar segura de eso, además me debes una llamada y un café” a lo que respondió “Cuelga un momento” yo terminé la llamada pensando en que ella estaría conduciendo su auto o algo por el estilo, pero enseguida sonó mi celular, vi que era ella y al responderle me dijo “ Llamada pagada, si tienes tiempo te pago ahora mismo el café”, “¿Dónde estás?” pregunté y ella me respondió “En mi auto, dos filas detrás del tuyo, un Seat color mamey”… ¿Quién compra un auto color mamey por Dios?, así que voltee la cara y la vi sentada al volante del Seat, cuando me acerqué ella se bajó y tomándome del brazo fuimos a tomar ese café que ella insistió en pagar.

Si entendí que ella había utilizado mi celular para marcar al suyo que tal vez lo tenía en modo de vibrador o lo había dejado en su auto, sin embargo lo supuse como una forma muy inteligente de conquistar a un hombre que le había gustado para pasar un “buen rato” y mi ego respondió bloqueando mi razón y mandando las señales que te llevan a pensar con la entrepierna, ya sabes cómo es eso. Pensé que de ahí iríamos a un hotel pero no fue así ya que ese día no pasamos de tomar un café muy a pesar de mis insinuaciones ante las cuales ella solo se reía sin siquiera seguirme el juego así que solo platicamos, me dijo que era divorciada, que tenía 38 años, sin hijos, que vivía sola, que se dedicaba a la venta de bienes raíces y varias cosas más, yo al enterarme de todo eso supuse que una mujer de su edad no buscaría a un hombre 11 años menor que ella para otra cosa que no fuera para coger con él ya sabes lo que se dice sobre el deseo de las mujeres maduras de coger con hombres jóvenes y a veces con adolescentes… Dicen que un hombre joven además de la vitalidad sexual es muy manejable en la cama… y yo lo fui

Claro que le dije que era casado, ya había visto mi argolla, le dije mi edad y que tenía un hijo pequeño, el caso es que charlamos por espacio de hora y media más o menos y cada quien se retiró a lo suyo, edité su número en mi celular como “Lic. Viscayno” así me evitaría posibles problemas si a Ale se le ocurría “buscar” algún número telefónico en mi celular. No recuerdo si fueron dos o tres días después cuando ella me llamó y nos volvimos a ver en el mismo plan de amistad y después fui yo el que la buscó y en ese plan nos vimos dos veces por semana por espacio de dos o tres semanas….

-¿Por qué seguiste si al parecer tu conquista era fallida?,

-No lo sé, realmente no lo sé, había algo en ella que me hacía buscarla aún a sabiendas de que no terminaríamos en la cama, lo que es más ya ni siquiera lo intentaba. Creo que fue a la cuarta semana de conocernos cuando nos citamos en un restaurante, ese día cuando estacionaba mi auto ella ya estaba ahí vistiendo una falda arriba de la rodilla sin llegar a la mitad de sus muslos, se acercó a mi ventanilla y me saludó por primera vez con un beso en los labios, yo al verla sin medias le dije “Que ricas se ven tus piernas sin medias, se me antoja acariciarlas” esa vez ella no se rió sino que me pidió que abriera la puerta del lado del pasajero y al sentarse en el asiento junto a mí me dijo “Aquí estoy si quieres acariciarlas puedes hacerlo” Yo me “lancé a matar” respondiendo “Sería mejor en un lugar más privado”, ella quedó en silencio unos instantes y respondió “No puedo tener relaciones, tu sabes, el “sangrón” de cada mes, pero vamos a donde podamos estar solos” encendí el motor y no paré hasta entrar en un hotel ya dentro del cuarto nos besamos y nos acariciamos por mucho tiempo, ella se desnudó hasta quedar con unas pequeñas bragas, ¡qué cuerpo de mujer!, unos pechos que sin ser ya muy firmes eran hermosos, unas nalgas de ensueño y sin importar que en su vientre se formaran unos pliegues al inclinarse era una delicia.

Yo me quedé en calzones mientras seguíamos con los besos y caricias, disfruté de sus pechos lamiendo, chupando, mamando de ellos todo el placer que pude, ella se quitó las bragas y pude ver su hermoso pubis depilado y me enseñó un pequeño hilo que salía de su vagina diciendo “Tampax, el aliado de la lencería y los bikinis” yo reí y la recosté boca arriba para lamer y frotar con mis dedos su clítoris ahí donde inician sus labios vaginales y después de un rato de escucharla gemir ella se relajó y me dijo que se había venido, después me quitó el calzón y me recosté boca arriba en la cama y lo que siguió fue increíble, sacó de su bolso un lubricante untó con el mi pene y con sus bellas manos comenzó a acariciarlo desde el glande hasta mi pelvis diciendo cosas como “Me encanta, es grande y grueso que ganas de que fuera mi tampax” habrá tardado una media hora acariciando besando, lamiendo y chupando mi pene ya que lo hacía muy lentamente controlando mi eyaculación, era increíble, me tenía al borde de la desesperación pero no quería que terminara, en un momento ella no se detuvo mientras lo acariciaba de arriba abajo con una de sus manos hasta que sintió que se endurecía como un troco en ese momento abrió su boca y antes de meterlo en ella me dijo “Ven corazón dámelo todo”. Qué manera de venirme, sentí que algo corrió desde mi nuca hasta mi pelvis provocándome unas fuertes contracciones que me hacían arrojar mis chorros de semen con gran fuerza, me dejó vacío, completamente seco y en el letargo total.

Cuando lo sacó de su boca no había una sola gota de semen en ella ni en mi pene, que inmenso placer me produjo, recargó su cabeza sobre mi vientre y así permanecimos mucho tiempo en silencio, yo la acariciaba en su cara y sus cabellos y ella besaba la palma de mi mano…¡No me lo digas!, no soy tan pendejo, entiendo que ninguna mujer carga en su bolso un lubricante sexual, cuando salimos del hotel lo pensé y ahora estoy seguro que ese día ella iba precisamente a hacer lo que hicimos sin llegar a más, la falda tan corta, el escote, el beso al saludarme, incluso pienso que no estaba menstruando sino que todo fue parte de su juego y me atrapó estimulando mi ego masculino a más no poder con palabras como “Nunca había visto una verga tan linda como la tuya” y otras cosas

Dos días después ella me habló para decirme “¿Te acuerdas lo que dejaste en mi boca?... Ahora lo quiero sentir donde debe de estar”, me dio una dirección y yo fui de inmediato, lo primero que hice fue preguntarle si se cuidaba a lo que ella respondió “Eso no importa hoy es un día muy seguro, ayer terminé de menstruar” y fuimos a su cama…. Que mujer tan maravillosa, tan ardiente, el olor y la suavidad de su piel, el calor de su lengua, sus músculos firmes y esa pasión que se derramaba por cada uno de sus poros. Su vagina era suave, húmeda, ardiente y su orgasmo entre gemidos y jadeos fue una maravilla, cuando yo estaba al borde del orgasmo ella lo notó y apretó su vagina de una manera increíble al grado de evitar mis movimientos forzándome a permanecer dentro de ella aún después de haberme venido como nunca lo había hecho en mi vida. Permanecimos en la cama mucho tiempo llenándonos de caricias y besos yo me levanté al baño diciendo “Lo debimos hacer en la noche, hubiéramos pasado más tiempo juntos sin tener que irnos a trabajar” ella no estuvo de acuerdo con mis palabras diciendo algo que supuse lógico y muy cierto “No cariño, tu mujer nunca sospechará que a media mañana estás con tu amante ¿Por qué vas a ser mi amante verdad?” “Claro que si preciosa necesito hacerlo miles de veces para disfrutarte toda” Así le respondí emocionado por su propuesta de ser amantes.

Y lo fuimos, yo pasé varias horas de la mañana dos veces por semana en la cama con ella y así duramos tal vez tres o cuatro meses. Nos disfrutamos como locos ya que ella es una maravilla de hembra, sabe cómo manejar a un hombre en la cama y me hacía tener los orgasmos más increíbles que te puedas imaginar, siempre me llevaba a ese punto en que eyacular pasa de ser un deseo a una urgente necesidad haciendo que mis orgasmos fueran muy largos y muy productivos, yo nunca había imaginado que pudiera arrojar tanto semen y mucho menos poder sentir contraerse placenteramente mi pubis y mi vientre en el momento de venirme y aún después de hacerlo sentía ese placer dos o tres veces más ya sin arrojar semen. Te debo decir que desde el primer beso me hacía sentir su enorme deseo de tenerme y sus gemidos, jadeos y gritos mientras me tenía dentro de ella me enloquecían, me decía abiertamente lo que quería que hiciera y cómo debía hacerlo…Tenía razón cuando me decía “Las mujeres no solo somos receptoras y depósitos para los hombres, no solo estamos para que nos gocen sino para hacerlos gozar, solo que son muy desesperados en su búsqueda del orgasmo, entiende que mientras más dure la penetración más placer sentiremos los dos” ¡y vaya que me enseñó a mantenerme muy duro dentro de ella!

Una vez me llamó para vernos y mi sorpresa fue que cuando yo llegaba ella despedía a un fulano con un beso en la boca, un hombre de unos cuarenta y tantos o tal vez cincuenta años…Lógicamente que me vio y esperó a que bajara de mi auto cosa que hice cuando el fulano se alejó. No podía yo discutir ni exigirle una explicación sin embargo me confesó que era “el otro” pero que a este le exigía el uso del condón, me dijo “Solo tú tienes el derecho de llenarme de semen incluso si algún día decidiera tener un hijo sin duda el indicado para fecundarme serías tú” Yo le dije que no quería tener problemas que se olvidara de eso pero ella después de enseñarme un paquete de anticonceptivos riendo me dijo “No te preocupes cariño, si lo decido hacer me embarazo y no te vuelvo a ver en mi vida, lo que menos deseo es tener a otro hombre a mi lado sintiéndose con derechos sobre mí, así que no te preocupes”. Yo le dije que no le creía que fuera el único que se viniera dentro de ella y molesta se bajó los pants deportivos que usaba junto con sus bragas, se sentó sobre la mesa de la cocina y prácticamente me ordenó “Prueba mi sexo y convéncete” su sexo tenía el olor y el sabor al lubricante del condón y no dejé de lamer hasta que terminamos en su recámara cogiendo sobre una cama deshecha por la cogida que se había dado antes con “el otro”… Ese día me comentó sobre sus deudas y para no hacer el cuento largo terminé dándole cinco mil pesos.

Inventé que tenía que ir a ver a unos clientes en Cancún y me fui con ella a pasar 4 increíbles días de sexo y diversión a Cancún. Habíamos sido amantes por cinco meses y ya me había sacado más de 20 mil pesos y en realidad no me importaba ya que el placer que me daba en la cama era formidable y su compañía era muy agradable… Pero todo se complicó terriblemente cuando un día en que regresaba del trabajo a mi casa como a las 8 de la noche al entrar a la cocina la vi sentada con Alejandra tomando una taza de café ¡En mi propia casa carajo!. Quedé mudo del maldito susto pero me calmé cuando Alejandra me dijo “Mira amor te presento a Vianey es mamá de una compañerita de nuestro hijo”… ¡Puta Madre! Lo que creo que pasó es esto, esa pinche vieja había visto la foto de mi hijo en mi cartera donde está usando una playera con el nombre de la escuela al frente, de seguro ella se plantó en la escuela no sé cuántos días tratando de reconocer al niño e identificar a la mamá y sin querer le facilitamos el trabajo ya que Ale uso mi auto una semana, al ir por el niño al kínder esa hija de puta reconoció mi auto y le sacó platica a mi mujer terminando como amigas… ¡Hija de su puta madre, ni hijos tiene la maldita perra!... El caso es que platicamos un rato en la cocina y cuando ella se retiraba dijo que lo hacía ya que su auto se había descompuesto y se iría en un taxi, yo me ofrecí a llevarla diciendo “¿Vive muy lejos señora?, con gusto la llevo a su casa”… Ni decir la enorme discusión que tuvimos en el auto, ella lloró y cuando nos despedimos me suplicó entre lágrimas que nos viéramos al día siguiente.

Así que me presenté en su casa día siguiente dispuesto a terminar con nuestra relación discutimos muy fuerte ella lloró y al final terminamos cogiendo otra vez, después de tener como siempre un sexo maravillosamente placentero y aún desnudos en la cama me platicó que había vendido su auto y que el dinero no le alcanzaba para otro y me dijo “Si me vendes muy pero muy barato tu auto ¿Crees que se entere Alejandra tu esposa? Te juro que nunca iría a verla en tu auto”, su pregunta llevaba la amenaza implícita y terminé regalándole mi Audi, claro que a Alejandra le dije que lo había vendido para comprar un BMW y como ella nunca se ha metido en mi vicio de autos no le dio ninguna importancia … Traté de alejarme de ella pero me fue imposible, la dejé de ver una semana y a mi correo me llegó un mail donde me mandaba una foto de las que ella me pedía que tomara mientras cogíamos y yo cegado por la lujuria lo hacía sin medir consecuencias, el mail decía “¿No se te antoja volver a sentir el calor de mi vagina?”. Yo fui a reclamarle a su casa y a exigirle que eliminara esas fotos pero ella me dijo “Los placeres cuestan corazón” y terminé pagándole 50 mil pesos para que no mandara las fotos al celular de Ale ya que la pobre de mi mujer le había dado su número suponiéndola una amiga.

Pero la gota que derramó el vaso fue ayer que me llamó con urgencia para decirme que estaba embarazada de mí ¿Y te digo como me lo dijo?... De la manera más cínica que te puedas imaginar, me dijo “Estoy esperando un hijo tuyo, así que necesito dos millones de pesos para ir a abortar y así evitarás que Alejandra no se entere de que tienes otro hijo”…Por eso te vine a ver ya que tienes el poder para hacer que esto termine de una buena vez yo la quiero demandar por extorsión, por amenazas, ¡por hija de puta!, la quiero ver tras las rejas para que se le quite lo cabrona… Yo no puedo sacar del banco esa cantidad sin que Alejandra lo note, ella siempre revisa los estados de cuenta y no son mil pesos. ¿Qué puedo hacer?

-Mira, he visto muchos casos de éstos, sin duda hay muchas mujeres que viven de los “calientes vergas sueltas” como tú, putas finas si así las quieres llamar y tú fuiste una presa más, sin duda el fulano con quien la viste besándose es su pareja, cómplice, padrote o lo que gustes, inclusive su marido…Se tomó mucho tiempo contigo seguramente para situar con certeza a tu hijo ya que si no pagas el siguiente paso son las amenazas sobre lo que le pasará a tu hijo o a tu esposa… Según lo que me dices te hizo gozar como nadie lo ha hecho y ahora te hace entender que del tamaño del placer siempre será la estafa… No creo que esté embarazada ya que no es su estilo, por ese lado puedes estar tranquilo, por lo demás creo que hay dos caminos que podemos seguir.

Presentas la demanda y empiezo de inmediato la averiguación para solicitar la orden de aprehensión pero ten la seguridad de que Ale se entera de todo y te pide el divorcio… Si cedes a la extorsión Ale también te pide el divorcio al enterarse y si no se entera lo hará cuando esta puta de mierda te deje en la calle ya que seguirás pagando y cogiendo con ella hasta tu último centavo ya que al parecer y como dicen en mi pueblo refiriéndose a aquellos que no se pueden resistir a una mujer “Le chupaste la panocha a la bruja”… Alejandra se va a enterar tarde o temprano que no te quepa la menor duda, o sea que por la vía legal o cediendo de igual forma perderás a tu mujer y a tu hijo.

-¿Y el otro camino?

-Iré a verla acompañado de la gente adecuada que la hará cambiar de opinión pero te va a costar ya que los mandos policiacos cobran por “Horas de trabajo extraordinario”

-¿No la van a matar o sí?

-¡No!…De seguro entrará en razón al saber que tienes relación con el círculo del poder político y con ellos saben que estas cosas no funcionan… Así que decide que hacemos

-¿Cuánto me costarían esas “horas extras” de trabajo?

-Nada barato, tal vez unos 500 mil y no es para mí

-Eso lo sé… Adelante, yo ya no puedo más, mal duermo, mal como y hace tiempo que no toco a Ale ya que por los nervios no… ¡No se me para carajo!

- Que te sirva de experiencia cabrón, dame su dirección, mañana le haré una cordial visita “Invitándola a recapacitar”

-Que caro me salió cogerme a esa pinche vieja, me hubiera cobrado menos una modelo del playboy, ni pedo así son las cosas… No la vayan a matar cabrón

-¿Te la quieres seguir cogiendo?

-¡Ni loco!... Primero me corto la verga que volverme a meter con ella, pero sé que a veces se les pasa la mano cuando los “Invitan a recapacitar”

Al día siguiente en la mañana Pedro recibió una llamada de su amigo quien rápidamente y en tono cortante le dijo

-Todo está arreglado y no te puedo decir más, ya no te preocupes por nada, ésta vez la libraste espero que no haya una próxima que te deje sin mujer y sin hijo, eres un irresponsable verga suelta

Por la noche mientras veían la TV metido en la cama Alejandra al ver una noticia le dijo sorprendida

-¡Mira amor!... Esa mujer a la que detuvieron, a la que buscaban en Centroamérica por matar a su amante, ¿No es Vianey?

-¡¿Por qué la detuvieron?!

-Por matar a su amante

-¡A carajo!, Parece que sí… Que amigas te consigues Ale

-Pobre de la esposa del que mató, ha de ser horrible que te lleguen avisar que encontraron a tu esposo muerto en la casa de su amante, ¿Cómo se lo explicas a tus hijos?

-Si caray, ha de estar muy cabrón. Pero pocos entienden lo alto que puede ser el precio de la infidelidad.

ANONIMO

sábado, 9 de noviembre de 2013

El órgano sexual por Lulù Petite

Dicen que el órgano sexual más importante es el cerebro. Yo creo que quienes lo afirman, saben de qué hablan.


Quien piense que el sexo se limita nuestros genitales, tiene una visión muy limitada del paisaje. Es como pensar que Disneylandia es sólo Mickey Mouse. Todo nuestro cuerpo es parte del sexo.

Para empezar, la piel es el órgano más grande de la anatomía humana. Cubre prácticamente todo y en cada segmento tiene terminales nerviosas que nos provocan sensaciones distintas. Una lengua en los pezones o un apretón en las tetas, no es lo mismo que una caricia en los muslos o un roce suave entre las nalgas. Tenemos también labios, ojos, olfato y oídos para hacer de la experiencia sexual un perfecto coctel de sentidos, en el que todos participan y ninguno lleva mano.

Lo cierto, es que a pesar de eso, lo que más estimula el acto sexual lo tenemos en el cráneo. Para bien o para mal, en el cerebro se fabrica el deseo. Cuando empiezas a pensar en sexo, tu cerebro manda al cuerpo las instrucciones para producir las sustancias y provocar las reacciones que hacen tu vida más placentera.

Te propongo, por ejemplo, que respires profundamente.

Ahora mira la foto en el periódico que ilustra esta colaboración ¿Qué te gusta? Soy yo, la misma que ahora escribe estas líneas para ti. Ahora imagina que no todo va a terminar con mirar la foto. Supón que hoy decidiste llamarme. Te instalaste en un motel y, con el periódico en mano, estás esperando a que yo llegue.

Te gustan mis pechos. En la imagen se ven redondos y firmes ¿No te parece? Tú quieres comprobar si así son, cómo se sentirá tocarlos. Al centro, con un tono de piel un poco más oscura, te llaman la atención mis pezones. Se ven duros y redondos. Invitan a que los pruebes, a que pongas en ellos tus labios ¿A qué crees que sepan? Serán salados, como es la piel habitualmente o tendrán un ligero sabor a vainilla por el toque de perfume que me pongo después del baño. Probablemente no te importe, pero ves estos pezones y quieres tocarlos, para eso están aquí, pagas para que te los preste y puedas jugar con ellos, acariciarlos, lamerlos, saborearlos. Te pertenecen por un rato. Ven bebe de ellos.

¿Te gustan los besos? ¿Ya pensaste cómo me besarías? No dejes de imaginar que eres tú quién está conmigo. Probablemente lo hagas despacio. Primero apretando tus labios contra los míos, probando la carne de mi labio inferior, sintiendo mi piel estremecerse y mi boca acostumbrarse a la tuya. ¿Te imaginas nuestras lenguas saboreándose? Tus manos ¿dónde estarían? ¿En mi espalda?, ¿en mi cintura?, ¿en mis nalgas? Supongo que eres de esos que no pueden dar un beso en los labios sin dar también un discreto apretón de glúteo, ¡va! ¡Me gusta!

Supongo que ya te has formado una imagen de mi rostro. No lo conoces, pero lo imaginas ¿Sabes cuándo me veo muy linda? Cuando me la están metiendo. Dicen que entrecierro los ojitos, mi boca se abre un poco, mis mejillas se sonrojan y suelto un gemidito suave, que certifica que has entrado, que te siento. Me encanta sentir el miembro de un hombre abrirse paso entre mis piernas, clavarse, clavarme.

Tú allí estás, con tu sexo firme y tu cuerpo moviéndose. Mirando el mío, acariciándome, escuchándome gemir, rogarte que no pares. Sabes que me tienes, que soy tuya, que te pertenezco. Has pagado por ello y yo estoy haciendo valer cada centavo que has invertido. Me la metes hasta el fondo. Yo me agarro de tus brazos y, viendo que estás por terminar, me pego a ti, endurezco mi pelvis, siento cómo revientas y, yo también, encantada, tengo un espléndido orgasmo.

¿Qué tal? ¿Lo imaginaste todo? ¿Verdad que tienes ganas de coger conmigo? ¿A poco no te dieron ganas de llamarme y hacerme cada cosa que imaginaste? O si no es conmigo, con quien sea, pero ¿verdad que te dieron ganas? ¿Qué tienes que sacarte aunque sea a jalones los malos pensamientos que acabo de sugerirte? Así es el cerebro, el órgano sexual más potente de todos.

¿Por qué lo digo ahora? Muy sencillo. El cerebro es traicionero. Quiero mucho a Mat, pero como amigo. Mi cerebro, desde que empezamos a hacer más cercana nuestra amistad, le fue restando puntos como pareja sexual. Lo hacíamos, porque era mi cliente, pero francamente no lo disfrutaba. Algo en mi cabeza me decía que estaba mal, que los amigos no se cogen.

El caso es que, llegado el día, hablé con él y muy a su pesar decidí que no nos acostaríamos más. Al principio él quedó dolido, pero se recuperó y nuestra amistad siguió de maravilla. Es más, la sentí mejor.

De pronto, Mat, sin dejar de ser cariñoso conmigo, cambió. Dejó de tratar de conquistarme, de buscar mis ojos, de verme como si quisiera comerme. Me gustó. No sé, algo en él comenzó a hacerlo a mis ojos, más interesante. Hace unos días, por ejemplo, platicando con él de sexo, me puse cachonda. Ya lo he dicho, el primer paso para que puedas entrar a la cama de una mujer es que ella te imagine allí. No sé, pensé que tal vez me gustaría recibirlo, pero ya no como cliente.

Pinche cerebro. Es el órgano sexual más poderoso, pero es bien traicionero. Me cae.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Hot line por Lulù Petite

Lo primero que hice al llegar a casa fue quitarme los zapatos, el día había sido largo y pesado, me tumbé en la cama y respiré profundo. Para empezar, doña M. Alicia, la maestra con tendencias psicópatas que tiene por chamba hacernos la vida de cuadritos, nos puso la millonésima cajeteada del año y nos dejó tarea como para refundirnos en la computadora todo el fin de semana.


Para acabarla de amolar, me tocaron dos servicios difíciles. Hay quienes me han dicho que en mis relatos hago ver como si acostarse con desconocidos fuera todo miel sobre hojuelas y una vida maravillosa, quien así lo piensa nunca ha tenido que hacerle el amor a un hombre cuyo cuerpo huele a establo y su boca a cenicero. La verdad es que, si escribo dos veces por semana, trato de escoger las dos anécdotas más agradables y compartirlas aquí, pero eso no significa que no haya veces que quisiera dedicarme a trabajos más agradables y seguros, como bucear en el drenaje profundo o reparar cables de alta tensión.

Por si fuera poco, de regreso hubo que lidiar con un tráfico interminable. Por eso llegué a mi casa hasta el gorro y sin ánimo de otra cosa que de tirarme en mi cama. Como el calor estaba fuerte, me desabotoné la blusa y, casi sin darme cuenta, comencé a frotarme un pezón hasta que se endureció. Sentí entonces la tentación brincarme entre las piernas, desabroché mis jeans y puse mis dedos índice y cordial sobre mi lencería, cuando sonó el teléfono.

-¿Bueno?- Pregunté secamente
-Hola ¿Lulú?, ¿Cómo estás mija? Soy Rafa…

Rafael es un exnovio, fue de esos romances tórridos y peregrinos que todos debemos tener en la vida. Terminamos como amigos cuando se fue a chambear a Estados Unidos, a veces me habla y siempre que viene, hace el intento de volver a ponchar conmigo.

-H… hola Rafa ¿Cómo estás? ¿Qué milagro?
-Bien mija, oye, pues es que ando en México y tengo muchas ganas de verte ¿Cómo ves? ¿Te late?
-No baby, hoy no, me agarraste muy cansada, si vas a estar aquí más tiempo, invítame a comer otro día- Igual si de verdad me hubiera buscado porque tenía ganas de saludarme, sacaba ánimo, pero ese muchacho lo que estaba buscando era meterse en mi cama.
-Bueno, pero cuéntame cómo te ha ido ¿Sigues igual de buena?- Respondió tratando de recuperarse de la negativa.
-¡Ay cálmate!
-La verdad no peca mi’ja, si algo me pesa de haberme ido, es perderme las delicias de tu cuerpecito.
-Caramba Rafa, ya vas a empezar con tus cosas…
-Recuerdo- respondió con su voz pícara -cómo me desnudabas, te arqueabas sobre mi cuerpo y metías mi sexo a tu boca. Recargabas tus manos en mi estómago y en mis muslos y devorabas mi erección, tu cabello caía sobre tu cara y yo lo retiraba para verte hacérmelo y más me excitaba.

Me quedé muda mientras lo escuchaba hablar, después de todo, me había encontrado en mi cama, con la blusa desabrochada y a punto de empezar a consentirme, los recuerdos comenzaron a brincar en mi cabeza, sus manos, su miembro grande y firme, mis labios saboreándolo. No dije nada, pero humedecí mis dedos y los metí bajo mi tanga.

-¿Te acuerdas?- Prosiguió él -¿Cómo te gustaba cuándo lo hacíamos en tu cama, de cucharita, conmigo detrás tuyo, acariciando tus senos con una mano, penetrándote desde atrás y estimulando tu clítoris con la otra. Cómo te levantaba en cada embestida y tú te estremecías y pedías que no parara…

Intenté disimular, pero mi respiración al teléfono comenzaba a hacer evidente el trabajo que estaban haciendo mis deditos.

-Estoy seguro de que te acuerdas de la vez que lo hicimos en el baño de la casa de mis papás, que me mordías el dedo índice para no gritar, con tus manitas recargadas en el azulejo y tus piernas temblorosas cada que recibían una acometida, o la vez que fuimos a Guadalajara y nos encerramos en aquel hotel y ponchamos viendo el atardecer.

Yo seguía sin decir nada y él, divertido y siguiendo el juego, no dejaba de recordar las historias que vivimos juntos, los detalles más precisos, las formas y lugares donde hicimos el amor. Mis dedos, entre las piernas, jugaban al ritmo de sus relatos y de mis recuerdos. El deseo se me acumulaba en el pecho, me erizaba los brazos, cortaba mi respiración, perlaba mi frente, contraía mis pupilas.
Cuando me recordó la noche que en Cancún hicimos el amor tres veces, simplemente no pude contener más mis instintos y una avalancha recorrió mi cuerpo obligándome a ahogar un grito…

-¿Entonces qué mija? ¿Nos vemos?- Dijo orgulloso de su hazaña.
-¡Ay corazón! Si hace ratito estaba cansada, ahorita ya me dejaste cansada y relajada, así que con más ganas me voy a dormir. Pero pon tu anuncio en el periódico, quien quita y un día de estos, que necesite otra hot line, te echo un grito.

domingo, 27 de octubre de 2013

Receta para un buen beso por Lulù Petite

Comencé con Axel el curso aquel de sexo, diez por ciento, teoría; noventa por ciento, práctica. Vamos bien, al menos de la primera sesión, además de acabar exhaustos y satisfechos, sacamos buenos resultados. También me permitió escribir, como la tía Chonita, una humilde receta para un buen beso que, ya que no a todos puedo darles el curso presencial, espero sea de utilidad.


Ingredientes:
Dos pares de labios
Dos lenguas
Cuatro hileras de dientes previamente lavados
Dos cuerpos calientes
Tres cucharadas de hormonas y
Seis tazas de imaginación

Instrucciones:
Busca a una persona que quiera ser besada. Puedes encontrarla en cualquier lado. Respetando los parámetros que la ley establece, no importa la edad, sexo, raza, religión, preferencia sexual, condición social, idioma, nacionalidad, filiación política o que le vaya al América. Con que te guste y le gustes es más que suficiente.

Tómala de la mano. Puedes tomarle una o las dos al mismo tiempo. Después de la vista, el tacto es nuestra principal herramienta para conocer el mundo.

Mírala a los ojos. No te voy a salir con la cursilería de que son los espejos del alma, ni de todas las cosas que puede inspirar una mirada. No, ver a los ojos a quien vas a besar es un acto de cortesía. Un beso es de esos pocos sucesos en que al mismo tiempo das y recibes. Generalmente, cuando los labios se encuentran, es necesario cerrar los ojos para concentrar todos tus sentidos en el acto besatorio (y para evitar que lo que veas parezca un cuadro de Picasso). Por eso justo antes de besar, debes poner una mirada en los ojos de quien te va a permitir compartir su intimidad.

Ahora sí, conforme acercas tus labios a los suyos, cierra los ojos. No lo hagas antes si quieres evitar un posible coscorrón o terminar besando la punta su nariz. Recuerda: Un beso debe saber a beso, nada más. Cuando mucho puede tener un toque mentolado o fresco, pero jamás intentes darlo beso si te apesta el buche. Un beso está condenado al fracaso si viene con la marca de los tacos del paisa. Si te desayunaste dos de tripa con todo, no le hagas a nadie la majadería de querer darle un besito mordelón. Pasta, cepillo y enjuague bucal deben estar en la primera página de cualquier manual de civilidad y buenos modales, si de plano no hay, al menos ten siempre un chicle o una pastilla a la mano.

Es primordial una buena postura. La cercanía que te permita tener todo a mano, que las cabezas embonen, que los cuerpos se acoplen, que las hormonas fluyan. Busca siempre una posición en la que uno quede ligeramente más alto que el otro, así los labios se ajustan con más facilidad.

Respira por la nariz. Un beso no es un ejercicio de resucitación con respiración de boca a boca. Nadie tiene que ponerse morado. Relájate. Sigue el paso de tu pareja. Como al bailar, un beso es un acto de comunicación, ritmo y sincronización, en el que alguien lleva y otro se deja llevar.

Hazlo siempre de menos a más. A nadie le gusta un beso con los labios apretados, pero nada puede ser más desastroso que un beso invasivo, de esos que de inmediato parecen querer sacarte las amígdalas con la lengua. Un buen beso comienza con movimientos suaves y poco a poco va cobrando cadencia hasta volverse pasional. Empezar por lo apasionado sólo es válido en casos de emergencia, cuando los dos están tan calientes que no hay tiempo para modales.

Supongamos que tienes cerrados los ojos ¿sabes que es lo más importante de tenerlos así? Hace que el beso deje de tratarse sólo de dos bocas encontrándose y se convierta en la más tierna forma de comunicación entre dos seres humanos. Al cerrar los ojos estás besando con todo tu cuerpo. La proximidad de los labios lo hace posible todo. Los cuerpos se acercan, se rozan, se frotan, las manos son versátiles y pueden ser el mejor de los complementos, nunca las dejes quietas.

Un beso sabe distinto cuando una mano te está acariciando detrás de la oreja, cuando te toma de la cintura o te da un pícaro apretón de nalga.

La lengua es en el beso, como la actriz estelar en una obra de teatro. Si ella lo hace mal, no importa que lo demás haya estado de maravilla, todo se arruina. Debes ser muy cuidadoso con ella. Primero, ten en cuenta que un beso con baba es como ponerte a lamer nopales. No es lindo, no es sexy ni divertido. Utiliza tu lengua con reserva y conforme vayas viendo sus reacciones, modera las tuyas. Insisto, un buen beso es como un buen baile, no necesitas que te lo digan, sabes cuándo lo estás haciendo bien.

Un beso, insisto, es la más tierna forma de comunicación. Es simple, barato, quema calorías, elimina estrés, estimula el sistema inmunológico, incentiva la imaginación, aviva el romanticismo, ayuda a disfrutar la vida, está libre de colesterol, no tiene fecha de caducidad y es bueno para el corazón.

Por eso besa todo lo que puedas, recuerda que el beso como el pan, hay que llevarlo a la boca… Ultimadamente, ¿A quién le dan pan que llore? Y, lo más importante: cada beso dalo como si fuera el primero y disfrútalo como si fuera el último.

viernes, 18 de octubre de 2013

De una manera distinta por Lulù Petite

Hoy recibí el correo de una chavita que quiere iniciarse en esto. Me pedía recomendaciones sobre cómo empezar, qué hacer, a dónde ir. La única recomendación sincera que pude darle fue que no lo hiciera, que buscara otras opciones. Eso respondí.


Hoy también me encontré a Bárbara. La conocí en tiempos del hada. Una chavita delgada, alta, de piel blanca, cabello castaño y ojos color miel. En general era una mujer bonita sin llegar a espectacular, pero le apenaba mostrar su vientre, pues un par de pésimas cesáreas le habían dejado el abdomen como crucigrama.

En esa época tendría unos veinte años y, aunque no llamaba mucho la atención, se defendía porque tenía muy buen humor, sabía granjearse a los clientes y se llevaba muy bien con las demás chavas. Cuando había poco trabajo, nos quedábamos horas sentadas esperando clientes y contándonos nuestras vidas. Es curioso, pero cuando no hay clientes, la sala de estar de un congal suele ser una especie de terapia de grupo. Algo hay en el ambiente, tal vez tedio, que a la mayoría les suelta la lengua y las lleva a compartir con las demás su increíble y triste historia.

Bárbara tenía dos hijos, era una buena persona, alegre y sentimental, cuyos problemas no eran sino la consecuencia de tener que hacerse cargo de sí misma y de sus hijos desde muy niña.

Quedó embarazada por primera vez a los quince. Su familia, con siete hermanos y una madre soltera no tenía tiempo ni ánimo para apoyar a una jovencita que se comió la torta antes del recreo. Con la secundaria a medias, una mano atrás y otra adelante y la panza creciendo, no le quedó más que irse a vivir con sus suegros. Los papás de otro chamaco, también de quince, que soñaba con ser delantero del América mientras, entre juego y juego, le daba bajín al expendio de cervezas que tenía su mamá. Aquí es donde la señorita Laura, tendría que llamar al garañón al set: ¡Qué pase el desgraciado!

Ya con el primogénito en brazos, la vida de Bárbara pasó de Guatemala a Guatepeor. El maridito, además de pedo le salió golpeador y en la casa de los suegros, la trataban de chacha pa’bajo. A cambio de cama, comida y madrizas, la familia del pambolerito tenía criada gratis.

Una noche, cuando el astro futbolero quiso pegarle a su chavito de apenas un año, Bárbara entró en razón, metió en una bolsa los pocos trapos que tenía y escapó de aquella locura y ¡Qué pase el siguiente desgraciado!

El papá de su segundo hijo la puso a trabajar en un table. Desde que la conoció, vio en ella una mujer joven, bonita y pen… inocente, en otras palabras: manejable, a cuyas costillas podía vivir cómodamente. Naturalmente, fue otra película de terror. Los golpes con él eran profesionales y las jodas ya no eran haciendo las camas de los suegros, sino metiéndose en las de desconocidos. En esa época agarró un particular gusto por el chupe.

Cuando dejó al marido se fue a trabajar con el hada. Según ella, nunca volvería a caer en los brazos de un zoquete que le viera la cara. Según ella ya estaba curtida, curada de espanto, inmunizada. Dejé de verla cuando colgó las tangas para dar a luz a su tercer retoño, que concibió con un mesero de quien se enamoró desde que trabajaba en el table y con quien tenía un romance del que no nos contaba a nadie.

Durante el tiempo que estuvo embarazada, yo dejé de trabajar con el hada, comencé a anunciarme en internet y le perdí la pista a Bárbara, hasta hoy, que me encontré con ella en un centro comercial.

Al principio no la reconocí, fue ella quien se acercó a mí y me saludó. Era otra mujer. Le habían hecho la abdominoplastía para dejarle el vientre planito, se había puesto silicón en las boobies y lucia un escote 38B, se había puesto pompis, tenía los músculos de piernas y brazos bien definidos y el cabello precioso, largo y rubio platinado. Parecía una Barbie de carne y hueso.

Nos tomamos un rato para ponernos al día. Según me dijo, el mesero resultó tan bolsón como los dos anteriores, pero al menos no acostumbraba pegarle. En cuanto ella volvió a trabajar, él dejó de hacerlo. Vivían bien de lo que ella ganaba. Poco a poco se fue haciendo operaciones. Él se encargaba de los niños y aparentemente, llevaban una vida en paz. Igual seguiría con él, a no ser por el día en que encontró a su maridito en la cama cogiendo con otro cabrón. Recogió su dignidad del piso y mandó a su tercer strike a la fregada. Ahora trabaja en un table y ha pasado del alcohol a las drogas. Una trampa de la que es difícil escaparse.

Estuvimos platicando cerca de dos horas. Antes de despedirnos, me tomó la mano con mucho cariño, de ese que es mitad nostalgia, y me dijo mirándome a los ojos que daría todo por haber hecho las cosas de una manera distinta.

La neta, cuando alguien me escribe pidiendo ayuda o consejo para iniciarse en este negocio, mi respuesta siempre es negativa. No me niego por egoísmo, sino porque no es un peso que quiera llevar en la conciencia. No espero que todas me hagan caso cuando recomiendo no hacerlo. Quien ya lo tiene decidido, aunque le ruegues, pero con una que lo reconsidere, siento que algo bueno hice en el día.

Este trabajo parece fácil y tiene su lado divertido, pero no todo es miel sobre hojuelas, la prostitución deja cicatrices hondas, se ejerce sobre arenas movedizas y siempre hay un momento en que darías todo por haber hecho las cosas de una manera distinta.

martes, 8 de octubre de 2013

Tómala barbón por Lulù Petite

El jueves fui a cenar con unos amigos del Profe. Estaban celebrando el cumpleaños de un señor ya grande que, según me dijo, hace muchos años tenía un puesto importantísimo en no sé dónde. Un hombre amable, casi dulce y con unas anécdotas encantadoras.

Salimos como a la una de la madrugada. Los amigos del profe se portaron a todo dar, había poca gente de mi edad y, tal vez, desentonaba acompañando a un señor mucho mayor que yo. A él no le incomodaba. Al contrario, cuando me presentaba, prácticamente presumía que yo había sido su alumna, pero que no habíamos comenzado a salir sino hasta que dejé de serlo. No sé si me quería lucir como un trofeo de su mediana edad o simplemente le parecía correcto dar explicaciones. De cualquier modo, me la pasé bien y creo que él también.


El viernes, muy temprano, me despertó con un beso. Él estaba desnudo y recién bañado, pero se metió de nuevo bajo las cobijas para hacerme el amor. Se puso encima de mí, sin dejar caer su cuerpo y, mientras me robaba un beso, metió la mano por debajo de la camisa que me prestó para dormir. Acarició mi vientre, apretó mis senos, rodeó con sus dedos el contorno de mis pezones que lo recibían ya endurecidos. Ese hombre puede hacer que me caliente de volada. Me quitó el calzón con brusquedad, lo aventó al piso y me penetró. Yo me colgué de su nuca y, entre besos y embestidas, me dejé poseer ¡Me encantó!

-Sería bueno que tuvieras aquí pijama y ropa- me dijo mientras se hacía el nudo de la corbata frente al espejo de su habitación. No respondí, pero ciertamente, sería bueno. Desayunamos en la cocina unos huevos a la mexicana que preparó Doña Anita, la señora que le ayuda a hacer la limpieza. Creo que le caigo bien.

Después del desayuno me llevó a mi depa y se fue a trabajar. Me di un baño rápido, me puse unos pants y fui al gimnasio. Me recibió mi instructor con cara de reproche. En las últimas dos semanas he faltado varias veces. Igual hice mi rutina como no dándome por enterada.

El teléfono de trabajo lo dejé en casa desde que me fui a la cena del jueves. Es mejor así, estando con el profe no puedo contestar llamadas laborales. Sería increíblemente incómodo tener que esconderme para explicarle a mi adorable clientela cómo cojo y cuánto cobro.

Cuando llegué a mi casa, pasado el medio día, tenía casi ciento cincuenta llamadas perdidas. Iba a revisar, cuando entró una más. Era un cubano. Su forma de hablar casi musical se identifica de inmediato. Quería contratarme por dos horas y preguntaba si podría ser en ese momento. Me acababa de bañar y venía arregladita como para ponerme a trabajar en cuanto algo saliera, así que le dije que sí, retoqué peinado y maquillaje, me puse un vestidito coquetón y, en cuanto recibí la llamada de confirmación con el número de habitación, salí rumbo al motel.

El cubano era, como la mayoría los isleños, un hombre alegre. Guapo, alto, fuerte y con la piel más oscura que una noche sin luna. Un negrote tipo actor porno que nomás al verlo, provocaba al mismo tiempo turbación y deseo. Tenía, también como la mayoría de los cubanos, una potencia sexual envidiable.

Apenas entré, me recibió con la lujuria propia de quien ha guardado un largo ayuno. Apenas me pagó, de inmediato se sacó la ropa y comenzó a ayudarme a quitar la mía. Desnudos ambos, puso sus grandes manos en mi cintura, me levantó y me llevó a la cama.

Hace varios años dejó Cuba sin otra cosa que ganas de salir adelante. Hoy tiene casa en México y en Estados Unidos, le ha ido bien. Tiene esposa e hijos, pero a veces se le calienta la sangre y busca chicas con quienes sacarse los malos pensamientos. Coge riquísimo, con la energía de la música cubana y la bravura del mar abierto. Tenía además entre las piernas un tremendo garrote que apenas me entraba.

Estuvimos en la cama unos sesenta minutos entre sexo y conversación. Él pagó dos horas, así que en determinado momento era tiempo de volver a encender el romance.

Antes de comenzar de nuevo, pasé al baño, vi entonces que en mi teléfono privado parpadeaba la notificación de un mensaje de texto. Por pura curiosidad lo leí ¡Tómala barbón! Era Mat. Olvidé por completo que había quedado de desayunar con él ese viernes y lo dejé más plantado que una palmera de Reforma. Me dio mucha pena y quise hablarle de inmediato, pero estaba a mitad de una chamba y debía regresar con el cubano. Guardé el teléfono y me volví a recostar con aquel hombre enorme y hermoso. Me lo cogí pensando cómo explicarle a mi amigo por qué lo había dejado esperando.

sábado, 28 de septiembre de 2013

El hombre nuevo por Lulù Petite

Conocí a un hombre nuevo. No lo conocí hoy, sino hace más de un año. Después de hacerme el amor, me contó su historia. Esa mañana, como todas, salió en bata y pantuflas a sacar la basura de su casa. Como se le había hecho un poco tarde y el camión había pasado ya frente a su puerta, corrió para alcanzarlo. En la carrera, una pantufla salió volando y el buen hombre dio el resbalón. Su cuerpo golpeó contra el piso y escuchó, a un par de metros, un bip-bip, que anunciaba al enorme camión avanzando en reversa hacia su cuerpo tendido.


Afortunadamente, el grito oportuno de uno de los que vacían los botes en el camión, permitió que el asunto pasara de tragedia a anécdota e hizo que el chofer se detuviera a unos centímetros de dejar al hombre despanchurrado a media calle. Se puso de pie con apenas un raspón en la rodilla. Cuando levantó la vista, varios vecinos estaban de curiosos felicitándolo por haber salvado el pellejo.

Él acomodó su pijama, se sacudió el polvo, cerró su bata, recogió la pantufla que había perdido y se metió a su casa agradeciendo a los vecinos y salvando su dignidad, casi pisoteada (literalmente) por toneladas de basura.

Según me dijo, sentirse tan cerquita de chupar faros, le hizo replantearse de sopetón sus prioridades. A sus sesenta y cuatro años ha hecho muchas cosas, pero se ha quedado con ganas de muchas otras. Su pensión es buena y su vida, razonablemente estable. Es viudo y sus hijos viven sin problemas. No tiene ganas de hacer viajes, de comprarse un deportivo convertible ni de tener una casa en la playa, como muchos de su generación, pero sí de tener una aventura lo más cachonda posible con una mujer joven y bonita, que tuviera la piel firme, el vientre tenso, los senos macizos, las formas redondas y tiernas como la piel de un durazno. Que oliera a nueva, a perfume caro, que sus labios tuvieran todavía la sal y el azúcar de la primavera, pero la experiencia del sexo vivo, de la sangre ardiente, del deseo.

Desde luego, frente a la revelación incuestionable del milagro con el camión de la basura, aquel hombre no iba a andar escatimando para atender sus pendientes. Ya alguna vez había leído mis colaboraciones en El Gráfico y como tratándose de segundas oportunidades, no se pone uno a pensar en que amores de sesenta y veinte se dan así nomás buscando romance, decidió ahorrarse esfuerzos e ir a lo seguro. Le dio un pellizco a su cuenta bancaria y me llamó.

Cogimos riquísimo. De esas veces que el cliente viene tan motivado que todo sale de maravilla. Me recostó boca abajo, completamente desnuda y despacito, fue recorriendo con besos y dedos, cada rinconcito de mi cuerpo. Me besó detrás de la oreja, la nuca, el cuello, los hombros, recorrió mi espalda con besos suaves y pacientes hasta llegar a los huequitos que se me hacen entre la cintura y la cadera. Acarició entonces mi trasero y lo cubrió también de besos, separó un poco mis muslos y besó su parte interna, se siguió hacia las corvas, a las pantorrillas y terminó en los talones. Entonces pidió que me volteara y emprendió el camino de regreso hasta mis labios.

Cuando al fin me penetró también lo hizo entre la pasión y la ternura, sentí rico. Una erección potente para haber alcanzado la sexta década. Una virilidad distinta, experimentada, pero tan firme y brava como la de un muchacho. Se vino sabrosísimo, dándome un beso y apretando su cuerpo contra el mío. Después me enseño el raspón de su rodilla, me contó la historia de cómo había vuelto a nacer y me explicó que había tomado la decisión de ser un hombre nuevo, de no quedarse con ganas de nada. Nos despedimos como grandes amigos y el hombre nuevo se fue a su casa.

Seguimos viéndonos para festejar el milagro de la vida. Al principio una vez al mes, luego cada quince días, después más seguido. Siempre nos la pasábamos de maravilla. Es muy consentidor y, además de hablar largo y tendido, siempre se toma su tiempo para acariciarme suavecito en la espalda, de una manera que pocos saben y que mucho me gusta, que me pone dócil y ligera. Eso sí, antes de esa paz, siempre lo encuentro caliente, como fiera brava, con unas ganas de cogerme que me estremece. Me recibe con besos de adolescente y me hace el amor con una lujuria y entusiasmo que en verdad me hacen sentirlo como un hombre nuevo.

Ayer nos vimos. Como siempre, hicimos el amor y después vinieron las caricias. De pronto se detuvo. Me dio un beso en el hombro y, pidiéndome que volteara a verlo, me dijo, mirándome a los ojos con ternura -Te amo, cásate conmigo-. Me habría encantado quererlo y no tener que decirle que no, pero ni modo, en el corazón no se manda y, con toda cortesía y la mayor jilocaína que pude poner en mis palabras, tuve que mandarlo a la burguer. Nos despedimos con un poco de tristeza, él se quedó en la cama, como si lo hubiera aplastado el camión de la basura. Por primera vez, no parecía un hombre nuevo.