sábado, 23 de febrero de 2013

Una tarde para recordar por Lulú Petite

Una tarde para recordar por Lulú Petite
Me encantan sus labios. Debe ser porque son suaves y besan bien. También me gustan sus manos y su conversación afectuosa, divertida e íntima, lo mismo te habla de política, que te cuenta una broma o te confía relatos conmovedores. Es hombre maduro, muy guapo y con una personalidad difícil de resumir. Sus ojos azules, penetrantes y compasivos son tal vez su principal atractivo físico, pero su forma de tratarte entre paternal y lujuriosa, es lo que lo hacen irresistible. Es del tipo de persona con la que sólo puedes sentir buena vibra.
 


Ojos azules es, además, un hombre que se ha hecho querer por muchas colegas. Si como me trata a mí las trata a todas, es de explicarse que tantas le tengamos un cariño tan sincero.
 
Desde luego, esa amistad tiene privilegios. Hacerse querer por chicas del oficio puede tener como consecuencia a oportunidad de vivir experiencias que no todos habrán de experimentar. Nada más para convertir a Ojitos azules en objeto de la legítima y razonable envidia de más de un amable lector, les voy a compartir la atascadota que el muy sátiro se dio hace unos días y que, con todo cinismo, nos contó a todos sus amigos y amigas virtuales.
 
Después de casi tres semanas de no coger con alguna de las lindas colegas que trabajan en el Distrito Federal, la lujuria se fue apoderando de mi amigo. Con presupuesto en la cuenta bancaria y suficiente libido bajo sus chones decidió llamar a Patricia y a Verah, dos jóvenes rubias muy hermosas, de senos prominentes, vientres planos y nalgas redondas y respingadas. De rostros preciosos, curvas delirantes, labios afanosos y cachondez formidable. Además, perfectamente bisexuales, de ese tipo de mujeres que, cuando ves, no puedes creer que chicas tan perfectas sean reales.
 
La idea era ponchárselas a las dos, que ofrecen un espléndido servicio de ménage à trois, sin embargo, al ponerse de acuerdo, salió a la plática el deseo de Ojos azules de experimentar un cuarteto. Desde luego el muy sacrificado se dejó convencer, con la trampa de las rubias de que la tercera en llegar sería una sorpresa.
 
Paty y Verah llegaron a la habitación a la hora acordada. Inmediatamente los besos entre los tres comenzaron a poner a tono el encuentro.
 
-Tu sorpresa no la vas a poder ver- Le dijo Paty a oído, antes de cambiarse y presentársele luciendo sólo lencería blanca. Entre besos y caricias, desnudaron a mi amigo, le cubrieron los ojos con una mascada y recostado, dejó que las dos hermosas rubias repartieran besos por su cuerpo.
 
El trazo de sus besos tenía a Ojitos perdido cuando sonó la puerta. Después del toc, toc, toc, con lo ojos vendados, escuchó como abrían y dejaban pasar a la invitada misteriosa entre risas y cuchicheos.
 
-¡Ya llegó tu sorpresa!- le dijo Paty
-Te va a encantar- remató Verah sin disimular la risa.
 
Él seguía acostado, con los brazos extendidos y los ojos cubiertos. La expectativa, la duda y la ceguera agudizan los sentidos. Los cuerpos de tres mujeres extraordinariamente hermosas, dedicadas a estimularle distintas partes del cuerpo, una de ellas comiéndole los labios, otra lamiendo sus pezones, la tercera acercándose a su sexo y llevándoselo a la boca, seis manos explorándolo, regalándole caricias nuevas, desconcertantes. Él, desesperado usando sus dos manos para repartir el tacto en disfrutar y descubrir las curvas de esas tres mujeres que lo devoran, que lo trastornan.
 
-¿Te gusta?- Le pregunta Paty al oído, rozando el lóbulo con la lengua. Verah le besa los labios, mientras la tercera, desconocida, pasea su lengua por el sexo de mi amigo desde los testículos hasta su glande. Verah y Paticia encuentran sus labios en un triple beso con Ojos Azules, la tercera, desconocida, mete en su boca toda la erección de mi amigo.
 
Cuando le pone el condón sabe que lo que viene también será bueno. Ella se sienta en su miembro erecto, ansioso y comienza a moverse dejándole sentir una vagina tibia y apretada en la que entra y sale. Patricia, sin permitirle asimilar las sensaciones del goce genital, se sienta en su cara ofreciéndole los labios de su sexo para que bebiera de ellos. No puede ver, pero siente como las tres, mientras son fornicadas por él, intercambian entre ellas besos, caricias, risas, gemidos.
 
La escena no podía ser más erótica ni disfrutarse más. Su cara saboreando entre las piernas de Patricia, sus dedos hurgando entre los muslos de Verah que masturbaba a la incógnita tercera que lo cabalgaba con entusiasmo, apretando su vagina como si quisiera exprimir del pene de mi amigo todo lo que había guardado en las semanas de abstinencia.
 
Desde luego el final fue fabuloso, de esos que inundan el condón y dejan con ganas de más. Ya en la calma que viene después del primer orgasmo, las tres hermosas se recostaron rodeándolo y él se quitó la mascada para descubrir que la sorpresa era Diana, la chica a quien Ojos azules más aprecia en este negocio. Desde luego la tarde siguió: Un baño entre cuatro, un masaje a seis manos, sexo oral a tres bocas, un show lésbico entre tres rubias de cuerpos perfectos. Una tarde para recordar, para compartir y provocar la envidia de quienes no podrán vivirlo en carne propia y la lujuria de quienes disfruten imaginando cada momento.
 
Desde luego, cada situación aquí narrada es completamente verídica y podría seguir, contando a detalle lo que sucedió con los cuatro esa tarde de orgía, pero hoy acá ya son muchas letras ¿No?, así que si quieres los detalles de esa segunda parte mejor te los cuento en mi blog.
 
En cualquier caso ¡Ay Ojitos, cómo te maltratas!




jueves, 14 de febrero de 2013

Sexo oral (para ellos) Por Lulú Petite

La buena noticia para las lectoras que me regalen un ratito de su atención, es que darle buen sexo oral a un hombre es mucho más fácil que dárselo a una mujer. En estas cuestiones (como en muchas otras), las chicas somos mucho más versátiles (y exigentes). Las chicas somos tan distintas entre nosotras, que lo que a una puede ponerla a ver estrellas, a otra le puede resultar de lo más desagradable. Para nuestra buena suerte y sobre todo para la de ellos, los hombres no son tan quisquillosos.

Prácticamente a todos los hombres les encanta un guagüis. Hay excepciones, claro, pero son rarísimas. La libido masculina, a diferencia de la nuestra, reacciona con mucha mayor velocidad. La mayoría de los caballeros son capaces de pasar de cero a cien en un par de movimientos. Basta con que te le acerques y le digas al oído que se la vas a mamar riquísimo para que ya tengan aquello más firme que un soldadito inglés.

Podrían ser más, pero por lo pronto, dejemos diez recomendaciones para cuando le practicas sexo oral a un hombre:

1) Bien ensalivado no es lo mismo que babeado. No escupas, eso sólo lo hacen en las malas películas porno. Tu saliva debe humedecer el pene, no empaparlo.

2) A mayor profundidad, mejores resultados. No quiero decir que debas graduarte como traga espadas, ni que debas resistir hasta que te saque lagrimitas y te provoque arcadas, pero entre más a fondo puedas meter su pene en tu boca, más lo vas a entusiasmar. Si de plano no puedes, pon tus dedos rodeando la base del pene hasta el punto en el que tu garganta aguante, creará la ilusión de profundidad.

3) ¡Cuidado con los dientes! Dicen que una fantasía de todo hombre es que se las chupe una chimuela. No creo que sea cierto. Lo que sí es verdad, es que los dientes son los cuchillos que la naturaleza nos puso en la boca y lo último que un chavo quiere cerca de su hombría son cuchillos. Los puedes usar, si lo disfruta, para dar mordiditas sexys, pero siempre cuida que los dientes no raspen el pene. Cúbrelos con los labios, es fácil, justamente se trata de hacer como que estás chimuela.

4) Movimientos. Con el pene en tu boca hay tres movimientos que, bien coordinados, pueden mandar al cielo a cualquier hombre. Primero el cabeceo. Mueve la cabeza de adelante hacia atrás, con un ritmo que vaya de menos a más. Segundo, succiona suavemente. No cómo si trataras de sacarle la última gota a tu refresco con un popote, sino una succión suave, que vaya al ritmo de tu cabeceo y tercero, usa la lengua. No se trata de que intentes rodearle el pene con la lengua, basta con que la mantengas húmeda y en constante contacto con la piel de su sexo. Le encantará.

5) La mirada. Si algo le excita a un hombre cuando se la están chupando, es ver cómo su pene desaparece en la boca de la chica. Si en ese momento le clavas una mirada a sus ojos, su calentura se va al tope. Tiene un efecto psicológico muy canijo, al mismo tiempo están viendo tu sumisión, pero saben que tienes entre los dientes el pedazo más querido de su cuerpo ¿Quién es en ese momento tiene el poder?

6) Los compadres. El pene no viene solo. Por feos, apestosos y arrumbados que parezcan, los hombres adoran a sus pelotas tanto como al soldadito. Si durante la chupada, se te escapa por ahí algún lengüetazo, te metes uno a la boca, se los acaricias con las uñitas o al menos les haces entender que los estás tomando en cuenta, tendrás muchos puntos extra.

7) El olor. Reconozcámoslo, los genitales están en el lugar menos ventilado del cuerpo y, por si fuera poco, la zona de recreo es al mismo tiempo la zona de desagüe. Es natural que muchas veces tenga mal olor. Esa realidad inhibe una gran cantidad de buenas intenciones. Si te llega a pasar, la solución es muy sencilla, haz que una ducha sea parte del juego sexual. Lávale o que se lave sus bisagras y, entonces sí, a merendar se ha dicho.

8) Respiración. Una obviedad que no deja de ser importante. Respira por la nariz.

9) Los detalles. Como en todo lo que se hace en la vida, lo mejor de un platillo está en los condimentos. Si quieres darle el mejor sexo oral de su vida, la sazón está en las otras cosas que haces al chupársela, además del mete-saca por la boca.

Lamer el tronco del pene como si fuera un heladito puede encantarle. La parte más sensible es el frenillo, esa especie de costura que tienen en la parte posterior de su sexo. Lámela y. al llegar al glande, succiona. Puedes pasear la lengua por el glande, pero algunos hombres lo tienen muy sensible, si ves que se retuerce no lo está disfrutando. Ayúdate con la mano. Chupar puede ser cansado, si tienes que detenerte a tomar un respiro, puedes seguir masturbando con tu mano.

10) El “after”. Una vez que se vino, haz un anillo con tus dedos índice y pulgar y colócalo en la base del pene, apretando jala hacia arriba. Cuando llegues al glande, veras que se hincha un poco. Apriétalo sin lastimar, lo sorprenderás y le darás un bonus que te agradecerá enormemente.

Combina estos diez consejos y tendrás muy feliz al hombre en tu cama (y en tu boca).

viernes, 8 de febrero de 2013

Sexo oral (para ellas) Por Lulú Petite

Hay cosas que aprendes porque te las enseñan en la escuela. Sin embargo, siempre he pensado que las cosas que aprendes mejor son las que te enseña la experiencia. Cuando te dedicas a algo y lo haces muchas veces, vas ganando aprendizajes que te permiten dominar una materia mucho mejor que si la hubieras estudiado en la mejor universidad.

Llevo varios años como trabajadora sexual. En todo este tiempo he ido refinando procedimientos. Por me atrevo a decir con honestidad y sin sentir que peco de arrogante, que mi servicio es algo así como una terapia sexual. Digamos que sé a lo qué voy y cómo hacerlo.

El martes dije que no todos saben dar un buen cunnilingus. Hay desde los que tienen complejo de San Bernardos hasta los que sienten que tienen lengua de barrenadora.

Por andar de habladora, recibí varios correos electrónicos pidiéndome consejos ¿Cómo hacer que una mujer se venga en tu boca? Sexóloga no soy, pero sin que sea tomada como una opinión científica (que por otro lado no son siempre las más útiles), puedo darte mi opinión al respecto:

Primero, las herramientas: Labios, dientes, dedos, nariz, aliento y, desde luego, lengua. Quienes piensan que sólo la lengua forma parte del sexo oral están mal informados. Para un buen cunnilingus, la lengua debe ser la directora de una muy bien afinada orquesta donde todos participan.

Segundo, el campo de juego: Cada vagina es distinta. Por más que se parezcan, cada mujer tenemos gustos, formas, texturas y orgasmos diferentes. No todas reaccionamos igual a un mismo estímulo y nuestro sexo tiene características que lo distinguen. Desde el vello púbico hasta la acidez y la lubricación son ingredientes que has de encontrar y debes saber manipular para hacer un buen trabajo. Si ya estás allí, tu deber es hacer que ella disfrute, entender su anatomía, acostumbrarte al “hábitat”.

Tercero, el calentamiento: De entre todas las cosas que se deben aprender para ser buenos en la cama, la más importante, la clave del éxito, es que hombres y mujeres vivimos el sexo de manera distinta y, también de manera distinta, trabajamos nuestro erotismo.

Si a un chavo le bajas los pantalones y de inmediato te metes su pene a la boca hay mucho chance de que le encante, pero si haces algo parecido con una chica es probable que le choque. A nosotras nos gusta ir trabajando el placer, que el erotismo vaya de menos a más. Somos como esos coches viejitos que debes dejar que se calienten antes de echarlos a andar. Antes de poner tu cara entre sus piernas, explórala. Busca las reacciones a tus besos, a tus caricias, a tu lengua, a tus dedos. Camina despacio y observa. Lo que aprendas podrás utilizarlo cuando llegues allá abajo. Un consejo extra. La manera natural en que el clítoris de una mujer queda expuesto frente a tu boca, es colocando una almohada bajo su cadera. La posición en que queda te va a dejar ver la equis en tu mapa del tesoro.

Cuarto, el juego: Admitámoslo, muchas de las cosas que hacemos en la cama las hemos aprendido viendo pornografía ¡Error! El porno nos ha fabricado fetiches, pero en realidad su principal función es inspirar chaquetas. El sexo oral en las películas es brusco y rápido, una combinación agresiva de lengüetazos y metidas de dedo como si fuera el muñón de un pájaro carpintero. Nunca lo hagas así.

El primer contacto entre tu boca y sus labios debe ser cómo el del primer beso. Es tu carta de presentación. Acércate como si fueran los labios de su cara y así, dale un beso lento, deja que tu lengua explore sin invadir, que conozca sin babear, recuerda que es un beso exploratorio, casi tímido.

En el sexo oral debes de ir de menos a más. Oler, sentir, degustar. Debes probar sus reacciones, primero con caricias lentas y amplias, con la lengua suelta por toda la vulva; después, con caricias más rápidas y continuas concentradas en determinados puntos. Tu comunicación con ella y la forma en que reaccione, te permitirá saber cómo le gusta más.

Cada chica reacciona de manera distinta a cada estímulo. Escúchala. Puedes probar succionando levemente al interior de su vagina, frotar suavemente, jugar con tus dientes. La presión y el frote deben seguir el ritmo de sus reacciones. Si no les gusta hablar durante el sexo, hay un lenguaje universal y prácticamente instintivo, si algo no le gusta, te empujará o retirará su sexo, si algo le gusta, abrirá más sus piernas, te jalará hacia ella o apretará su entrepierna contra tu cara. Si de plano sigues con dudas, pregunta.

El clítoris es al orgasmo femenino lo que el pene es al orgasmo masculino. No es lo único que importa, pero sí es la estrella de la fiesta. Quien sabe encontrarlo y atenderlo es un maestro en la cama. Pero ¡Cuidado! El clítoris es tan sensible que algunas chicas no soportan el roce directo. Tienes que ser muy intuitivo al llegar allí. Mide a tu pareja, avanza despacio, siempre que lamas el clítoris checa qué tanto lo disfruta. Desliza la lengua, ayúdate con los dedos. No se trata de masajearlo como si estuvieras buscando direcciones en tu iPhone, la presión debe ser suave y firme, hasta encontrar un ritmo. Cuando lo encuentres, debe ir creciendo, conforme te acercas al orgasmo la estimulación debe mantenerse rápida y, sobre todo, continua. Es momento de heroísmo, cuando la sientas venir, así se te esté partiendo la mandíbula, no debes parar hasta que ella vea estrellas.

Cuando hayas terminado dale un respiro. Si lo hiciste bien lo notarás y, créeme, serás bien recompensado. Una chica siempre adora a quien se la sabe comer rico.