viernes, 8 de febrero de 2013

Sexo oral (para ellas) Por Lulú Petite

Hay cosas que aprendes porque te las enseñan en la escuela. Sin embargo, siempre he pensado que las cosas que aprendes mejor son las que te enseña la experiencia. Cuando te dedicas a algo y lo haces muchas veces, vas ganando aprendizajes que te permiten dominar una materia mucho mejor que si la hubieras estudiado en la mejor universidad.

Llevo varios años como trabajadora sexual. En todo este tiempo he ido refinando procedimientos. Por me atrevo a decir con honestidad y sin sentir que peco de arrogante, que mi servicio es algo así como una terapia sexual. Digamos que sé a lo qué voy y cómo hacerlo.

El martes dije que no todos saben dar un buen cunnilingus. Hay desde los que tienen complejo de San Bernardos hasta los que sienten que tienen lengua de barrenadora.

Por andar de habladora, recibí varios correos electrónicos pidiéndome consejos ¿Cómo hacer que una mujer se venga en tu boca? Sexóloga no soy, pero sin que sea tomada como una opinión científica (que por otro lado no son siempre las más útiles), puedo darte mi opinión al respecto:

Primero, las herramientas: Labios, dientes, dedos, nariz, aliento y, desde luego, lengua. Quienes piensan que sólo la lengua forma parte del sexo oral están mal informados. Para un buen cunnilingus, la lengua debe ser la directora de una muy bien afinada orquesta donde todos participan.

Segundo, el campo de juego: Cada vagina es distinta. Por más que se parezcan, cada mujer tenemos gustos, formas, texturas y orgasmos diferentes. No todas reaccionamos igual a un mismo estímulo y nuestro sexo tiene características que lo distinguen. Desde el vello púbico hasta la acidez y la lubricación son ingredientes que has de encontrar y debes saber manipular para hacer un buen trabajo. Si ya estás allí, tu deber es hacer que ella disfrute, entender su anatomía, acostumbrarte al “hábitat”.

Tercero, el calentamiento: De entre todas las cosas que se deben aprender para ser buenos en la cama, la más importante, la clave del éxito, es que hombres y mujeres vivimos el sexo de manera distinta y, también de manera distinta, trabajamos nuestro erotismo.

Si a un chavo le bajas los pantalones y de inmediato te metes su pene a la boca hay mucho chance de que le encante, pero si haces algo parecido con una chica es probable que le choque. A nosotras nos gusta ir trabajando el placer, que el erotismo vaya de menos a más. Somos como esos coches viejitos que debes dejar que se calienten antes de echarlos a andar. Antes de poner tu cara entre sus piernas, explórala. Busca las reacciones a tus besos, a tus caricias, a tu lengua, a tus dedos. Camina despacio y observa. Lo que aprendas podrás utilizarlo cuando llegues allá abajo. Un consejo extra. La manera natural en que el clítoris de una mujer queda expuesto frente a tu boca, es colocando una almohada bajo su cadera. La posición en que queda te va a dejar ver la equis en tu mapa del tesoro.

Cuarto, el juego: Admitámoslo, muchas de las cosas que hacemos en la cama las hemos aprendido viendo pornografía ¡Error! El porno nos ha fabricado fetiches, pero en realidad su principal función es inspirar chaquetas. El sexo oral en las películas es brusco y rápido, una combinación agresiva de lengüetazos y metidas de dedo como si fuera el muñón de un pájaro carpintero. Nunca lo hagas así.

El primer contacto entre tu boca y sus labios debe ser cómo el del primer beso. Es tu carta de presentación. Acércate como si fueran los labios de su cara y así, dale un beso lento, deja que tu lengua explore sin invadir, que conozca sin babear, recuerda que es un beso exploratorio, casi tímido.

En el sexo oral debes de ir de menos a más. Oler, sentir, degustar. Debes probar sus reacciones, primero con caricias lentas y amplias, con la lengua suelta por toda la vulva; después, con caricias más rápidas y continuas concentradas en determinados puntos. Tu comunicación con ella y la forma en que reaccione, te permitirá saber cómo le gusta más.

Cada chica reacciona de manera distinta a cada estímulo. Escúchala. Puedes probar succionando levemente al interior de su vagina, frotar suavemente, jugar con tus dientes. La presión y el frote deben seguir el ritmo de sus reacciones. Si no les gusta hablar durante el sexo, hay un lenguaje universal y prácticamente instintivo, si algo no le gusta, te empujará o retirará su sexo, si algo le gusta, abrirá más sus piernas, te jalará hacia ella o apretará su entrepierna contra tu cara. Si de plano sigues con dudas, pregunta.

El clítoris es al orgasmo femenino lo que el pene es al orgasmo masculino. No es lo único que importa, pero sí es la estrella de la fiesta. Quien sabe encontrarlo y atenderlo es un maestro en la cama. Pero ¡Cuidado! El clítoris es tan sensible que algunas chicas no soportan el roce directo. Tienes que ser muy intuitivo al llegar allí. Mide a tu pareja, avanza despacio, siempre que lamas el clítoris checa qué tanto lo disfruta. Desliza la lengua, ayúdate con los dedos. No se trata de masajearlo como si estuvieras buscando direcciones en tu iPhone, la presión debe ser suave y firme, hasta encontrar un ritmo. Cuando lo encuentres, debe ir creciendo, conforme te acercas al orgasmo la estimulación debe mantenerse rápida y, sobre todo, continua. Es momento de heroísmo, cuando la sientas venir, así se te esté partiendo la mandíbula, no debes parar hasta que ella vea estrellas.

Cuando hayas terminado dale un respiro. Si lo hiciste bien lo notarás y, créeme, serás bien recompensado. Una chica siempre adora a quien se la sabe comer rico.