domingo, 17 de marzo de 2013

ME ENCANTA .... POR LULU PETITE

Me encanta recibir tu llamada y emocionarme con la idea de verte (aunque no deje que lo notes). Me encanta que nos pongamos de acuerdo, saber en qué habitación estás o a qué hora quieres verme. Me encanta prepararme para coger contigo. Darme una ducha, poner unas gotas de jabón en la esponja y lavarme para ti, cubrirme de espuma para oler rico cuando te vea, para que cada rincón, cada curva y cada pliegue estén perfumados para tus labios. Me gusta acariciar mi cuerpo pensando en lo que me harás cuando me tengas desnuda, fantaseando con que son tus manos las que me tocan.

Me encanta arreglarme para ti. Pensar en tu mirada cuando me maquillo, en tu sonrisa cuando me peino o en tus caricias cuando escojo la lencería que haga mejor juego con tus manos, la que te haga temblar o eche a volar tus fantasías. Me encanta ponerme un vestido corto y fácil de quitar, de esos que te gustan porque se van pronto y puedes empezar de inmediato, sin protocolos ni palabras.

Me encanta manejar sabiendo que me esperas. Me gusta pisar el acelerador, rebasar a otros coches, tocar el claxon para no hacerte esperar, odiar los semáforos y a los conductores lerdos que a vuelta de rueda retrasan nuestro encuentro. Adoro llegar al motel, entrar al estacionamiento, que me miren ir a ti arreglada como muñeca, que me coman con los ojos sin atreverse a faltarme al respeto, que te envidien sin conocerte porque este cuerpo que se les antoja, será tuyo y sólo tú lo disfrutarás. Me gusta que te llamen desde la recepción, que te pregunten ¿Está esperando a una señorita? y después me digan que pase.

Me encanta caminar hasta donde estés, contoneando la cadera, escuchar el clap, clap, clap de mis tacones llevándome a tus brazos, a tu cama, a tu cuerpo, abrir el garaje, subir despacio las escaleras, sentir que mi corazón late más a prisa, que mi sexo se humedece, que mis mejillas se sonrojan. Mojar mis labios con la lengua, respirar profundo y llamar a tu puerta. Toc, toc, toc.

Disfruto esos segundos entre el oír tus pasos aproximándose y ver la puerta abrirse. Que me recibas con tu media sonrisa y tus ojos mansos, que me des un beso, me abraces, acaricies despacito mi espalda y mis nalgas sin dejar de besarme, que empieces a tomarme, sin siquiera desnudarme. Me encanta saber que, apenas me tocas, ya me estoy entregando; ya un torrente de cosquillas me están andando la piel, ya en la barriga me vuelan las emociones y me abandono a tus besos, al gusto de sentir que nuestros labios se entienden, que el deseo es pleno y compartido.

Me encanta entonces sentir tus manos en mis piernas, comerme tu lengua, acariciar tus brazos y tus hombros, sentirlos firmes, protectores, viriles, mientras tus manos se aferran a mi cintura y tus besos hurgan en mi escote. Me encanta cuando me desnudas y cuando me pides que te desnude, cuando tropezamos para quitarnos la ropa, cuando mis manos se atoran en tu hebilla, cuando temes que te dé un mal pellizco al bajarte la bragueta, cuando tus dedos no saben dónde presionar para que el sostén libere mis pechos o cuando se atora el vestido a media caída. Me encantan tus bromas, tu sentido del humor, tu olor a hombre, tus manos fuertes y masculinas. Me encanta todo ese jugueteo, que entre besos y caricias, va retrasando el vernos desnudos, listos para amarnos.

No imaginas, en este momento, hasta qué punto disfruto ver tu erección, mirarla con morbo, con lujuria, con esas ganas locas que abren el apetito. Tomarla en mis manos, acariciarla y sentir como late ese órgano rígido de piel tan delgada, de aspecto tan atractivo, caluroso, cubierto de venas y de vellos, sentirlo listo para buscar dentro de mí esos placeres siempre encuentra.

Me encanta llevarme tu sexo los labios. Engullirlo, mimarlo, humedecerlo. Sentirlo parado cómo me llena la boca, cómo te contorsionas, sobas mi espalda y aprietas mis nalgas mientras mis labios te devoran. Me encanta mirarte a los ojos, ver cómo los cierras, cómo te pierdes y bramas como si el placer te dominara.

Me encanta cuando me pides que me acueste y me atiendes con tus labios, poniendo mis rodillas sobre tus hombros, mis muslos rodeando tu cara y tu lengua taladrando entre mis piernas. O cuando me pones en cuatro, mirando al espejo. Me encanta ver mi rostro mientras me penetras y verte mover dentro de mí, mirando al mismo tiempo tu cara de placer y la mía de satisfacción, sentir, ver, gozar, ponerme flojita, hasta dejarme caer sobre el colchón, boca abajo, sin que tú dejes de martillar, de poseerme. Me encanta sentir el pedazo de carne que entra en mi cuerpo, que lo quema, que lo hace temblar, que lo hace disfrutar hasta el clímax. Me encanta que además me pagues y que nos despidamos con un "hasta la próxima", ya imaginando lo rico que será, lo bien que la pasaremos. Me encanta no saber quién eres y que cada cosa que hago contigo, la repito con aquel que me contrate, lo mismo con quien se anime a llamarme, que contigo que estás leyendo hoy este texto.

Me encanta por Lulú Petite

Me encanta recibir tu llamada y emocionarme con la idea de verte (aunque no deje que lo notes). Me encanta que nos pongamos de acuerdo, saber en qué habitación estás o a qué hora quieres verme. Me encanta prepararme para coger contigo. Darme una ducha, poner unas gotas de jabón en la esponja y lavarme para ti, cubrirme de espuma para oler rico cuando te vea, para que cada rincón, cada curva y cada pliegue estén perfumados para tus labios. Me gusta acariciar mi cuerpo pensando en lo que me harás cuando me tengas desnuda, fantaseando con que son tus manos las que me tocan.

Me encanta arreglarme para ti. Pensar en tu mirada cuando me maquillo, en tu sonrisa cuando me peino o en tus caricias cuando escojo la lencería que haga mejor juego con tus manos, la que te haga temblar o eche a volar tus fantasías. Me encanta ponerme un vestido corto y fácil de quitar, de esos que te gustan porque se van pronto y puedes empezar de inmediato, sin protocolos ni palabras.

Me encanta manejar sabiendo que me esperas. Me gusta pisar el acelerador, rebasar a otros coches, tocar el claxon para no hacerte esperar, odiar los semáforos y a los conductores lerdos que a vuelta de rueda retrasan nuestro encuentro. Adoro llegar al motel, entrar al estacionamiento, que me miren ir a ti arreglada como muñeca, que me coman con los ojos sin atreverse a faltarme al respeto, que te envidien sin conocerte porque este cuerpo que se les antoja, será tuyo y sólo tú lo disfrutarás. Me gusta que te llamen desde la recepción, que te pregunten ¿Está esperando a una señorita? y después me digan que pase.

Me encanta caminar hasta donde estés, contoneando la cadera, escuchar el clap, clap, clap de mis tacones llevándome a tus brazos, a tu cama, a tu cuerpo, abrir el garaje, subir despacio las escaleras, sentir que mi corazón late más a prisa, que mi sexo se humedece, que mis mejillas se sonrojan. Mojar mis labios con la lengua, respirar profundo y llamar a tu puerta. Toc, toc, toc.

Disfruto esos segundos entre el oír tus pasos aproximándose y ver la puerta abrirse. Que me recibas con tu media sonrisa y tus ojos mansos, que me des un beso, me abraces, acaricies despacito mi espalda y mis nalgas sin dejar de besarme, que empieces a tomarme, sin siquiera desnudarme. Me encanta saber que, apenas me tocas, ya me estoy entregando; ya un torrente de cosquillas me están andando la piel, ya en la barriga me vuelan las emociones y me abandono a tus besos, al gusto de sentir que nuestros labios se entienden, que el deseo es pleno y compartido.

Me encanta entonces sentir tus manos en mis piernas, comerme tu lengua, acariciar tus brazos y tus hombros, sentirlos firmes, protectores, viriles, mientras tus manos se aferran a mi cintura y tus besos hurgan en mi escote. Me encanta cuando me desnudas y cuando me pides que te desnude, cuando tropezamos para quitarnos la ropa, cuando mis manos se atoran en tu hebilla, cuando temes que te dé un mal pellizco al bajarte la bragueta, cuando tus dedos no saben dónde presionar para que el sostén libere mis pechos o cuando se atora el vestido a media caída. Me encantan tus bromas, tu sentido del humor, tu olor a hombre, tus manos fuertes y masculinas. Me encanta todo ese jugueteo, que entre besos y caricias, va retrasando el vernos desnudos, listos para amarnos.

No imaginas, en este momento, hasta qué punto disfruto ver tu erección, mirarla con morbo, con lujuria, con esas ganas locas que abren el apetito. Tomarla en mis manos, acariciarla y sentir como late ese órgano rígido de piel tan delgada, de aspecto tan atractivo, caluroso, cubierto de venas y de vellos, sentirlo listo para buscar dentro de mí esos placeres siempre encuentra.

Me encanta llevarme tu sexo los labios. Engullirlo, mimarlo, humedecerlo. Sentirlo parado cómo me llena la boca, cómo te contorsionas, sobas mi espalda y aprietas mis nalgas mientras mis labios te devoran. Me encanta mirarte a los ojos, ver cómo los cierras, cómo te pierdes y bramas como si el placer te dominara.

Me encanta cuando me pides que me acueste y me atiendes con tus labios, poniendo mis rodillas sobre tus hombros, mis muslos rodeando tu cara y tu lengua taladrando entre mis piernas. O cuando me pones en cuatro, mirando al espejo. Me encanta ver mi rostro mientras me penetras y verte mover dentro de mí, mirando al mismo tiempo tu cara de placer y la mía de satisfacción, sentir, ver, gozar, ponerme flojita, hasta dejarme caer sobre el colchón, boca abajo, sin que tú dejes de martillar, de poseerme. Me encanta sentir el pedazo de carne que entra en mi cuerpo, que lo quema, que lo hace temblar, que lo hace disfrutar hasta el clímax. Me encanta que además me pagues y que nos despidamos con un "hasta la próxima", ya imaginando lo rico que será, lo bien que la pasaremos. Me encanta no saber quién eres y que cada cosa que hago contigo, la repito con aquel que me contrate, lo mismo con quien se anime a llamarme, que contigo que estás leyendo hoy este texto.