jueves, 28 de marzo de 2013

"Canceriano" Por Lulú Petite




Querido Diario:
-Ayúdame con el vestido- Le pedí a Canceriano. Y sentí esas hormiguitas recorrer mi espina dorsal mientras bajaba el cierre de mi espalda y luego, deslizándolo desde los hombros hacía que la tela cayera al suelo. Él besaba mi cuello, besaba mi espalda, acariciaba el nacimiento de mis senos. Con destreza pellizcó el broche del sostén para liberar mis pechos, los tomó en sus manos y acarició exquisitamente mis pezones endurecidos.

Giré el cuerpo para estar de frente a él. Así, desnudos. Canceriano es un cliente atractivo e interesante. Un hombre maduro y agradable, muy cuidadoso en los detalles, pulcro, divertido y, he de admitirlo, coge deliciosamente. Además, como te contaba el martes, miembro del foro de internet sobre trabajo sexual en el que participo. Lo miré como tratando de reconocerlo. De recordar la primera vez que estuve con él hace casi dos años. Me gustó. Algo magnético había en su mirada que me inspiraba a querer comérmelo y hacerlo disfrutar su noche. Me le acerqué, lo miré de frente y, parándome un poco de puntitas, le robé un beso que me supo delicioso.

Un beso romántico. De esos donde manos, labios y cuerpos se entienden e intuyen los mejores caminos para lograr el placer del otro. Yo me colgué de su espalda y de sus hombros, él me acariciaba los senos, recorría con sus dedos mi columna vertebral, apretaba mis nalgas, buscaba sobre mi lencería mi vagina que ya lo esperaba. Él se sentía entusiasmado, yo estaba calientísima.
Seguimos besándonos un buen rato camino a la cama. Sus caricias eran buenas e intuitivas, alternando labios y manos. En el colchón yo me tendí de espaldas y lo dejé hacerme suya. Sentía sus manos recorriéndome suavemente, sus labios chupando mis pezones y regalando a cada terminación nerviosa agasajos que me hacían contonearme y gemir encantada.

-Ah- Clamaba y acariciaba su nuca.
-Ah- Sollozaba de nuevo sintiendo su lengua mojar la areola de mis pechos.
-¡Ah!- Gemía cuando su mano apretaba el nacimiento de mi seno y hacía que mi pezón entrara más a fondo en su boca.

Ya lo quería yo entre las piernas. Lo necesitaba. Mi cuerpo exigía que el vacío fuera llenado, sentirlo moverse entre mis muslos, ocuparme, penetrarme, vulnerarme. -Cógeme- Le supliqué con la mirada.

Separé un poco las piernas y él, tomándome con sus manos bajo mis nalgas, me levantó un poco para poner mi vagina frente a su boca. Con sus labios terminó de ponerme a tono para lo que venía. Se la chupé al ponerle el preservativo. Él de espaldas sobre la cama, yo encorvada sobre su sexo devorándolo despacio, esperando que sintiera el ritmo de mis caricias orales, la humedad, el entusiasmo. Se la mamé un buen rato, al menos hasta que me pidió que me montara.

Abrí mis piernas rodeándolo por los costados, apunté su erección a mi sexo y me fui sentando en ella, despacito, sintiendo como cada centímetro de su falo resbalaba por mi cuerpo y me ocupaba. Deliciosamente su cuerpo estaba ya en el mío. Me encantó.

-Métetela toda- Me pidió. Me encorvé y le di un beso, antes de dejarme caer lo más posible, de hacer que ese falo perfecto, duro, macizo, tibio, delicioso, se clavara hasta topar con mis paredes vaginales. Sentí un orgasmo franco y pleno casi al mismo tiempo que él llenó el preservativo. Canceriano es bueno en la cama, de esos clientes que te hacen cosas que hasta sorprenden, de esas veces que hasta quieres que te lo hagan de nuevo para aprender el movimiento. La pasé de lujo.

Después del sexo, la conversación maravillosa. Fue una espléndida visita a Guadalajara. Coger con foristas siempre me hace recordar los tiempos en que comencé a anunciarme en internet.

¿Cuándo fue la primera vez que supe de internet como una forma de ofrecer mis servicios? No recuerdo exactamente. No fue de sopetón, primero me lo dijo un cliente, después otro y así hasta que me llamó la atención. Eran comentarios que me hacían durante o después del sexo. Los portales y foros de internet donde se anunciaban servicios sexuales se habían puesto de moda.

Yo en esa época era cero cibernética. Las redes sociales todavía no existían y el negocio funcionaba al estilo tradicional. Si querías cobrar más o menos bien debías trabajar para una agencia o en una casa de citas. En las agencias te decían a dónde ir. En las casas de citas era estar en un lugar a donde llegaban los clientes. En ambos casos, la mayor parte de la ganancia quedaba en manos de quienes manejaban el negocio.

De pronto llegó internet. Una noche de tanto oírlo me metí a investigar. Al día siguiente me puse en contacto y comencé a anunciarme. En vez de una agencia, subías fotos y teléfono a la web y, sin intermediarios, el cliente te llamaba directamente para pedir tus servicios. Como novedad era estupenda y muy promisoria.

De eso ya llovió. Hoy, internet es fundamental para el trabajo sexual independiente. No me refiero sólo a México, en todo el mundo, internet ha permitido que personas como yo, ofrezcamos nuestro trabajo con menos riesgo y sin mediadores.