martes, 2 de abril de 2013

¿Broncillo? Por Lulú Petite

Estábamos conversando a la orilla de la cama. La plática era interesante y nos la estábamos pasando bien, pero a un motel no te metes a charlar ¿Cierto? Íbamos por el enésimo tema cuando sentí sus manos abrazarme y después jalarme hacia atrás dándome un beso. Con suavidad me recostó sobre sus piernas y tiernamente siguió besándome. Sus manos traviesas acariciaron mis muslos, mi vientre y mi cuello hasta enredar dócilmente sus dedos en mi cabello. Abrí los labios y sentí su lengua jugar con la mía.


Me tomó entonces de la mano y me pidió con la mirada que me recostara en su cama. Me tendí mirando al techo, con las manos en los costados y permitiendo que él se sirviera de mi cuerpo. Dibujando un caminito de besos por las partes de piel que él mismo iba desnudando, comenzó a quitarme la ropa más con erotismo que paciencia. Sentí sus manos tibias caminarme por la piel, su aliento soplar, su nariz respirarme y sus dedos, deliciosos, obsequiarme caricias precisas y agradables. Cuando alcanzó mis muslos sentí un escalofrío. Se metió entre mis piernas y con su boca atendió mi sexo. Fue exquisito.

Conocí a “K-broncillo” hace como dos años, la primera vez que visité Tuxtla. Es un hombre a todo dar, en sus treintas, bajito, guapo, divertido, de conversación interesante y un modo de ser adorable. A menudo tenemos contacto por internet, pero vive tan lejos que apenas podemos vernos de vez en cuando. Un tiempo me distancié de él porque me dejó plantada y, estarás de acuerdo, no vas a Chiapas para que te dejen sin desvestirte ni alborotarte ¿verdad? De todos modos es lindo y terminamos por recuperar nuestra amistad virtual. Tengo muchos clientes así, con quienes tengo más contacto en internet que en la cama. Supongo que es parte de esta modalidad para ofrecer nuestros servicios.

Te decía el jueves que comencé a anunciarme en internet prácticamente porque ese era el paso siguiente. Ya llevaba mucho tiempo trabajando en agencias y, aunque me iba bien, se hablaba de internet como una manera más de hacer lo mismo sin tener que compartir con intermediarios lo que ganaba con el sudor de mi… bueno, digamos que no es la frente lo que me suda.

Claro, siempre que aparece algo nuevo, de entrada dudas. Los primeros en hablarme de esas páginas fueron clientes. De esas cosas que el primer comentario lo escuchas sin darle importancia, pero cuando te lo dice uno, otro y después algunos más insisten, la duda se convierte en curiosidad y terminas por investigar.

Me comentaban mucho sobre dos temas, el primero, los portales donde las chicas subían sus fotos y número telefónico para que los clientes llamaran. El segundo, la existencia de foros en los que los clientes, usando seudónimos, intercambiaban opiniones y relatos sobre sus experiencias con las chicas que se anuncian en internet.

Recuerdo mis primeras fotos. Llamé al teléfono de la página, pregunté, me tomé las fotos y las mandé. Iba comenzando en internet y no sabía cómo funcionaba. Estaba nerviosa, pero al poco rato de que vi mi imagen y mi número en esa página, el teléfono comenzó a sonar. Y así ha seguido.

En internet trabajamos al mismo tiempo muchas chavas que prácticamente no nos conocemos ni interactuamos. Nos cruzamos en elevadores y pasillos de los moteles, seguramente atendemos a la misma clientela, pero en realidad, juntas sólo estamos en las fotos de la página. Jamás en la vida real. En los hechos, cada quien es dueña de su propia agenda.

Obvio así, no había otra manera de averiguar los vericuetos de anunciarse por internet que escuchando a los propios clientes. La primera forma que encontré de saber de otra fuente, cuando estaba empezando, cómo funciona el negocio, fue acercándome a los foros. Como te decía, al principio eran puros hombres contando cómo les fue con las chavas. Poco a poco, algunas de nosotras comenzamos a participar en ellos y a hacer buenos amigos y, desde luego, clientes. Conversamos con algunas colegas y fuimos abriéndonos paso.

Con el tiempo los foros han cambiado mucho, ahora participan mucho más las chicas, algunas tenemos blog, twitter, facebook, páginas propias. Internet ha cambiado la fisonomía de este negocio como no tienes idea.

Así conocí a K-broncillo, uno de estos foristas-tuiteros de los que te contaba con seudónimos graciosos. Nos encontramos hace un par de semanas, cuando viajé a Chiapas. Desnudos los dos, él se tendió sobre la cama y fue mi turno para llevarme a la boca su erección. De rodillas a un lado suyo, me arqueé hacia su miembro y me puse a chuparlo. Él acarició mis muslos, paseó sus dedos por los pliegues de mi vagina y sus caricias, mientras tenía aquella cosa dura y deliciosa en los labios, me provocaron un subidón tremendo. Qué te puedo decir cuando sentí su lengua jugando entre mis piernas y atrapándome en un sabroso sesenta y nueve.

-¿Me subo?- Le pregunté cuando estaba a punto de venirme, para aplazar un poco más mi orgasmo. Él sonrió diciendo que sí y lo monté, cabalgando hasta allá, donde se siente la muerte chiquita.

Él es una de las razones por las que me gusta ir a Chiapas, es divertido, interesante, buen amigo y me atiende bien cuando lo visito, pero he de admitirlo, por más que le guste su seudónimo picarón, cuando me coje no es K-broncillo, es K-bronazo. ¡Ay qué rico!