viernes, 5 de abril de 2013

"Adormilada" Por Lulú Petite

Me acosté a un lado suyo como siempre que ando cansada, me acomodé de lado en posición fetal, mientras él me rodeaba con sus brazos calientitos y me decía cosas cachondas al oído. Estaba completamente desnuda.

Había sido un día pesado. En la mañana, muy temprano, fui al gimnasio. Para mantenerme en forma. Más tarde estuve haciendo trámites para la titulación. La gira de las semanas anteriores fue verdaderamente agotadora y me provocó retrasos en otros proyectos en los que estoy trabajando. A mediodía, después de atender a un cliente que se puso medio pesado porque no lograba mantener la erección, estuve revisando detalles del libro que voy a publicar. Después comí con Mat. Se ha portado súper buena onda.

En la tarde atendí a otros dos clientes. El primero, un viejo amigo al que llevo mucho tiempo viendo y con quien siempre me la paso maravillosamente. El otro un cliente nuevo, muy joven e inexperto. Buena onda. Se veía que hizo un esfuerzo para darse el gusto y, francamente, cogimos muy rico y platicamos a todo dar. Me quedé con él casi dos horas, platicando se me pasó el tiempo. Después anduve como hormiguita, haciendo cosas de un lado para otro, sin parar.
Cuando lo vi a él ya era noche y, francamente, estaba cansadísima. Como te decía, me recosté a un lado suyo, desnuda, en posición fetal y él, haciéndome cucharita me abrazó y comenzó a hablarme al oído. Me quedé dormida.

Desperté como a los quince minutos, cuando sentí sus manos acariciando mis nalgas. Lo sentí tocarme, pero no pude reaccionar. Estaba consciente, pero el cansancio mantenía mi cuerpo quieto, como esperando a que la fuerza regresara para poder abrir los ojitos y acabar de despertar. Me estiré un poco para recuperar bríos, respiré tan hondo que aquello se convirtió en bostezo. Me volteé y me le quedé mirando de frente, su media sonrisa, sus ojos verdes y diminutos, sus cabellos delgados y alborotados. Sentí de inmediato su aliento en mi cara. Era fresco, a pasta de dientes. Intentó besarme, pero yo seguía muy adormilada para responderle. Poco a poco el beso terminó por devolverme el alma al cuerpo, sentir primero sus labios tibios paseando sobre los míos y, después, rendirme a la calentura, corresponder a los mimos, abrir los labios, probar su boca, sentir su lengua. Fue un despertar sabroso, intenso, como de cuento de hadas. Claro, que si a Blancanieves o a la bella durmiente las hubieran despertado como a mí, no habría sido clasificación propia para niños, pues además de estar desnuda, sentía su erección creciendo y rozándome el muslo. Eso me excitó muchísimo.

Él se metió bajo las cobijas, conmigo recostada boca arriba, fue bajando por mi cuerpo alternando caricias con sus manos y sus labios. Experimenté sensaciones exquisitas, de esas cosquillitas que se cuelan entre mis piernas y me hacen lubricar. Lamía, olía y acariciaba con paciencia distintas partes de mi cuerpo. Naturalmente se detuvo en mis tetas. Se quedó un rato mirándolas, luego las acarició delicadamente, siguiendo su contorno, haciendo círculos en ellas con sus manos, apretándolas un poco y lamiendo mis pezones tremendamente endurecidos.

Bajó a mi ombligo y luego a mi sexo. Con sus manos acariciándome el vientre, pude sentir su nariz abrirse paso por mi pubis y aspirar profundamente. Un calor intenso me recorrió en ese momento, sentí sus manos apretar mis muslos y separarlos suavemente, su cabeza hundirse entre mis piernas y su aliento cálido soplar sobre mi vulva que ya sentía anhelante, hinchada y deseosa. Lo dejé hacerme lo que quiso. Puse mis manos en su cráneo y apreté su cabello con mis uñas. Él recorrió con su lengua los pliegues de mi vagina recogiendo la humedad de mi deseo, luego sopló hacia mi clítoris provocándome un estremecimiento maravilloso, cerré los ojos y sentí como si las venas de todo mi cuerpo recibieran la caricia de cientos de hormiguitas caminando. Fue un orgasmo fulminante, rápido, inesperado. Maravilloso.

Hicimos el amor un buen rato. Lo hizo despacio y bien, como siempre. Es un buen cliente, atractivo, inteligente y de una seriedad que intimida. No es del Distrito Federal, pero cuando viene llama y me contrata por dos o tres horas, eso sí, siempre tardísimo. Sé que en su estado es una persona importante, con mucha gente a su cargo y una apretada agenda de trabajo. Hace el amor espléndidamente y, a pesar de su seriedad, en la cama tiene muy buen sentido del humor. Estuvimos platicando un rato, desnudos y abrazados. Generalmente hablamos sobre él, pero esta vez prefirió preguntarme de mis cosas, de mis proyectos. Le alegró saber que terminé la escuela y estoy por titularme. No sé cuánto tiempo platicamos, pero volví a quedarme dormida.

Desperté a mitad de la madrugada, me duché, me vestí y me fui. En la mañana desayuné con Mat. Quedamos de vernos porque según dice, me consiguió chamba. Me propuso que en unas semanas puedo comenzar a trabajar en la empresa donde él está. No iría de manda más, al contrario, habrá que entrar de abajo a picar piedra, no me haría rica, pero si podría comenzar a poner en práctica lo aprendido en la escuela. Quedé en pensarlo.