martes, 23 de abril de 2013

SOY PROSTITUTA ? POR "LULU PETITE"

Supongo que soy exhibicionista. Me gusta esta sensación de sentirme observada, leída, que algunos me acepten y se calienten con mis relatos, que a otros probablemente los incomoden. Admito que en eso radica para mí el placer de escribir. La idea de ir construyendo en letras, imágenes más o menos fieles de lo que pasa en mi cama, bajo mi ropa, con mis amantes. Desnudarme no ante uno, sino ante cientos o miles; hacerlo frente a ti, que lees ahora estas palabras y sabes que la mujer de la foto que ilustra el texto que estás leyendo, soy yo. Que sepas que estoy al alcance de tu mano, a una llamada de distancia. Que eso que sucede con cualquiera cuando me besa, cuando me quita la ropa, cuando me separa los muslos y me la mete, puede suceder contigo o con cualquier otro.

Probablemente eres mi cliente y ya hemos hecho el amor o alguien que conoces lo ha hecho conmigo. También es posible que no, que no hayamos estado juntos antes y que, tal vez, nunca lo estemos en la vida real, pero me estás prestando tu tiempo y sabes que soy prostituta. Sabes que todos los días enciendo mi teléfono para esperar llamadas, quizá un día la tuya, para encontrarme con hombres en moteles, desnudarme frente a ellos, llevarme su sexo a los labios, besar sus bocas, hacerles el amor.

Sabes que en este preciso instante, mientras lees esta línea, puedo estar recibiendo la llamada del próximo cliente o manejando rumbo al motel donde me espera un hombre con ganas de sacarse las presiones del día con una espléndida terapia de besos, caricias y amor. Podría ser ¿Por qué no? Que estés leyendo esto justo en la habitación de un motel y yo esté en la recepción, anunciando que voy a pasar a tu cuarto para hacerte vivir un momento inolvidable. Para cogerte como mereces y tratarte como una novia tierna, cariñosa, pero sobre todo cachonda y con ganas de gozar con tu hombría.

Por eso a veces, cuando estoy con un cliente, pienso en ti. Sí, en ti apreciable lector. Debes saber que pienso en ti muy seguido. Imagino cómo serás y te pienso leyendo, trato de suponer con qué puedo hacerte reír y con qué puedo estimular tu imaginación, provocarte una erección o, ¿por qué no?, inspirarte una chaqueta. Por eso cuando digo que pienso en ti cuando estoy trabajando, quiero decir, que pienso en cómo voy a describirte lo que me está pasando, cómo voy a narrar las cosas que veo, lo que siento, las caricias, los besos, la penetración, el orgasmo.

Cuando un desconocido entra en mí y comienza a moverse, a veces me abrazo de él y pienso en cómo lo estoy gozando, lo sabroso que se siente, lo bien que lo hace y decido contarte cada detalle, compartirlo contigo y cubrir así mi dosis de exhibicionismo.

Desde ese momento comienzo a pensar, cómo ir convirtiendo en palabras las emociones, los calores, la lubricación, los fluidos. Cómo describir de una manera que no termine pareciendo repetitiva, lo que se siente cuando el cuerpo te regala un orgasmo: la taquicardia, la luz cegadora, la descarga de dopamina que te hace sentir un disparo de caricias deliciosas por cada vaso de tu torrente sanguíneo. Decirte cómo se me ponen coloradas las mejillas, y mis ojos se resisten a abrirse, de cómo aprieto la pelvis y voy perdiendo fuerza en el resto de mi cuerpo mientras libero un suspiro a veces sereno, otras convertido en grito.

He de admitir que me encanta pensar en lo que harás cuando me leas. Si estarás frente a otras personas y te ruborizarás porque se te antoja y no puedes demostrarlo, si estarás en pareja y te inspirará para intentar cosas nuevas, si te entrarán ganas y pensarás en llamarme o buscar a alguien más, una profesional, una amiga, una amante, una novia o a tu esposa, a alguien con quién sentir vivo tu cuerpo, listo para darse, sentir joven tu espíritu y delicioso tu orgasmo. También me encanta pensar que me lees y vas imaginado cada cosa, y cuando te cuento de los besos sientes que el sexo te palpita, y cuando hablo de la penetración, de los movimientos, del ritmo, comienzas a masturbarte. Que mientras me lees tocas tus genitales y te provocas un orgasmo, logrando que el placer que le trabajé a un cliente se multiplique en muchos, muchísimos más orgasmos.

Me encanta imaginar esto así, aunque no suceda, que mi exhibicionismo de escritorio, ponga muchos ojos sobre mí. Sentirme observada, leída, que algunos me acepten y se calienten con mis relatos, que a otros probablemente los incomoden. Me apasiona ir dejando en capítulos breves, esas provocaciones que nos hacen sentir deseo. Querer penetrar o ser penetrada, compartir besos, imaginar, darle rienda suelta a nuestros deseos y perdernos en ellos. Total, me cae que no es cierto eso de que salen pelos en las manos.