jueves, 18 de julio de 2013

"Su primera vez" Por Lulú Petite

Resulta que hace rato me comí un polluelo. Bien chavito el condenado. Apenas llegué del motel y comencé a escribir, así que en este momento aun siento en la boca el sabor de sus labios temblorosos.
Tú sabes que no me gusta atender clientes demasiado jóvenes. No es que me impaciente la inexperiencia, eso puedo manejarlo, pero estoy convencida de que entre más maduro haces ciertas cosas, mejor las asimilas, por eso no atiendo a nadie que no pueda demostrar, al menos, que es mayor de edad.

No es mala onda, sencillamente no quiero dar el kalimbazo, además, hay una edad para todo. No sé si psicológicamente dieciocho sea la correcta, pero en esas cosas me atengo a lo que dice la ley.

Por eso hoy, cuando él abrió la puerta, actué con desconfianza. Se veía muy chavito para andar en estos trotes. Flaco, bajito, moreno y muy tímido. Se llama Juan y tiene pinta de inteligente. Me quedé en el quicio de la puerta y no entré a la habitación hasta que revisé su credencial de elector. Ok, se ve chavito, pero tiene veintiún años ¿Seré paranoica?

Ya platicando con él, me cayó bien. Estudia la Universidad, trabaja y en sus ratos libres le gustan los videojuegos. Me explicó de cuáles, pero no le entendí un carajo, algo así como de roles, pero yo los únicos roles que conozco son los de canela Bimbo, así que no intenté averiguar más. Es divertido, pero se pone muy nervioso con las chavas y simplemente no se anima a buscar novia. Por eso decidió llamarme. Si el romance no es lo suyo, de algún modo quería desquintarse.

Te sorprenderías de la cantidad de chavos que existen así. Tímidos hasta la exageración e incapaces de socializar, especialmente con chicas. Se les nubla el entendimiento, se autosabotean y van cargando indefinidamente con el estigma virginal.

Me cayó tan bien que cuando me dijo que conmigo sería su primera vez, decidí que, al menos, fuera una buena experiencia. Estoy segura de que se la pasó de maravilla, de que lo traté muy bien y, también, de que fue para él una manera bonita de descubrir la sensación de compartir una cama con una mujer desnuda, de intercambiar besos, de acariciar unos pezones, de sentir un tacto femenino acariciar su sexo, de entrar en el cuerpo de una mujer y de venirse a mitad de un beso de lengüita.

Sé que la pasó bien y que se fue convencido de haber invertido bien su dinero, sin embargo, y a pesar de que no es la primera ni será la última vez que algún cliente decida vivir esa experiencia conmigo, la verdad es que soy de la idea de que la mejor manera de iniciar tu vida sexual es a fuego lento, con amor en el pecho y ese trabajo de convencimiento y calentura que lleven a una chica a darte por puro placer, lo que yo entrego por negocio.

Está bien, a pesar de todo soy romántica y, aunque sé que en la mayoría de los casos la primera vez es desastrosa, creo que aunque con una profesional la experiencia puede ser más certera, vivirla con alguien que te quiere y a quien quieres, le pone una magia que no se encuentra en el sexo de paga. En cualquier caso, no es una decisión mía y si alguien decide hacerlo conmigo, lo atiendo. Como me dijiste aquella vez que no quería coger contigo ¿recuerdas? “Hay que ser profesional”.

¿Te he contado de la primera vez que me acosté con un virgen? Supongo que por eso no me gusta atender a clientes muy jóvenes.

Fue en tiempos de la agencia, con el hada. Yo también estaba súper chavita y, a decir verdad, él era mucho más cercano a mi edad que cualquiera de los clientes con los que había tenido relaciones antes. Qué digo, clientes, era más de mi edad que cualquier persona con quien hubiera cogido hasta entonces.
Me cayó bien, pero llegó con unos nervios de los mil demonios. Eso es muy común en los primerizos. Cuando entré a la habitación, él se quedó quieto y mudo. No hacía el menor intento por tocarme y respondía mis preguntas con monosílabos: “sí”-“no”. Sé que tenía más ganas de irse que de coger, pero cuando se lo pregunté me dijo que quería intentarlo.

La idea de ir con el hada no había sido suya. Su papá decidió llevarlo para que se desquintara. Me parece absurdo pensar que tener relaciones con una profesional pueda ser algo así como un rito de iniciación, pero hay quienes piensan así.

El chavo no lo disfrutó, acabamos rápido y terminamos gastando el resto del tiempo en conversar. Yo también estaba empezando y mis dotes de guía de turistas sexual aún no estaban desarrolladas. Creo que habríamos podido ser buenos amigos si nos hubiéramos vuelto a ver. Yo necesitaba conocer gente de mi edad y él, necesitaba vivir su edad sin presiones estúpidas.

-¿Puedo volverte a ver?- Me preguntó Juan cuando nos despedimos
-Claro, cuando quieras- Respondí dándole un beso y vine de inmediato a comenzar a escribir, mientras sintiera aún sus besos en mis labios.