sábado, 9 de noviembre de 2013

El órgano sexual por Lulù Petite

Dicen que el órgano sexual más importante es el cerebro. Yo creo que quienes lo afirman, saben de qué hablan.


Quien piense que el sexo se limita nuestros genitales, tiene una visión muy limitada del paisaje. Es como pensar que Disneylandia es sólo Mickey Mouse. Todo nuestro cuerpo es parte del sexo.

Para empezar, la piel es el órgano más grande de la anatomía humana. Cubre prácticamente todo y en cada segmento tiene terminales nerviosas que nos provocan sensaciones distintas. Una lengua en los pezones o un apretón en las tetas, no es lo mismo que una caricia en los muslos o un roce suave entre las nalgas. Tenemos también labios, ojos, olfato y oídos para hacer de la experiencia sexual un perfecto coctel de sentidos, en el que todos participan y ninguno lleva mano.

Lo cierto, es que a pesar de eso, lo que más estimula el acto sexual lo tenemos en el cráneo. Para bien o para mal, en el cerebro se fabrica el deseo. Cuando empiezas a pensar en sexo, tu cerebro manda al cuerpo las instrucciones para producir las sustancias y provocar las reacciones que hacen tu vida más placentera.

Te propongo, por ejemplo, que respires profundamente.

Ahora mira la foto en el periódico que ilustra esta colaboración ¿Qué te gusta? Soy yo, la misma que ahora escribe estas líneas para ti. Ahora imagina que no todo va a terminar con mirar la foto. Supón que hoy decidiste llamarme. Te instalaste en un motel y, con el periódico en mano, estás esperando a que yo llegue.

Te gustan mis pechos. En la imagen se ven redondos y firmes ¿No te parece? Tú quieres comprobar si así son, cómo se sentirá tocarlos. Al centro, con un tono de piel un poco más oscura, te llaman la atención mis pezones. Se ven duros y redondos. Invitan a que los pruebes, a que pongas en ellos tus labios ¿A qué crees que sepan? Serán salados, como es la piel habitualmente o tendrán un ligero sabor a vainilla por el toque de perfume que me pongo después del baño. Probablemente no te importe, pero ves estos pezones y quieres tocarlos, para eso están aquí, pagas para que te los preste y puedas jugar con ellos, acariciarlos, lamerlos, saborearlos. Te pertenecen por un rato. Ven bebe de ellos.

¿Te gustan los besos? ¿Ya pensaste cómo me besarías? No dejes de imaginar que eres tú quién está conmigo. Probablemente lo hagas despacio. Primero apretando tus labios contra los míos, probando la carne de mi labio inferior, sintiendo mi piel estremecerse y mi boca acostumbrarse a la tuya. ¿Te imaginas nuestras lenguas saboreándose? Tus manos ¿dónde estarían? ¿En mi espalda?, ¿en mi cintura?, ¿en mis nalgas? Supongo que eres de esos que no pueden dar un beso en los labios sin dar también un discreto apretón de glúteo, ¡va! ¡Me gusta!

Supongo que ya te has formado una imagen de mi rostro. No lo conoces, pero lo imaginas ¿Sabes cuándo me veo muy linda? Cuando me la están metiendo. Dicen que entrecierro los ojitos, mi boca se abre un poco, mis mejillas se sonrojan y suelto un gemidito suave, que certifica que has entrado, que te siento. Me encanta sentir el miembro de un hombre abrirse paso entre mis piernas, clavarse, clavarme.

Tú allí estás, con tu sexo firme y tu cuerpo moviéndose. Mirando el mío, acariciándome, escuchándome gemir, rogarte que no pares. Sabes que me tienes, que soy tuya, que te pertenezco. Has pagado por ello y yo estoy haciendo valer cada centavo que has invertido. Me la metes hasta el fondo. Yo me agarro de tus brazos y, viendo que estás por terminar, me pego a ti, endurezco mi pelvis, siento cómo revientas y, yo también, encantada, tengo un espléndido orgasmo.

¿Qué tal? ¿Lo imaginaste todo? ¿Verdad que tienes ganas de coger conmigo? ¿A poco no te dieron ganas de llamarme y hacerme cada cosa que imaginaste? O si no es conmigo, con quien sea, pero ¿verdad que te dieron ganas? ¿Qué tienes que sacarte aunque sea a jalones los malos pensamientos que acabo de sugerirte? Así es el cerebro, el órgano sexual más potente de todos.

¿Por qué lo digo ahora? Muy sencillo. El cerebro es traicionero. Quiero mucho a Mat, pero como amigo. Mi cerebro, desde que empezamos a hacer más cercana nuestra amistad, le fue restando puntos como pareja sexual. Lo hacíamos, porque era mi cliente, pero francamente no lo disfrutaba. Algo en mi cabeza me decía que estaba mal, que los amigos no se cogen.

El caso es que, llegado el día, hablé con él y muy a su pesar decidí que no nos acostaríamos más. Al principio él quedó dolido, pero se recuperó y nuestra amistad siguió de maravilla. Es más, la sentí mejor.

De pronto, Mat, sin dejar de ser cariñoso conmigo, cambió. Dejó de tratar de conquistarme, de buscar mis ojos, de verme como si quisiera comerme. Me gustó. No sé, algo en él comenzó a hacerlo a mis ojos, más interesante. Hace unos días, por ejemplo, platicando con él de sexo, me puse cachonda. Ya lo he dicho, el primer paso para que puedas entrar a la cama de una mujer es que ella te imagine allí. No sé, pensé que tal vez me gustaría recibirlo, pero ya no como cliente.

Pinche cerebro. Es el órgano sexual más poderoso, pero es bien traicionero. Me cae.