viernes, 22 de noviembre de 2013

Sorpresa para mi Hermanita

Quisiera contarles lo que sucedió en un fin de semana largo. Cuando mi hermana decidió pasar esos días conmigo. Ella es un poco mayor que yo y está casada. Era muy conservadora en su forma de vida y pensamiento. Pero debido a que había pasado mucho tiempo sin vernos, ella decidió venir a mi casa y que pasemos unos días juntas. Llegó el viernes por la noche y quedamos hasta tarde hablando. Pero ya avanzada la hora nos fuimos a la cama a seguir charlando. Allí ella me pregunto acerca de mi vida sentimental, a lo q le respondí que era nula y q solo era sexo. Atónita trató de corregirme, a lo que aproveché para contarle algunas de mis anécdotas. Al comienzo pareció horrorizada, luego algo curiosa, porque me empezó a hacer preguntas. Y al final hasta la note interesada, porque ya sus comentarios no parecían opiniones, eran como sugerencias de gustos.


Así que apagué la luz, encendí la televisión y puse un canal para adultos. Al comienzo miraba como avergonzada, pero luego la noté compenetrada. Yo me dormí, y al rato desperté, pero estaba todo oscuro y ella no estaba en la cama. Me levanté silenciosamente y fui a ver donde estaba. Frente al televisor de la sala, ella miraba otra película porno, mientras se acariciaba por encima de su ropa interior, jejeje. Con el mismo silencio me volví a acostar y me dormí, pensando un plan para el otro día.

A la mañana, preparé un rico desayuno, y nos fuimos de compra. Sorpresa para ella, porque fuimos a ver lencería hot. Pero no para mí, sino para ella. Parecía que se moría de vergüenza pero al final terminó muy entusiasmada, haciendo planes para sorprender a su marido. Aunque ni se imaginaba como ella iba a ser sorprendida.

Volvimos a casa, nos dimos un baño, y nos probamos la ropita.

A la verdad nunca había visto a mi hermana de esa manera. El conjuntó le quedaba tremendo. Las medias blancas terminadas en encaje y sujetadas desde el portaligas también de encaje, resaltaban sus curvas inferiores…

Y por encima un lindo camisolín de tul con combinaciones en encaje a la altura de sus pechos, para que la imaginación busque distinguir entre las transparencias. Y el broche de oro era una muy linda tanguita de tiras con tul, que le resaltaba las caderas y redondez de su cola.

Así que bromeamos un poquito y le propuse que viéramos una porno, pícaramente me asintió y ahí fuimos. Entre comentarios guarros, risas y algunas suaves caricias, en el cálido ambiente, le dije que todavía tenía una gran sorpresa para ella. Me miró a los ojos, sólo dijo, mmmmmmm ¿Qué será? Hasta ahora todo está muy bueno, aunque me da un poquito de miedito…

Solo pasaron unos minutos y sonó el teléfono del portero, a lo que sólo dije: ok. Ella me quedó mirando pero sin entender. Esperé unos segundos, escuché el ruido del la puerta del ascensor y me dirigí a abrir la puerta de mi departamento. Había invitado a mis amigos, Carlos, Luis y Mario. Los invité a pasar a la sala de estar, dónde estaba mi hermana. Aunque el saludo en la puerta, fue bastante meloso, con algunas caricias especiales, ya que les entusiasmo que los esperara vestida de lencería. Pero el espectáculo estuvo en verlos a los tres, sorprenderse y clavarles la mirada a mi hermana, que como muriéndose de vergüenza estaba en el sofá sonrojada y tratando de disimular. Los muchachos, muy gentiles, fueron directamente a saludarla, a lo que ella tuvo que ponerse de pie, y no sólo fueron besos en su mejilla, sino que aprovecharon también para darle algunas suaves, pero atrevidas caricias, y además mirarla, cuanto se podía.

Pero apenas pudo, ella se escabulló y me llevó a la habitación. Y me recriminó… pero la calmé y le pedí que no me hiciera quedar mal con mis amigos, que no estaba obligada a nada de lo que no quisiera, quiso cambiarse la ropa, pero la convencí de que no me dejara a mi sola así. Y volvimos con los muchachos.

Aunque ella buscó sentarse como un poquito apartada, pero eso todavía les dio a los chicos la oportunidad para apreciarla mejor, ya que con esos nervios, justamente, habían provocado que sus pechos quedaran turgentes y entre las transparencias se resaltaran sus pezones. Y queriéndose cubrir la bombachita, dejaba a la vista, sus largas piernas, mostrando sus bien formados muslos.

Serví unos tragos, y aunque mi hermana nunca bebía, esta vez aceptó, como para tomar un poquito de coraje. Puse algo de música suave y la invité a bailar. Y aunque seguía algo enojada y avergonzada, le hablé suave al oído y le pedí que no me arruine la noche. Así que cedió y fue aflojándose, mas cuando le empecé a relatar al oído como los muchachos, mientras bailábamos, le miraban el culo, y ella lo comprobaba ya que me decía lo mismo de mi. Entonces empecé a acariciarla un poco por su espalda y aprovechando para levantarle el camisolín para que se viera un poquito mas de su culo y la tanguita blanca que llevaba. Y parece que ella estaba empezando a disfrutarlo también, porque me empezó a hacer lo mismo y a los chicos esto les estaba gustando cada vez más. Sus bultos empezaron a notarse por encima de sus pantalones y sin ningún reparo, empezaron cada uno a acariciar su miembro. Le susurré a mi hermanita que esto lo estaban haciendo porque se habían calentado con ella, y una risita como de placer, se escapó de ella.

Aproveché que estaba relajada y le dije, que yo iba a bailar con Luis y con Mario, y ella si quería (yo se lo recomendaba) podía hacerlo con Carlos.

Lo miré a Carlos y le hice seña, sin que mi hermana lo note, para que viniera por detrás y la tomara para bailar. Y cuando la tomó por detrás, yo no la solté, así que no pudo escabullirse. Se sobre saltó, y volvió a tensarse otra vez, me pareció que Carlos se había arrimado mucho, como que la estaba apoyando y como su pedazo bastante generoso, comprendo por qué sentí que el ritmo cardíaco y de respiración de mi hermana se había acelerado. Carlos le hablaba al oído, mientras respiraba suavemente desde atrás en su cuello. La elogió por la cola redonda y muy sexy que tenía. Le decía cosas como que si esa cola tenía dueño, él era bendito y que le encantaría, no sólo tener su cola, sino todo su cuerpo.

Los dejé solos, y me fui a bailar con Luis y Mario, me puse en medio de los dos y bailamos mientras nos besábamos y cómo ellos ya estaban acostumbrados, empezaron a franelearme como para ponerme a la temperatura justa.

Mientras podía, espiaba a mi hermana y a Carlos, y vi que ya estaban bailando frente a frente. Que por encima del camisolín, por la cintura de ella, muy sutilmente fueron bajando las manos de Carlos, como direccionadas a la cola, pero bajando primero a sus muslos, y los acariciaba con suavidad con movimientos ascendente y descendentes. Y en cada vez que lo hacía, un poquito mas iba hacia el centro de su cola y por debajo del camisolín. Y aunque ella trataba de poner algún límite, Carlos le hablaba suave al oído, y de a poco fue ganando terreno hasta que vi sus manos apropiarse de todo su culo. Y esto ya marcó la derrota de toda resistencia, porque a partir de ahí, Carlos comenzó a besarle los hombros, siguió por su cuello y cuando mi hermana entregó su boca, y hasta se vio que involucró apasionada su lengua; Carlos entendió que sus manos tenían libertad de transitar. Y sin sacar una de sus manos del culo, con la otra fue directamente a buscar sus tetas, acariciarlas por encima del camisolín y jugar con los pezones, mientras continuaba hábilmente susurrándole guarradas al oído y en un momento, como haciendo caso a un pedido, ella le guio su cabeza hacia abajo, buscando sus pechos, él dejó que le guiara, y subió su otra mano para tomar cada teta con una y por encima del tul, comenzó a besarlas, chuparlas y acariciarlas, pero ella acompañó desatando el nudo de cinta de raso para abrir el camisolín y dejarlo directamente en contacto con su piel. Tenía sus pechos erguidos por la calentura, Carlos los tomó y les comió los pezones con gran entusiasmo y ella me miró mordiéndose los labios, mostrándome que lo estaba disfrutando. Así que dejé de preocuparme y me dediqué a mis muchachos.

Mientras Mario y Luis me desnudaban y chupaban completa, me era inevitable mirar a mi hermana que parecía una verdadera puta y por eso se los relato. Ella me inspiraba y calentaba para coger con los chicos, y ellos lo supieron aprovechar muy bien y después supe, que también los calentaba.

Carlos dejó de lamerle las tetas, subió otra vez a buscar su boca y besarla mientras tomaba una de las manos de mi hermana y se la lleva hasta su bulto, le hizo abrirle la bragueta y sacar su pedazo de carne. Él no dejaba de besarla y ella, ahora, de pajearlo. Fueron unos segundos hasta que ella logró desprenderse de su beso, para observar lo que tenía en su mano, y con sus ojos llenos de asombro, miró a Carlos, sonrió y sólo le salió un ¡WOW! Y con ella siguiéndole con los ojos, él se sentó en el sillón y la guió de la mano para que se arrodillara y se la chupara. Casi no había palabras, se entendían por el deseo. Y deseo era lo que se notaba en cada chupada y lamida que le daba. Se notaba que ella lo disfrutaba y había hecho como suyo ese pedazo de carne. Mientras tanto Carlos terminó de desvestirse y luego terminó de sacarle el camisolín a ella.

Él se puso de pie y la hizo poner de rodillas sobre el sofá y apoyada contra el respaldo. Se tomó unos segundos para apreciarle y acariciarle el culo, le corrió la blanca tanguita, separó un poco mas sus piernas y le arrimó su verga hasta la jugosa entrada de su vagina y se detuvo un momento allí, hasta que ella lo miró como pidiendo que se la metiera.

Como haciéndola desear, o tal vez disfrutándola, se la empezó a meter suavemente y por parte. En ella se dibujó una satisfactoria sonrisa, pero después de la tercera o cuarta bombeada, ella misma fue la que en su movimiento se la metió casi toda y Carlos entendió lo que le estaba pidiendo.

Así que Carlos la tomó de la cintura y le metió suavemente toda la pija, hasta que sus huevos chocaran contra ella. Y con sus ojos cerrados, como buscando el punto de mayor disfrute, se le dejó adentro un instante pero después empezó a meterla y sacarla cada vez con mas intensidad y siempre hasta el fondo. Los gestos de placer de mi hermana, dejaron de serlo para convertirse en gemidos de saciedad. Sus tetas que habían estado turgentes pasaron en su vaivén de cada embestida, de esa turgencia a una tremenda firmeza que adoptaba por la excitación.

Mario y Luis estaban como locos y me clavaban como si fueran dos adolescentes. Y a mí me encantaba.

Carlos estaba super concentrado, pero como buscando un descanso, acostó a mi hermana en el sofá, le abrió las piernas a pleno y se zambulló en su concha, tal como si le estuviera comiendo la boca, le chupaba la concha. Ella, como si se hubiese abstraído del mundo, sólo estaba inmersa en esa relación y mientras la lengua de Carlos la cogía, ella se acariciaba las tetas y las amasaba como queriendo sacarles toda la energía del placer que sentía. Especialmente cuando Carlos le descubrió el ano con su lengua y también se lo lamía, nunca antes se lo habían hecho y le encantaba, aunque no fue lo mismo cuando quiso meterle un dedito, pero Carlos sabía que era cuestión de tiempo con la calentura que tenía ella.

Así fue que mientras la chupaban y cogían con la lengua, ella ya no pudo controlar toda esa energía y tuvo que dejar escapar toda la fuerza de su primer orgasmo. Y cuanto más fuerte era, más énfasis le ponía Carlos a su vagina. Tanto que cuando ella hubo acabado y estaba sin fuerzas, él se metió entre sus piernas y otra vez le metió la pija sin dejarla descansar y ahora él se convirtió el único al mando.

Mientras se la hacía sentir hasta el fondo, él le buscó la boca y se vio como se comían las lengua de manera desaforada, ella lo rodeó con sus piernas por su cadera, cómo asegurándose que la verga no se le salga ni un instante y con sus manos tomaba por detrás su cabeza y lo guiaba para comerle la boca, pero también lo llevaba por su cuello mientras ella gemía y le pedía que siga, incluso lo bajó hasta sus tetas para que se las chupara. Y Carlos aprovechaba esas tiesas tetas lamiéndolas y succionándole los pezones, como si fueran riquísimos caramelos. Ella se arqueaba y lo llevaba de una teta a la otra, mientras se remordía los labios.

Con todo ese espectáculo y dos pijas dentro mío, me sobrevino de manera incontrolable el espasmo de un tremendo orgasmo y que me hacía caer rendida sobre el pecho de Mario.

Luis me la sacó de la cola y se fue a dársela a mi hermana para que se la mamara. Carlos salió de encima de ella y se sentó a su lado en el sillón. Ella no quiso dejar ir su pija y la agarró de inmediato, se levantó y se la empezó a chupar llena de agradecimiento por la cogida que le estaba dando, mientras su cola había quedado a disposición de Luis, que no necesitó una orden para penetrarle la concha desde atrás. Y cuando se la metió se dio cuenta de lo caliente que tenía la vagina, de lo mojada y dilatada que estaba. Por eso se la metía con fuerza y se oía el sonido del golpeteo contra el culo. Y entre tanto, ahora Luis, le fue presentando su dedo mojado en la puerta de su ano, a lo que ella no reaccionó, tal vez porque estaba muy concentrada en la pija de Carlos que se estaba chupando, o en la de Luis que se la estaba cogiendo. Pero los cierto fue que en pocos segundos Luis le estaba metiendo y sacando el dedo en la cola, y cuando lo empezó a hacer con más intensidad mi hermana lo miró por encima de su hombro y él, pensando que le reprendería, le preguntó si quería que siguiera, ella sonrió y sólo dijo: -Me encantaaa!!

Luis volvió a aprovecharse de lo perra que estaba, y como él sabía de otras oportunidades, sacó de debajo de un almohadón en el sofá, el lubricante y empezó a regarle el culo, chorreándole hasta la concha. Y despacio fue abriéndole la cola con los otros dedos.

Cuando estuvo dilatada, le sacó la pija de la concha y le presentó la cabeza en la puerta de la cola y entonces, mi hermana, quiso negarse, pero Carlos le metió la pija en la boca para que la siga chupando y Luis siguió empujando suavemente hasta que llegó a hacer tope con los huevos contra la cola, ahí le bombeó suavemente algunas veces pero después se la cogió con todas las ganas y mi hermana sólo respondió acariciándose la concha y pidiendo, casi súplica, que siga!!!

Ahora con la verga en la cola, ella volvió a tener un orgasmo que la hizo temblar y caer acostada sobre el sofá.

Mientras tanto yo cabalgaba sobre Mario en la alfombra y estábamos casi llegando al clímax cuando me puso en cuatro y desde atrás me estocaba para llegarme a acabar.

Luis, sin sacarle la pija de la cola a mi hermana, se recostó sobre el sofá, con ella encima de él y Carlos, volviendo al ruedo, le sostuvo las piernas y la abrió para volver a penetrarla en la vagina, ella nunca había hecho nada parecido, pero en ese momento estaba descolocada y se iba a dejar hacer lo que quisieran. Por eso, por primera vez se estaba comiendo dos porongas al mismo tiempo y mientras se la metían y sacaban ella los calentaba mas pidiéndoles que se la den más dura y tanto fue, que se los sacó de encima, se giró, metió la verga de Luis en su concha y le pidió a Carlos que le metiera esa enorme pija en el culo. Los muchachos no pudieron aguantarse ante los pedidos de que se la metan más adentro y otros, y estuvieron unos pocos minutos mas adentro de ella, y pronto sacaron sus vergas, la acostaron sobre la alfombra y le dieron un abundante baño de leche, especialmente sobre las tetas y su cara, ella terminó lamiéndoles las vergas para dejarlas limpitas, y con la cara empapada en leche, mientras Mario también me había acabado en la boca, ella vino y me dio un pico, y en voz baja me decía “gracias por la sorpresita”…

Mi hermana se fue a dar un baño, los chicos se vistieron y se fueron, y a la mañana siguiente nos dormimos hasta muy tarde y ella al despertarse me pidió una aspirina, porque le dolía todo el cuerpo…

Ese día su vida cambió… no volvió a ser la misma.

ANONIMO