sábado, 25 de enero de 2014

Las perversiones de mi vecino

-¡Hola muñeca!-


Me encontraba en la zotehuela de mi casa vestida muy provocativamente, estaba por cruzar la puerta para entrar cuando escuché una voz que me resultó algo familiar. Me quedé pasmada después de escuchar ese saludo. Un sudor frio recorrió todo mi cuerpo. Sin medir las consecuencias mi giré rapidamente para ver de quién se trataba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me topé con la mirada morbosa y embelesada de...¿mi vecino?.

-¿Pero qué estás haciendo aquí?¿Por dónde entraste?-Mi aspecto era completamente femenino pero mi voz se escuchó grave y con tono molesto. Cometí el error de hacerme hacia atrás y la puerta se cerró empujada por el viento.

-¡Tranquila muñeca!Eso es lo de menos, mejor preocupate de que te he encontrado vestida como una puta suculenta. No es la primera vez que te miro vestida de esa forma. ¿De verdad crees que nadie te observaba al salir al patio? Tuve la fortuna de escuchar el sonido de tus zapatillas y animado por la curiosidad miré a través de mi ventana, tú no te diste cuenta porque te encontrabas lavando no se qué. Al principio pensé que se trataba de una mujer no conocida pero hubo un instante en que te volviste y entonces pude reconocer tu rostro. Cuando ranudaste tu tarea te inclinaste y el viento levantó tu falda permitiendo que viera tus medias, los broches de tu liguero y parte de la tanga entre tus nalgas. ¡Por eso estoy aquí!-

Conforme hablaba me fue acorralando entre él y el lavadero. Su estatura y corpulencia eran imponentes por lo que no hubiera tenido la menor oportunidad de hacerle daño si me hubiera decidido a atacarlo.

-¡Qué rica te ves vestida asi putita!¡Creo estás de acuerdo en que no puedes pedir ayuda!. Quien se atreva a venir te vería vestida así y creo que eso no te conviene, ¿qué diría tu familia o algún otro vecino?-

Me quedé sin habla. Acepté que tenía razón así que me decidí a encarar la situación de la mejor manera.

-Estoy de acuerdo contigo, a los dos no nos conviene armar un escándalo. ¿Qué es lo que quieres, porqué estás aquí?-El tono de mi voz se suavizó y mi imaginación respondió mis últimas dos preguntas.

-¡Así está mejor putita!. Me sorprende que me preguntes lo que quiero. ¿Qué he de querer al tener cerca a una puta tan suculenta como tú?-Y llevó su mano derecha a la entrepierna estrujando el bulto prominente que se marcaba debajo del pantalón.



Me encontraba completamente sola en casa, aún había luz de día y tenía cuatro horas por delante. Estaba en franca desventaja. No tenía opción así que le dije que hiciera conmigo lo que quisiera y renuncié a mi actitud defensiva.

-No necesitas detallarme lo que deseas. Solo prométeme que en cuanto terminemos te olvidarás de mí y no volverás a buscarme-

El ya no argumentó nada más. Se acercó a mí y extendió su mano derecha como si fuera a saludarme, Yo extendí la mía y la tomó sin vacilar, la fue levantando y con el movimiento me obligó a girar mi cuerpo delante de él; me dejó a la mitad del giro con la mano levantada y sin soltarla, mientras que con la otra mano levantaba mi falda admirando mis nalgas. Pasado un rato me giró de nuevo para quedar frente a frente. Se acercó nuavemente a mí, colocó ambas manos en mi cintura y me fue empujando hacia el lavadero. Recargué las nalgas en la piedra y aprovechó para tomar la bandeja que estaba sobre el agua, la acomodó cerca de la orilla en la parte donde se talla la ropa, para ese entonces yo me encontraba inmóvil e intrigada por tantos preparativos, no adivinaba las intenciones que tenía.

-¡Hueles rico putita!-Y sorpresivamente me levantó sin mucho esfuerzo y me sentó en la orilla del lavadero. El frío de la piedra en mis nalgas me hizo estremecer, parte de la falda quedó dentro de la bandeja mojándose irremediablemente. Me hizo abrir las piernas y se colocó enmedio de ellas, mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando sentí su virilidad a la altura de la mía, posó sus manos en mis nalgas y empujó su cuerpo imitándo el movimiento de penetración. Instintivamente levanté mis brazos y los posé sobre sus hombros para mantener mi equilibrio. Mi pene estaba exageradamente erecto y sentía dolor cuando chocaba con el de él aún cubierto por trusa y pantalón.

-¡Aaaaaah mmmmmmm me haces daño, aaayyyyyyyy mmmmmmmmmmm!-No exageraba en el dolor que estaba sintiendo.

Hizo caso omiso de mi queja y continuo restregando su pene sobre el mío. Buscó mi rostro pero yo heché hacia atrás mi cabeza, sin dudarlo posó sus labios sobre mi cuello y lo besó tiernamente recorriéndolo posteriormente. Me levantó un poco y me empujó más hacia atrás, parte de mis nalgas tocaron el agua fría de la bandeja. Me estremecí y quise moverme pero él lo evitó sujetándome con fuerza.

-mmmmmmmm ¡oye!¿qué vas a hacerme?¡el agua está fría!-Mis piernas comenzaban a acalambrarse al estar apoyadas en la orilla del lavadero.

Sin que yo lo esperara metió su mano derecha en el agua y comenzó a pasarla por ambas nalgas como si las estuviera enjuaguando. Yo me sentí explotar de placer, apreté mi esfinter y gracias a ello pudo localizar mi ano. Me hundió un poco más en el agua y comenzó a restregar mi orificio con su dedo medio.

-aaaaaaaaaaahhhhh mmmmmmm ¡me encanta lo que me estás haciendo!-

El dedo pasaba sobre el hilo de la tanga una y otra vez, hasta que finalmente lo hundió por abajo de éste y tocó la entrada de mi ano. Para ese entonces la excitación que sentía había provocado que mojara la diminuta prenda en la parte frontal. Mantuvo el dedo sobre el ano sobándolo delicadamente. No dejaba de besar y morder mi cuello. Sorpresivamente empujó parte de su dedo y éste comenzó a desaparecer dentro de mí.

-¡Putita, lo tienes estrecho y eso me gusta!¿Te gusta putita?¿Te gusta tener mi dedo en el culo?-

-mmmmmmmm si mmmmmmmmm aaayyyyyyy, ¡qué rico siento!-Para ese entonces hacia caso omiso de lo frio que estaba el agua.

-¿Lo ves putita? Eso te pasa por provocarme durante mucho tiempo. De verdad, no es la primera vez que te veo vestida así. Muchas veces te espié pero hoy me decidí a darte tu merecido. ¡Tienes un culo y unas piernas de campeonato!-

Me entregué por completo a su caricia. La verdad es que la estaba disfrutando. Sentía las nalgas entumecidas. Mis testículos fueron alcanzados por el agua y eso provocó mayor excitación en mí. Las piernas me cosquilleaban y como si hubiera adivinado los malestares que ya sentía me levantó nuevamente tomándome por las nalgas y me puso de pié. La tanga volvió a su lugar sin que yo interviniera.

-¡Puta, estás chorreando agua!¡Voltéate y ofréceme el culo!-

Me apresuré a cumplir la orden con cierta dificultad ya que mis piernas estaban adormecidas. El agua chorreaba por la parte interna de mis muslos, resbalaba lentamente por las medias. La falda también pesaba por el agua absorbida. Apoyé mis manos en el lavadero y me incliné un poco. Mi vecino se acercó por detrás y sin que yo pudiera impedirlo, bajó el cierre de la falda. Sentí sus dedos tocando el comienzo de mis nalgas, enseguida desabrochó el botón y comenzó a bajar lentamente la prenda con ambas manos. No llevaba prisa alguna, era completo dueño de la situación.

La falda cayó completamente al suelo, presuroso comenzó a recorrer mis nalgas con sus manos, sin esperarlo azotó una de ellas y el chasquido se hizo pronunciado por efecto del agua. Recorría y aprovechaba para estrujar y pellizcar con ansias provocando en mí gemidos placenteros.

-¡No soporto más puta suculenta!-Y se acuclilló detrás de mí, abrió ambas nalgas y hundió su rostro entre ellas. Sentí su lengua recorriendo mi piel, sorbiendo el agua que aún se acumulaba en ellas. Igual tocaba los pliegues del ano, apenas cubierto por el hilo de la tanga, provocando una deliciosa cosquilla. Su caricia se hizo frenética y lo alternaba picando el ano con fuerza desmedida.

Pasado un rato se levantó de improviso. Me tomó por las caderas y me pidió que me volteara. Acompañó mi giro sin soltarme. Para ese entonces la erección de mi pene era bastante pronunciada. Me miró a los ojos y después mojándose los labios miro hacia abajo. Comenzó a acuclillarse lentamente sin dejar de mirar el miembro. Adiviné lo que deseaba y me dispuse a complacerlo. Recordé lo que me había hecho Fred y quise revivir la experiencia.

Cuando tuvo el miembro frente a sí, acercó sus labios sin dudarlo y depositó un largo y pausado beso, después apoyó ambas manos en mis muslos y se abandonó a recorrer todo el bulto con los labios. Sentí su aliento cálido en el glande. Con una de mis manos liberé mi pene y este brincó salpicando de fluídos su nariz y boca. No dudo en engullir todo el miembro mamándolo con desesperación. Miré hacia los cristales de la puerta y lo que ví me excitó aún más: Ahí estaba yo, sin la falda puesta recargada en el lavadero y frente a mí, de cuclillas, el vecino haciéndome el sexo oral.

La verdad es que no lo hacía tan mal. Inclinaba su cabeza y pasaba los labios por todo el costado del tronco, luego se ayudaba con una mano y levantándolo pasaba la lengua por la parte posterior, mis testículos recibían besos y succiones, después terminaba engullendo todo el miembro y a la vez que mamaba acariciaba con la lengua. Inevitablemente sentí los espasmos previos a la eyaculación, la excitación era demasiada como para contenerla. El sintió también que estaba por venirme y cuando pensaba yo que se retiraría para no permitirlo ocurrió todo lo contrario, incrementó sus movimientos y succionó con fuerza provocando en mí una eyaculación tan abundante que no pude reprimir una serie de gritos placenteros. Mis piernas flaquearon y sentí que caería de un momento a otro. El no se separó hasta que estuvo seguro de haber tragado hasta la última gota de mi semen.

-¡Qué rico sabor el de tu leche putita y la cantidad...ni se diga!Estoy satisfecho-Dijo incorporándose y colocándose nuevamente frente a mí, abrazándome por las nalgas.

-Pero ahora sigues tu putita, ¡le voy a dar verga a tu culo hambriento!-Y nuevamente me tomó con fuerza por las nalgas sentándome en el lavadero.

Se hizo hacia atrás y desabrochó su pantalón, lo dejó caer hasta el piso. Miré su entrepierna y comencé a excitarme nuevamente cuando imaginé el tamaño de su miembro que resaltaba grotescamente debajo de la trusa. Esta se encontraba completamente empapada de sus líquidos, parecia que se hubiera venido por su propia excitación. Sin embargo estaba equivocada, cuando bajó la trusa lo que ví me encantó sobremanera: Su pene era largo y delgado pero lo que más me cautivo era su forma curveada hacia arriba.

-¡Eres toda una puta!¡Ya ví como estás mirando mi verga, saboreándola!¿La quieres dentro de tu culo putita?-

-¡Sssssssssssiii, tienes razón, me gusta tu verga!-Respondí en tono casi suplicante.

-¡Muy bien puta, te daré verga. Estoy seguro que nadie te ha penetrado como lo voy a hacer en este momento!-
Y se acercó a mí, me empujó hacia atrás y me pidió que apoyara los codos sobre las orillas lisas del lavadero. Enseguida me tomó por las nalgas y las acercó a la orilla del mismo, me ayudó a recorrerme un poco hacia fuera. La posición era más que excelente, doble las piernas hacia arriba separándolas para que el acomodará su cuerpo enmedio, sentí que estallaba de placer cuando sentí su pene enmedio de mis nalgas. Se separó un poco y acomodé las pantorrillas sobre sus hombros. Tomó su pene y lo apuntó a la entrada del ano. Me relajé lo más que pude y entonces el comenzó a empujar decidido a penetrarme de una sola vez. Sentí un ligero dolor, soportable, cuando el pene comenzó a abrir camino dentro de mí. No se detuvo y de una sola estocada logró llegar hasta el fondo.

-¡Ahhhhhhhhhhhhh qué rico mmmmmmmmmmm ya, ya estás dentro de mí mmmmmmm!-

-¡Eso es reina, gime como la puta que eres!¿Verdad que no habías tenido una verga como esta dentro de tu culo rico?-



-¡No, nunca, nunca una verga tan rica como la tuya!-

Se mantuvo quieto y aproveché para presionar su mienbro con el esfinter.

-¡Ahhhhhhhhh puta qué rico siento cuando lo presionas!-

La posición comenzaba a molestarme, mis codos estaban entumeciéndose gradualmente. Y entonces ocurrió lo inesperado: Aprovechando su corpulencia puso sus manos por encima de mis nalgas y sin esfuerzo alguno me levantó por completo, yo me hice hacia delante y coloqué mis manos sobre sus hombros, mis piernas colgaban a sus costados, el pene seguía todo dentro de mí. Se giró completamente e hizo que levantara las piernas para librar el lavadero, de esa manera pude apoyarlas sin problemas. El se recargó en el lavadero y adiviné lo que deseaba.

-¡Brinca putita, yo te sostendré por las nalgas, no temas, no te soltaré!-Y puso ambas manos en mis nalgas. Sin dudarlo hice lo que me pidió y apoyando los talones en el lavadero comencé a moverme con fuerza, el me ayudaba en mis movimientos con la fuerza de sus brazos. La sensación era indescriptible, el pene entraba y salia sin problemas, mis nalgas golpeaban su cuerpo provocando un sonido fuerte y seco.

-¡Así puta, así, qué rico mueves el culo!-Y soltó un manazo en una de mis nalgas.

Mi espalda baja se curveaba permitiendo que el miembro resbalara sin problema, por eso me encantaba la forma curva del mismo ya que no había el problema de que éste se saliera de mí. Un sudor copioso comenzó a perlar mi frente y mi pecho, mi movimiento se hizo frenético y acompasado, era verdad que no sentía temor de caer ya que la fuerza de sus brazos era descomunal. El gemía también con fuerza, echaba su cabeza hacia atrás y cerraba sus ojos dejando que yo continuara con toda la iniciativa. Mis testículos se aplastaban contra su cuerpo y mi pene erecto chocaba con su vientre.

Nos mantuvimos en movimiento por un buen rato hasta que comencé a sentir la clásica cosquilla entre los testículos y el ano, los cuales anunciaban que mi eyaculación estaba próxima. Los gemidos de él se incrementaron y comenzó a jalarme con mayor fuerza hacia su cuerpo.

-¡Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhh putita, putita voy e llenar tu culo de mi leche aaaaaahhhhhh!-

-¡Sí, sí papi, dame toda tu leche!-

Y entonces ambos comenzamos a eyacular al mismo tiempo enmedio de un sinfin de gemidos, sentía su semen calido y espeso resbalando por todo mi conducto anal, mi semen embarró todo su bajo vientre. El sudor de nuestros cuerpos era muy evidente, el me ayudaba a continuar azotando mis nalgas contra su cuerpo, y yo estaba empeñada en extraer hasta la última gota de su semén con mis movimientos.

Al fin ambos nos quedamos quietos. Comenzaba a sentir un ligero dolor en mi ano a la vez que su pene comenzó a perder firmeza. Nos costó algo de esfuerzo pero finalmente logramos incorporarnos en el piso.

-¡Muéstrame de nuevo el culo! ¡Me llevaré una foto de recuerdo!-Y sacó un celular para realizar dicha acción.-¡Uy putita, mirá cómo te chorrea el culo de mi leche!-Me dijo acercándome el teléfono.

Era cierto, de mi ano salía un pequeño hilo de semen, algo que nos excitó nuevamente.

Como dije anteriormente, aún tenía cuatro horas por delante y el tiempo que llevábamos apenas se resumía a dos.

anonimo