viernes, 21 de noviembre de 2014

La hermana de mi mujer

Nunca pensé que el hecho de enfermarme podría suministrarme la oportunidad de cogerme a mi cuñada y con el consentimiento de mi esposa. Hace aproximadamente un mes debido a mis innumerables problemas en el trabajo, el incremento de mi tensión arterial y otras complicaciones sufrí de una parálisis facial que me obligo a tomar reposo, momento en que mi adorable cuñadita de solo 21 años había decidido visitarnos y pasar un tiempo con nosotros, conocer la cuidad y darse un tiempo para pensar en su matrimonio. Ella una joven de tez blanca, delgada, de ojos grandes y hermosos, expresivos, con un cuerpo que llamaba la atención de cualquier hombre, senos pequeños pero muy bien definidos, que caben por completo en la boca y poder saborearlos , un culito paradito y bien formado y algo que también en mi esposa es muy bien definido un hermosa y grande cuca que es difícil de ocultar y que inevitablemente siempre estaba obligado a ver.

Al principio entre mi hospitalización que duro tres días, las innumerables visitas a los especialistas y mis terapias iniciales, no tuve mucho tiempo de compartir con ella, además era pocas las veces que nos habíamos visto debido a que reside en una cuidad a mas de 18 horas de viaje y han sido muy pocas las veces que mi esposa y yo tenemos la oportunidad de visitarlos. Aunque desde el primer día que la conocí, me di cuenta de lo caliente que ella era y que si me lo proponía podría lograr algo con ella.

Mi esposa es una persona muy abierta y dada al sexo, aunque nunca hemos hecho mas que fantasear sobre incluir alguna persona en nuestras sesiones de sexo, una de nuestras fantasías era de que poseyera a sus hermanas y les ofreciera la oportunidad de que ellas se abrieran más, ya que según la experiencia de mi esposa que no es una santa, ya que por lo menos lleva varias relaciones anteriores a las mías, yo he sido el que le ha dado la oportunidad de conocerse mas y descubrí nuevas experiencias.

La cosa es que entre los ejercicios impuestos por mi terapeuta estaba la de tirar besos para ejercitar mis labios y lograr mejor control, por ello en cada oportunidad que tenia ofrecía a mi cuñada mis labios y esta se rehusaba por pena de mi esposa hasta que esta le indico que lo hiciera para ayudarme a recuperarme, esto encendió automáticamente mis deseo de cogermela, su primer beso me puso mas duro que de costumbre por obtener el consentimiento de mi esposa y hacerlo delante de ella.

En ese momento empecé a planear la idea de estar a solas con mi cuñadita y tener la oportunidad de cogermela, por supuesto se lo comente a mi esposa y las veces que teníamos sexo le susurraba al oído como seduciría a su hermana y le daría una mamada de cuca que nunca olvidaría, como pretendía que me mamara el huevo y se tragara mi leche, hasta deseábamos tener la oportunidad de hacerlo los tres juntos. El día tan esperado llego cuando mi esposa un Viernes en la tarde decidió asistir a sus clases, ella dispuso que los niños se acostaran a dormir antes de marcharse.

No había salido muy bien mi esposa de casa cuando me quite mi camisa y le sugerí a mi cuñadita que fuese a mi habitación a ver la tele, para permitirle a los niños descansar, me dedique a acariciarle su cuello y pedirle que me dejara saborear sus labios, susurrarle a su oído lo loco que me tenia y como deseaba estrecharla contra mi cuerpo. Ella por todos lo medios trataba de zafarse de mis brazos y su voz entrecortada por los deseos de liberarse de la culpa de permitirse pecar y los deseos incontenibles de estar con un hombre me decía que esto no estaba bien, que pensaría su hermana de llegar a enterarse, yo le respondía con frases que la calmara y le indicaba que todo estaría bien, que si su hermana se enteraba entendería que solo era sexo que ella le gustaría que esto sucediera que no tuviera miedo que yo no haría nada que ella no deseara, que se dejase amar.

Entre caricias y besos a su cuello sentía como cada vez cedía a mis deseos y poco a poco pude lograr que estalla en un gran beso en sus labios y dejara penetrarla con mi lengua que busco llegar hasta el fondo de su garganta y ella tomo y saboreo con gran placer dando paso a la suya en mi boca para que la disfrutara también. No se cuanto tiempo paso, solo se que nos entregamos a las caricias y besos, el sudor me corría por la frente, mi corazón palpitaba a millón y en ese mismo instante mi celular sonó, por el tono sabia que era mi esposa y lo deje repicar varia veces, no quería desprenderme de mi cuñada y perder todo el terreno que hasta ese momento había logrado alcanzar. Sonó nuevamente el teléfono de la habitación y comprendí que era mejor contestar y dejando a mi presa en espera llame a mi mujer, era ella sin duda, y automáticamente me pregunto: Te estas cogiendo a mi hermana?. Trate de contenerme y gritarle que estaba en eso y que me interrumpió. Pero preferí mentirle y decirle que estaba dormido y por eso no conteste ya que su hermana estaba a mi lado y no quería que sitiera sentimiento de culpa y terminara acabando con este hermoso encuentro.

Hablamos poco, no se de que, solo pensaba en volver a mi ataque, a mi presa ya que la dureza de mi pene era tanta que creo que me quedaba sin sangre en mi cerebro para pensar, no me importaba nada en ese momento solo quería penetrarla y hacerla mía, cogerla como nunca, aunque había un problema no resuelto que según mi mujer su hermana era virgen y quería llegar a si a su matrimonio. Tenia que pensar en algo que nos permitiera disfrutar de un buen sexo sin llegar a destrozar sus esperanzas de llegar pulcra al altar.

La tome nuevamente entre mis brazos y la comencé a besar y susurrándole al oído que la deseaba y que me permitiera chupar todo su sexo hasta lograr que sus jugos llenaran mi boca, que se permitiera gozar del placer de chupar mi pene, ya que no deseaba estropearle su noche de bodas de convertirse plenamente en mujer. Lleve mis manos a su sexo y comencé a besar y chupar sus senos, frote y acaricie todo su cuerpo y sin penetrarle acariciaba su clítoris con furia y placer, llevándola a un gran orgasmo y gritaba de placer, tembló y me acaricio, me beso como aloquecida, agradecida de este inmenso placer. Como pude me quite mis pantalones y le rozaba su pierna con mi pene, le pedía que lo tomara en sus manos, que lo acariciara, lo cual hizo sin vacilar, parecía estar en la gloria en un sueño de nunca acabar. Parecía un muchacho que nunca antes había tenido sexo, como si fuese mi primera vez, quería hacerlo todo bien y solo la escuchaba decir a mis oídos que ella nunca había hecho nada igual, lo cual me excitaba mucho mas. Sus deseos eran tan grandes que sin poder explicar ella confeso en ese momento que no era virgen que no había ningún problema, que no deseaba esperar. Que la poseyera que deseaba ser mía, que no se podía aguantar.

En ese momento la realidad vino a mi y me percate de lo que estaba por hacer, fue cuando extendí mi mano y tome un condón que tenia preparado desde hace días esperando este momento, me lo coloque con tantas ansias y deseos que casi llego al clímax sin haberla penetrado. Yo acostado boca arriba, poco a poco quite su short y baje su biquini el cual nunca podré olvidar, era de color rojo en los bordes y figuras como pequeñas flores de un jardín sin podar. Con mucha torpeza se subió sobre mi cuerpo y sin levantar su vista quizás por vergüenza se introdujo mi pene en su sexo con ansias de gozar, nos movimos frenéticamente que no pude aguantar explotar y vaciar toda mi leche, dejándome con tantas ganas que no pude evitar continuar con mi pene todavía muy duro hacerla acabar y sentirla nuevamente aferrada a mi cuerpo, temblando de placer. Espero unos momento reponerse para luego salir corriendo de la habitación, para asearse y dirigirse al cuarto de los niños, procurando esconder la vergüenza que sentía de haberse entregado a mi.

Me senté su lado y trate de tranquilizarla, me pidió no contarle nada a mi mujer y que lo que habíamos hecho a pesar de considerar que no estaba bien, le había encantado, que nunca sintió nada igual, que yo era su segundo hombre en la vida, que le diera tiempo de pensar, la bese en los labios nuevamente y le hice saber que confiara en mi que nada iría a cambiar.

Esa tarde no me pude aguantar tome a mi esposa y le pedí bañarnos juntos y le procedí a contar con lujo de detalles como poseí a su hermana y el placer que llagamos a lograr, eso nos llevo a tener sexo de una manera que no les puedo contar, ya que nos encendió como dos llamas que ni el agua de la regadera podía apagar.