sábado, 29 de octubre de 2016

Relato "Mi prima"

"Todo empezó como una inocente visita a una prima que vive en otro estado porque allí estudia. Llegue un viernes cerca del mediodía a visitar a Mariana, cuando toque timbre ella se alegro mucho de verme, ya que hacia mucho tiempo que no nos veíamos. Inmediatamente me invito a pasar y me comento que sus compañeras de departamento habían salido por el fin de semana y como el lunes era feriado no volverían hasta el martes. 



Ahora les cuento como es Mariana, ella tiene 22 años es alta; mide 1.75 cm. Y tiene mas curvas que un circuito de f-1. Y lo mejor que tiene mi prima es su carácter ya que ella siempre esta alegre y su alegría es muy contagiosa. 

Empezamos a charlar ya que tendríamos todo el fin de semana para recorrer los lugares turísticos de esa provincia. Mariana por primera vez desde que tengo uso de la razón estaba medio deprimida, me contó que se había peleado con su novio y que ella se había quedado ese fin de semana para estar con el pero al irlo a buscar lo encontró con otra mujer. Yo le pregunte que pensaba hacer ahora, ya que si ella quería nos volvíamos ya mismo a nuestra ciudad en mi auto, lo que ella rechazo diciéndome, ya que tu estas acá voy a darle una lección a ese mal nacido. 

Le pregunte a Mariana que tenía en mente y entonces ella me contó su plan, como su ex novio no me conocía le haríamos creer que ella también tenia un amante. Mientras Mariana me contaba lo que tenía planeado no podía dejar de pensar que estaría bueno que fuera mi amante de verdad ya que ella estaba muy buena. Entonces salimos y fuimos a buscar a su ex novio, lo encontramos en un bar del centro con una rubia que no le llegaba ni a los talones a mi adorada prima. Nos sentamos lejos de ellos, pero dentro del campo visual de ellos para que ambos pudieran ver que Mariana no estaba sola. 

El bar donde nos encontrábamos es uno de esos lugares con poca luz, nosotros nos habíamos sentado en el fondo del lugar, en unos sillones con una mesita bien bajita donde nos pusieron las bebidas que habíamos pedido. Para mi sorpresa y para el asombro del ex novio de mi prima ella se acerco sensualmente a mí y tocándome la pija por encima del pantalón me dio un ardiente y húmedo beso en la boca. En un principio yo solo pose mis labios en los suyos pero ella con su lengua me invito a abrir la boca y empezó a indagar dentro de mi boca con su lengua, automáticamente puse una de mis manos en sus piernas sobre las medias negras que me tenían loco desde que la vi cuando llegue a su departamento. La otra mano la puse en su cuello y ella agarrándomela la bajo hasta sus tetas que ha esta altura de los acontecimientos tenían los pezones súper erectos. El beso en ningún momento pareció una farsa, lo que en realidad era. Por el rabillo del ojo vi como su ex se paraba y se marchaba del local, pero no hice nada para avisarle a Mariana. Todo lo contrario seguía tocándole las tetas mientras con la otra mano le acariciaba el hermoso culo que ella tiene. Ella seguía con la mano en mi pija pero ahora la había metido por la bragueta de mi pantalón y bajando mi bóxer me estaba haciendo una exquisita paja. 

A esta altura nada me importaba, ni que Mariana fuera mi prima, ni que estuviéramos en un bar, así que le empecé a frotar el clítoris por encima de su tanga, lo tenia muy duro y fácil de encontrar con el tacto ella se arqueaba sin dejar de besarme ni de acariciarme y así sentados en el sillón de un bar los dos tuvimos un maravilloso orgasmo que nos dejo tirados con los ojos cerrados durante un par de minutos. No cruzamos una sola palabra desde que entramos al bar tomados de la mano hasta que los dos rendidos después de la maravillosa sesión de caricias y besos que nos habíamos dado abrimos los ojos y ella riéndose me dijo, no se cuando se fue ese hijo de puta pero que disfrute lo que acabamos de hacer eso si que te lo puedo asegurar. Nos acomodamos las ropas, pagamos las bebidas que nunca habíamos tocado y volvimos a su departamento. 

En el camino ella siguió abrazada a mí como si su ex nos estuviera viendo. Ela bajó su mano por mi pecho hasta llegar a mi pija y cuando la notaba parada se sonreía y me decía que así daba gusto ya que siempre la tenía lista, entonces me bajo el sierre del pantalón y se metió mi pija en la boca, yo seguí manejando con una sola mano y con la otra le volví a buscar el clítoris que esta vez tampoco me costo nada encontrarlo. Cuando le avise que estaba por acabar ella me dejo de chupar la pija y se sentó en su lugar con la pija en su mano, yo seguía dándole con los dedos hasta que me inundo la palma de la mano con el orgasmo que tuvo. Mariana se recostó sobre mi hombro y me besaba el cuello, entre beso y beso me decía que yo había encontrado la forma de hacerla acabar como nunca nadie la había hecho acabar y encima todavía no la había penetrado. 

Cuando llegamos a su departamento nos desnudamos apenas entramos, la subí arriba de la mesa y le chupe su depilada concha con devoción, que fácil que se excitaba mi prima, su clítoris crecía al menor contacto. Me aviso que estaba por acaba una vez mas, pero no me importo y me tome casi todo lo que salio de esa caliente concha que ya hacía bastante rato que estaba lista para recibirme. Ahí mismo sobre la mesa de la cocina de su casa la penetre por primera vez, que bien que se sentía su concha parecía el estuche hecho a medida para mi pija, era súper estrecha, las paredes de su concha tenían prisionera a mi pija. Estuvimos bombeando un largo rato ya que las acabadas que ya habíamos tenido, yo una y ella tres. Nos habían quitado fuerzas. 

Pero cuando acabamos lo hicimos de una forma muy intensa. Nunca pensé que mi pija podía largar tanto semen como largue dentro de la concha de Mariana. Pero ninguno de los dos tenía intensiones de terminar así este encuentro, nos fuimos hasta su dormitorio y en la cama de una plaza que ella tenía volvimos a coger como si fuera la primera vez de la tarde. Después de un rato de bombear y cuando ya le entraban hasta tres dedos en el culo que se lo había estado masajeando todo el rato la puse en posición y se la metí por el culo. 

Mientras le perforaba el orto a mi prima seguía tocándole el clítoris que ya me tenía hipnotizado por la forma que se ponía al menor roce. 

Luego de un largo rato mi prima grito si así partirme el culo y al escucharla no aguante más y le largue dentro de su culo todo el semen que me quedaba. Ella al notar mí acabada también acabo, los dos quedamos rendidos luego de la tarde que habíamos pasado, nos duchamos juntos acariciándonos en todo momento. Luego nos dormimos una siesta para despertarnos bien tarde a la noche, nos fuimos a cenar para recuperar fuerzas y volvimos a su departamento para seguir cogiendo a cada rato durante lo que duro el fin de semana. 

Al tiempo Mariana me contó que había hablado con su ex novio para agradecerle los cuernos que este le había puesto ya que gracias a ellos ella había encontrado la pija que le hacia falta, la mía. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

CON NOELIA "RELATO"

Esta es la historia intimista, personal y real, aunque increíble, de cómo sin saberlo perdí mi virginidad a manos de mi prima Noelia.
Por aquel entonces yo contaba con 17 años recién cumplidos, y de la vida no sabía nada. Era un niñato, más inocente que una mosca y tímido. Claro está, mi vida sexual era inexistente y solamente quedaba al descubierto algunos días cuando me levantaba con los calzoncillos húmedos de algo pringoso o cuando se me levantaba la polla por algún motivo que aún desconocía.

Y en esto entra mi primita, Noelia, la más pícara de las mujeres, que me abrió la puerta al mundo de los juegos adultos (por cierto bastante mejores que los de los niños).
Noelia tenía por aquel entonces 25 años,  era (y es) morena, con ojos castaños, 1'73 de altura, con el peso justo para su altura, pechos del tamaño de una mano, culo bonito en forma de corazón, en general, un cuerpo esbelto y ligero.
Todo comenzó cuando fui a casa de mis tíos a jugar con Pedro, mi otro primo y hermano de Noelia, y descubrir a mi llegada que se había ido con mis tíos a pasar el día fuera, ya que era verano y vivíamos cerca de la playa.
Noelia me invitó a pasar. Aún recuerdo lo que llevaba ese día. Vestía la parte superior de un bikini naranja, de forma triangular y con pequeñas cuerdas que se juntaban en su espalda, junto con un pantalón corto y ajustado y unas chanclas. Yo por mi parte vestía la típica camiseta de manga corta, bermudas y deportivas.
Nos sentamos juntos a charlar en un tresillo y me invitó a una limonada casera que contaba con un ingrediente especial (a día de hoy aún no ha querido desvelarme qué era) cuyo sabor era totalmente eliminado por el sabor agrio y dulzón de la limonada. Me lo bebí de un solo trago y empezamos a charlar.
Hablamos de mis estudios, sus estudios (estudiaba psicología) y de cómo nos iba en general. Descubrí por sus palabras que todo le iba bien, excepto en temas amorosos, diciéndome que los hombres no la comprendían y que era una mujer libre para todo. Divagaciones a las que yo le presté poca atención. Al rato de estar hablando, sin saber por qué motivo, mi mirada empezó a repasar su figura de arriba abajo, disimuladamente y tranquilamente. Me fijé en sus tetas pequeñas y apetecibles....y cuando levanté la mirada ella me miraba a los ojos.
- ¿Qué miras?
- .....- contesté lo primero que se me ocurrió - Tu bikini...me gusta mucho.
- Sí, pues mira.
Se levantó y se bajo los pantalones bajo mi atenta mirada, dejando al descubierto un pequeño y minúsculo tanga naranja que apenas le tapaba.
- ¿Te gusta?
- Me quedé mirándola fijamente hacia el triangulo invertido que el tanga formaba al finalizar sus piernas y en lo finas que tenía sus piernas. Ella con sonrisa pícara (después lo entendí todo) se dio la vuelta y me plantó su culo a escasos centímetros de mi cara pasmada. Mientras observaba cómo un hilo de tela se sumergía entre sus nalgas, noté cómo mi entrepierna iba creciendo de tamaño, sin yo poder evitarlo y sin saber qué hacer. Ella se dio la vuelta y disimuladamente dejó caer sus pantalones al suelo, a lo que se agachó a recogerlo poniéndose de cuclillas con las piernas abiertas ralentizando sus movimientos. Mi mirada se dirigió de forma inconsciente hacia su sexo, tapado mínimamente por su tanga, y mi polla dio un brinco empalmándose totalmente.
-
- ¿Qué?. ¿Te gusta?.
- No contesté, me limité a mirar al suelo mientras ella se sentó otra vez a mi lado.
- - ¿Qué te ocurre?.
- Seguía sin contestar...me incorporé hacia delante para disimular mi empalme.
Yo, que nunca había pensado en sexo cuando hablaba con una chica. Y que aún, ignorante de mí, tenía una visión platónica del amor. Y ni tan siquiera sabía qué hacer con una chica a solas (y había tenido oportunidades).
Noté su mano encima de mi hombro mientras me empujaba hacia atrás. Yo estaba enrojecido sin saber que hacer.
-
- Nn...nada...no me ocurre nada. - pude decir con esfuerzo mientras la miraba de reojo.
- A ¿no?...y eso.
- Me quedé mirándola mientras ella con una mirada pícara me señalaba mi polla, toda empalmada y queriendo salir del bermudas.
Volví a agachar la cabeza. Si me levantaba, mi polla aún reluciría más. Así que opté por permanecer sentado.
- - ¿Es eso lo que te preocupa?...tranquilo...¡contéstame!.
- Después de largo rato asentí con la cabeza.
- - A ver...déjame mirar.
- Noté una mano encima de mis muslos que avanzaba hacia mi polla. Cuando se posó sobre ella empezó a tocarla de arriba abajo, recorriéndola en su longitud. Yo brincaba a cada recorrido que me hacía, apretándome más hacia el respaldo, hundiéndome en la colcha.
- - Tranquilo. Relájate.
- Ella seguía apretando y recorriendo mi polla ahora con sus dos manos. Yo seguía hundiéndome más y más en mi respaldo, notaba un calor que empezaba en mi polla y me recorría el cuerpo desde los pies hasta la cabeza.
- - Vaya, vaya, vaya. Tienes una buena inflamación. Tendrás que bajarte los pantalones y que te la calme.
- Escuché sus ahogadas risitas mientras me quitaba el nudo y me bajaba los pantalones. Hice un amago de incorporarme, pero ella me empujó hacia atrás y con una mirada pícara y una sonrisa diabólica me paró:
- - Tranquilo primito...será un verdadero placer.
- Yo no sabía qué hacer, me limité a obedecer. Me bajó y quitó los pantalones por completo.
-
- Ahora adelanta tu culo hasta el borde del asiento, abre y estira las piernas y suelta la tensión de tus brazos mientras te quito la...."inflamación" - se relamió los labios y sonrió.
- Hice caso a todas las indicaciones. Pues no sabía qué hacer, incluso dentro de mi ignorancia temía que esa inflamación fuese mala.
-
Ella empezó a cogerme la polla con las manos, moviéndome la piel y mostrando y ocultando suavemente mi capullo. Mi polla era en ese momento el centro del mundo, y repartía sensaciones a lo largo de mi cuerpo que me hacían tensar los músculos de las piernas, nublar mi cabeza y respirar agitadamente.
Ella continuaba masajeando mi polla y mis huevos suavemente.
-
- ¡Qué dura la tienes !. y bastante larga...muy bonita...te va a gustar...y a mí.
-
Me iba diciendo todas estas cosas mientras sus manos empezaban literalmente a masturbarme. De repente se levantó de mi lado, me abrió las piernas, se arrodilló en medio sentándose sobre sus piernas, me la cogió con la mano izquierda, acercó sus labios a mi polla y empezó a besarla, lamerla y morderla. Me volvía loco. Extrañas sensaciones notaban mi cuerpo y mi mente, no sabía describirlas, pero me gustaba.
- ¿Te gusta?.- me leyó el pensamiento.
- Ssss....¡sí!. ufff.ffff - contesté como pude.
- Pues ahora verás lo que es bueno.
- Se metió media polla en su boca. Una humedad suave se apoderó de mi polla.
Su lengua jugaba y lamía mi polla y sus labios me acogían mientras me apretaban. Su mano estiraba mi polla desde la base y su boca empezaba a meterse y salirse de mi capullo mientras sus labios me apretaban. Empezó a aumentar el ritmo. Yo me cogí a la colcha del tresillo fuertemente, sabía que algo iba a suceder. Mi mente se nublaba medio mareada. Entonces ocurrió.
Tras un gemido largo, mi cuerpo liberó chorros de energía a través de mi polla, para después nublar completamente mi cerebro y llegar incluso al mareo. Me quedé hecho polvo mientras mi prima me limpiaba la polla de ese espeso líquido que me acompañaba en algunos despertares.

miércoles, 29 de junio de 2016

Seduciendo al padre de mi amiga Gabriela

Seduciendo al padre de mi amiga Gabriela.

Capítulo I ( La nena inocente)
Mi amiga Gabriela me invitó a que pasara un fin de semana en la casa de campo de su familia a las afueras de la ciudad. Iríamos nosotras dos, el padre de Gabriela y su esposa (que no es la madre de ella). Alberto, el padre de Gabriela, es un hombre de 50 años de 1,85 mts. de estatura, morocho, de muy buen porte, atlético, deportista. Gabriela tiene como yo 20 años, es compañera mía de la universidad. Ambas somos delgadas, lindas, con un look de adolescentes, todos nos dan no mas de 16 años.

Llegamos a la casa el viernes por la noche y cenamos, todo tranquilo. Nos fuimos a dormir porque era tarde. A la mañana del Sábado nos levantamos con Gabriela, desayunamos y fuimos a jugar tenis. No vimos al padre ni a la esposa en toda la mañana, creo que se habían ido a andar a caballo.
Al mediodía comimos un asado, todo era normal, pero luego de almorzar, Alicia dijo que iba a dormir la siesta, Gabriela también. Yo dije, bueno, creo que me voy a la pileta, ya que todos se van a dormir. Ahí Alberto dijo, no, yo jamás duermo la siesta, así que es probable que te acompañe. Mi corazón comenzó a latir como un tambor. Fui a ponerme el traje de baño y fui a la pileta. Estaba sola y me puse la parte de atrás de la tanguita bien adentro del culito, una parte solamente, como para que parezca que fue un descuido.

Estaba tomando sol de espaldas, cuando llega Alberto, y me dice que estaban todos dormidos. Me incorporé un poco, siempre de espaldas, y noté como miraba mi colita, se te corrió la tanguita, me dijo, oh, dios mio, que papelón, señor, perdón, dije acongojada. No, no es nada, no te hagas problema, porque te pusiste colorada, Paula?. Es que me dio vergüenza señor, que va a pensar Ud. de mi, dije. No hay problemas, me dijo y no me digas señor, decime Alberto. En ese momento lo miré entre las piernas, tenía una erección. El se dio cuenta, y se puso colorado, me dijo, ahora creo que yo debo disculparme. y nos reímos.
Perdón señor, digo, Alberto, no me tome por atrevida, pero es grande no???. El no sabía donde meterse, y me dijo que creía que no era correcto hablar de esos temas conmigo, que podría ser su hija. Perdón señor, dije, que vergüenza. No, no es nada, dijo. Yo volví a mirarlo, y le pregunté, pero porque se nota tanto, no entiendo?. Durante el almuerzo no se notaba. Hizo una pausa, y me dijo que era por haberme visto en traje de baño, se había exitado, pero que me pedía disculpas. Yo dije que era un halago que un hombre como el maduro y tan apuesto se fije en una niña como yo. El me seguía mirando el culo y la boca, y también las tetas. Estaba incómodo y yo exitada.
Le dije que me gustaría ver una polla tiesa de un hombre grande, pero el dijo que mejor se iba, porque esto no conduciría a nada bueno, me pedía disculpas por ser una niña y ser amiga de mi hija. Adiós Paulita, disculpa y se fue.
Yo me quede recaliente, y no volví a verlo hasta la cena. El comió rápido y se fue a acostar alegando cansancio, le hizo una cómplice seña a su esposa para que lo acompañara al cuarto, ella también respondió con una sonrisa, con lo que dejaba en claro que harían el amor esa noche.

A la mañana siguiente, Alicia, la esposa de Alberto no me saludó, me miraba con cierto gesto de ira. Yo no sabía que ocurría. Ella se fue con su auto temprano, Alberto no apareció en todo el día, ni siquiera almorzó con nosotras. Le pregunté a Gabriela que ocurría y me dijo que parecía que habían peleado, pero desconocía el motivo.

Hoy en la universidad Gabriela me contó lo que paso, pues anoche volvieron a discutir y ella los escuchó. Parece que cuando estaban haciendo el amor el sábado el estaba por acabar y cuando estaba en lo mejor, le dijo, siiiii, Paulita, mi amor, siiiiiii, me voy, me voy en tu culito rico, Paulita. Se imaginaba que estaba haciéndolo conmigo. Y la esposa se re enojó. Gabriela estaba fascinada con el episodio porque odia a Alicia y me dijo que debía ir mas seguido a la casa. Me dijo en broma que tenía que seducir al padre para que Alicia se fuera de su casa. Yo me reí del chiste, luego vino la profesora, y después de clase arreglamos todo lo que luego iba a suceder.
Capítulo II (Mi primer beso a una chica)
 
El plan consistía en ir a una fiesta y luego con cualquier excusa pedirle a el que nos venga a buscar, como Gabriela iba a estar descompuesta, me pediría que me quede a dormir con ella, y esa sería una buena oportunidad para seducirlo mostrándole ropa interior nueva.
Nos encontramos a la noche en la fiesta con Gabriela, estábamos para matar. Yo con un vestido corto con terminación bordada en encaje con falda muy muy corta. Tenía unos zapatos negros y la ropa interior muy fina, muy cara negra. El sostén era tipo push up, con lo que levantaba bastante es escote. No tengo tetas grandes, pero si bien paraditas y con este sostén se agrandaban un poco. La tanguita tenía por detrás solo una tirita que se me metía bien en la cola, con lo que dejaba los dos cachetes bien desnudos. En la parte de adelante, traté de meterme un poco la tanguita dentro de la conchita, y que algunos pelitos sobresalieran por los costados. Gabriela estaba vestida exactamente igual, pues compramos la ropa interior y el vestido en el mismo lugar, pero todo el era conjunto gris.

Nos fuimos a un rincón a uno de los sillones para planear lo de la noche. Estábamos excitadísimas. Gabriela me contó que siempre tuvo fantasías sexuales con su padre, pero que nunca se atrevió a manifestarlas, tampoco nunca avanzó, ni aun en la época que el no tenía compañera. Pero que ahora, pensando en mi presencia en medio de ellos, le daba valor para continuar. Le pregunté si lo había visto desnudo, y me dijo que si, que tenía un pene muy grande y oscuro y grueso. Que ella se masturbaba imaginándose arrodillada chupándosela y el acariciándole la cabeza y susurrándole cosas dulces.

Mientras hablábamos de esto yo estaba mojándome toda. En eso se acerca un amigo nuestro y nos pregunta de que hablábamos que estábamos tan entusiasmadas y porque estábamos tomadas de la mano. La verdad es que no había reparado en ello pero teníamos las manos apretadas con los dedos entrelazados. Nos miramos y nos reímos. Nos dijo que parecíamos lesbianas. Nos volvimos a reír. El también comenzó a reírse. Nos pidió que nos diéramos un besito en la boca. Estás loca, dijo Gabriela, porque nos tomaste. Vamos un besito, no me digan que nunca lo pensaron. Gabriela me miró a los ojos y yo sonreí. Esta loco no??, me dijo. Yo no contesté, la seguí mirando. Ella sonrió y me dijo, le damos el gusto a este, así nos deja tranquilas. Yo sin contestarle la tome de la cintura, con mi otra mano la acerqué y abrí la boca para darle un beso, ella también abrió la boca y nos dimos un rico beso que duró unos segundos, mi lengua recorrió la suya y sus labios. Sentí un cosquilleo en el estómago. Era la primera vez que besaba a una chica y me gustaba, me gustaba mucho. Luego del beso separamos nuestras bocas, lo miramos y yo le contesté, ya esta, ahora dejanos solas. El chico este estaba con la boca abierta, no supo que decir y se fue con el rostro colorado.
Capítulo III ( En la cama juntitas con Gabriela)
Ahí estábamos ambas como dos putas en celo.
Porque no llamas a tu papi, le dije a Gabriela, Ok, me contesto. El problema es que hace muy poco que llegamos a la fiesta. No importa, digamos que te sentís descompuesta, agregué.

Llamamos al padre, llegó apenas pasada la medianoche. Salimos a la calle, nos esperaba en su auto. Gabriela fue al asiendo de atrás y se acostó, yo me senté en el de adelante. Se quedó mirándome. Le gusta mi nuevo vestidito, señor. Dios mio Paula, estas divina, pareces mucho mayor. Note como me miraba el escote y las piernas. Yo comencé a mirarle el bulto. El se sentía muy incómodo pero me seguía mirando. Que tal la fiesta, dijo. Mal, conteste, había un hombre mayor que no dejaba de mirarme y en un descuido se apoyó sobre mi colita, y creo que estaba excitado porque note algo duro.

Que pena, dijo el. Algunos hombres maduros no se dan cuenta que no estamos para fantasear con niñas, son unos desubicados. Bueno, no todos, dije. Este hombre no era como Ud. Alberto, no tenía su porte, su boca, sus hombros anchos, sus brazos fuertes, su....... su........ vientre duro, le dije, mirándole el bulto. El miró hacia atrás, para ver a Gabriela y notó que estaba dormida. Pero Paula, dijo, como me decís eso. Es verdad señor, ud. es muy apuesto, cualquier niña, como ud. dice estaría mas que deseosa de acercarse a Ud. Por favor Paulita, me vas a matar, me dijo con voz temblorosa mientras seguía mirando mis piernas. En ese momento llegamos a la casa. Yo le ayudo a entrar a Gabriela, dije. Cuando estuvimos en su cuarto, el fue a buscar un medicamento. Gabriela y yo nos desnudamos y quedamos en ropa interior. Cuando entró al cuarto casi se muere al vernos a las dos en lencería super sexy, chicas, me van a matar!!!!!!, dijo.

Papi, le pedí a Paula que se quede conmigo, vamos a dormir juntitas, no te gustaría dormir entre las dos?. Se lanzó directo, pensé. El se quedó helado, para darle mas ánimo, Gabriela se acercó a mi, me tomó por la cintura y le dijo, te gusta nuestro nuevo conjuntito. Alberto, dijo chicas, están locas las dos, y con una sonrisa, me van a terminar tentando, agregó. Gabriela, sabes que esto es una locura, debes estar borracha para actuar así, mejor me voy y mañana veremos las cosas mas claramente. Dijo finalmente mientras se iba, cerrando la puerta.
Ambas nos miramos y reímos. Ella se metió en su cama y yo en la mía. Nos mirábamos a los ojos y comenzamos a tocarnos, cada una en su cama. Paula, mi amor, veni que no aguanto mas, me dijo. Fui a su cama y me acosté al lado de ella. Comenzó a tocarme la conchita y yo la toque a ella. Era divino, estábamos en las nubes, nos masturbábamos de una manera increíble hasta que Gabriela acercó su boca a mi cuello, me dio un beso y me dijo que estaba por acabar, yo también, contesté y ella comenzó a decir, si papi, dámela papi, dámela a mi y a Paulita, dánosla a este par de putitas que te calientan tanto. Con esas palabras. Ambas explotamos de calentura.
Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhh, ohhhhhhhh
Siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhh
Nos quedamos juntitas dormidas en la misma cama.

Capítulo IV (El enojo de Alicia)
Me fui por la mañana a mi casa. A la tarde me encontré con Gabriela en la universidad. Me contó que la esposa del padre le hizo un escándalo cuando yo me fui, hizo las valijas y se fue de la casa. Parece que a la mañana entro al cuarto nuestro y nos vio desnudas en la misma cama y a mi con la mano en la vagina de Gabriela y ella con una mano en mi cintura. La verdad es que ninguna de las dos la habíamos escuchado.
Cuando yo me fui, comenzaron los gritos que yo era una puta y como me dejo dormir en la casa, y que tuve sexo con Gabriela y ahora iba por el, y que estaba vestida como puta y como llegue ahí, seguro que lo prepare y le reprocho que cuantas pajas se había hecho cuando me vio en ropa interior, y que estaba harta de competir con una adolescente puta. Así que se fue, logramos lo que Gabriela quería. Ahora tenemos a Alberto para nosotras solas.
Capítulo V (Lo tuve al padre de Gabriela para mi)
Anoche fui a la casa de Gabriela, el padre estaba en su biblioteca leyendo. La biblioteca comunica a un hall de entrada y tiene una pequeña ventana que da a ese hall desde que se puede ver todo. La idea esta provocarlo y si perdía el control resistirme para volverlo bien loquito. El estaba sentado en un sillón de un cuerpo con los pies apoyados en otro sillón de 2 cuerpos, pero que medía 2 metros de largo.
Entramos Gabriela y yo y ella le dijo que yo quería hablar con el.
Basta Gabriela, cortemos este tema de Paula, ya bastante problemas tenemos con la ida de Alicia. Pero papi, ella te quiere explicar, por favor dejala. Hizo un gesto afirmativo y yo entré. Estaba vestida con una falda de jean negra bien corta y bien ajustada. y una remera corta bien ajustada, blanca que dejaba ver mi ombligo y mis abdominales bien marcados.
Entré y Gabriela salió. Ella se ubicaría en el hall para ver la escena. Yo me acerque y le dije que me disculpara que no quise causar un problema familiar y que podía hacer para que las cosas vuelvan a estar como antes. Que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para enmendar mi error.

El me dijo que no hiciera mas, y que deje de ser provocativa, que con eso bastaba. Yo le pedí disculpas nuevamente y me arrodillé para que me perdonara, procurando poner mi cara cerca de la altura de su pene. El me dijo, basta Paulita, basta, no sigas. Entonces yo hice un ademán para pararme e hice que me caía, entonces me puse de espaldas a el en 4 patas con mucha lentitud para incorporarme.

Tenía una tanguita de una tirita bien metida en la cola que con la falda corta no pude evitar dejar expuesta. La bombachita era de color blanco. El se avalanzó sobre mi y me apoyo su pene en el trasero y me dijo ya basta, puta ahora vas a saber que no se juega con un hombre como yo. No señor por favor, no, no me haga nada, discúlpeme. Vení puta, ahora te voy a coger, te voy a dar hasta que me pidas por favor.

Me corrió hábilmente la tanguita, sacó su polla y me ensartó de una vez. Me dolió un poco, era un pene grande y me quejé. Ahí me comenzó a jalar del cabello y me la empezó a meter hasta que los huevos chocaban con mis glúteos. Y me daba y me daba y me daba. Me dolía un poco, pero me gustaba. Además sabía que Gabriela estaba mirando todo, eso me hacía sentir mas puta aun.

Luego de un rato de mete y saca nos corrimos los dos como animales. Luego me la sacó y me dijo que lo disculpe, que había perdido el control, que me tenía muchas ganas, que por favor no se entere Gabriela. En eso ella entra a la biblioteca y le dice, ya lo se papi. Me gustó como te cogiste a esta puta. Si no queres que Graciela se entere, me vas a tener que coger a mi también.

Capítulo VI ( Un trío con Gabriela y su padre)
El padre de Gabriela, dijo: Gabriela, estas loca, como me propones una cosa así, soy tu padre. Si papi ya lo se, pero no me digas que no te caliento. Gabriela estaba divina. Tenía un conjunto de ropa interior color rosa viejo que le quedaba muy bien. Pe.... pero, hija, como decís eso. Bueno, veo que no es tan así como creía, papi, disculpame, no quise ofenderte. Por favor, dejame hacer una cosa, vos permanece sentado. Si no se te para luego de esto, entonces no te molesto mas.

Alberto aceptó a regañadientes. Gabriela se acercó a mi y me dio un beso en la boca, que rico estaba, me abrazó y me apretó las nalgas, me recorrió con un dedo la rajita y al ver la humedad, dijo, hummmmm, todavía tenes lechita de mi papi, se pasó la lengua por sus dedos, me pidió que me siente al lado de Alberto, me abrió las piernas y dijo: me voy a tomar la leche de mi papi, hundió la cabeza y me empezó a hacer una chupada sensacional.
Yo ahí, suspirando lo miré a Alberto y tenía una tremenda erección otra vez. Le aparté la cabeza de mi rajita a Gabriela y la dirigí al miembro de su papi, Por favor chicas, no dijo Alberto débilmente. Sin contestarle dirigí la mano de Gabriela a la tranca de Alberto y comenzamos a pajearlo. Gabriela le agarraba la pija con la mano y yo posé mi mano sobre la de ella para ayudarla.

Alberto no se quejó mas, se dejó hacer. Luego Gabriela se incorporó y se sentó encima de su pene, introduciéndolo de una vez. Y comenzó a cabalgar como una poseída. Yo me subí al sillón me senté sobre el pecho de Alberto que comenzó a acariciarme el culo y a chuparme la rajita. Mientras tanto yo le empecé a chupar las tetas a Gabriela, cuyos pezones estaban duros como una piedra.
Luego de un rato los tres acabamos como salvajes en esa posición. Alberto quedó sentado como poseído, Gabriela se sentó a mi lado y me abrazó. Yo en medio de los dos fascinada. Luego de un momento, Alberto nos pidió a las dos reserva y a Gabriela le dijo que no quería volver a hacerlo.

sábado, 21 de mayo de 2016

TENGO GANAS "RELATO"

Hola a todos. Para empezar os diré que me llamo Ana y tengo 49 años. Soy profesora de primaria y he de reconocer que el verano pasado tuve relaciones con quien menos me esperaba, mi propio hijo.

Vayamos por partes. Como he dicho me llamo Ana, mi edad ya la sabéis, se puede decir que soy alta para la edad que tengo, sobre 1,72, tengo el pelo claro, casi rubio, hago footing con frecuencia y me gusta ir a nadar, por lo que se puede decir que mi figura no desmerece a mi edad, creo que para nada. Vivimos en una pequeña ciudad, capital de provincia cercana a Madrid. Mi marido es comercial del sector sanitario, lo que le hace pasar largos periodos de tiempo fuera de casa, ya que su trabajo se desarrolla principalmente en la capital del estado. Hay semanas que duerme fuera dos, tres o hasta cuatro noches, según como esté el curro. Pues bien en la ciudad en la que vivimos lo hacemos en una urbanización de adosados, que entre otras zonas comunes tiene cancha de pádel y piscina, que se agradece mucho cuando llega el verano. En casa ahora somos tres, ya que si bien tengo dos hijos, una chica, la mayor, de 24 años, se casó y ahora vive en Madrid y un chico, el peque de la familia, de 20 años.

Como dije al principio todo tiene su desarrollo en el verano pasado, a punto de cumplirse un año de esto. Con las vacaciones del colegio y de la Facultad de mi hijo, solo mi marido no disfrutaba de ellas al menos hasta agosto, y con reservas, por eso de la crisis que todavía nos lleva de cabeza, pero claro, mi hijo, buen estudiante, diría que brillante y yo misma, desde finales de junio estábamos libres. Nos pasábamos el tiempo jugando al pádel, generalmente con una pareja de vecinos, que además son muy buenos amigos y dándonos un chapuzón de vez en cuando en la piscina. Mi hijo se llama Luís, como su abuelo paterno, que murió un día después de que él naciera. Es más alto que yo, 1,84, y sin que suene a amor de madre, la verdad es que me quedó muy bien. He de reconocer que pasaba mucho más tiempo con mi hijo que con mi marido y quiero aclarar que soy y siempre lo he sido una mujer fogosa, que le gusta el sexo y disfrutar de él. Mi marido es o más bien era como yo, pero con el paso de los años la cosa se ha enfriado un poco, pero siendo sincera nunca pensé en ponerle los cuernos ni nada de eso.

A principios de julio, a Carlos, mi marido lo llamaron con urgencia de la central de su empresa, en Alemania, por lo que se tuvo que ausentar durante unos días, volviendo a Madrid luego, por lo que no estaría en casa al menos dos semanas o casi. Eso no era lo normal, y aunque con menos frecuencia de la que yo quería al menos tenía mi ración de verga española una o dos veces por semana. Me esperaba una buena dosis de vibrador. Un día, como, otros tantos fuimos a echar la partida de pádel y luego a la piscina, hasta la hora de la comida. Después de la misma mi hijo se suele dormir una siesta y yo, después de recoger la cocina me fui al jardín, de detrás de la casa a tomar el sol. Tenemos la última parcela de la urbanización, por lo que tiene un poco más de jardín que el resto de las casas y hace una especie de L, por lo que además tenemos una cierta intimidad, que es lo que aprovecho para tomar el sol en topless, entre otras cosas porque la habitación que da a esa zona es la mía. No es que sea muy conservadora, que lo soy para algunas cosas pero no para otras, pero he de reconocer que en casa no solemos ser muy exhibicionistas. Uso bikinis, pero eso es normal, pero en la playa no me atrevo a hacer topless, solo en la intimidad de mi jardín. Antes había dicho que tengo buena forma y además mis lolas son de un tamaño medio-grande, una 100 de sujetador, lo que a veces, me acomplejaba, pero ahora, no desde luego... pues bien, estaba en mi hamaca del jardín tomando el sol en topless, mirando hacia la casa, por la posición del sol, cuando me dio la impresión que las cortinas de mi dormitorio se movían. Mi reacción fue la de ponerme boca abajo y luego la parte de arriba del bikini, para al rato, entrar en casa. Subí a mi habitación y no había señal de que nadie hubiese estado allí. De todas formas, lo que pensé fue que el único que podía haber sido era mi hijo. Ese pensamiento me atormentó durante toda la tarde. A la hora de cena lo miraba raro, pero esperaba que no se diese cuenta.

Por la noche, al meterme en la cama, una especie de escalofrío me recorrió el cuerpo…estaba excitada y necesité masturbarme con fruición. El orgasmo que tuve fue increíble, como hacía tiempo que no lo tenía…y al final tuve que reconocer que fue pensando en que mi hijo me observaba. Tenía que comprobarlo.

Al día siguiente no jugamos al pádel, pero si fuimos un rato a la piscina. Como habitualmente, después de comer, Luís se fue a dormir y yo a tomar el sol. Esta vez preparé mi habitación de forma que sabría si había entrado o no. Cerré la puerta de la habitación y puse una fina tira de papel de modo que no se veía y al abrir la puerta caería y delataría su presencia. Al subir a comprobarlo, el papel había caído. Otra vez esa noche me masturbé como nunca lo había hecho. Mi mente no dejaba de pensar en lo que pasaba con mi pequeño…tenía que pillarlo in fraganti, pero era difícil, así que se me ocurrió, que como no podía estar en dos sitios a la vez…una cámara podía hacer una parte de mi trabajo. Así lo preparé, para el día siguiente. Puse la cámara de forma que no se viese y enfocando a la ventana que daba al trozo de jardín en el que me ponía en topless. Al terminar de recoger la comida subí "al baño" y a poner la cámara en funcionamiento. Me fui con calma hacia abajo, coloqué con esmero la toalla sobre la hamaca, me senté con una pierna a cada lado de la hamaca y lentamente me despojé de la parte de arriba de mi bikini. Todo muy lentamente. Luego me puse protector solar, también de forma muy lenta y creo que erótica, masajeando bien mis tetas para extender bien la crema. Me ha faltado mencionar que además de todo lo dicho me puse el bikini más pequeño que tenía. Estaba nerviosa como una quinceañera ante su primer beso o su primera cita. Para terminar de ser mala me llevé un vaso con agua con cubitos de hielo. He de reconocer que esto no lo hice premeditadamente, pero…en fin pasó. Cogí uno de los cubitos del vaso y me lo pasé por los pezones, que rápidamente tomaron un tamaño más que considerable. La verdad es que cuando una mujer es mala…lo es mucho. Ya casi no aguantaba las ganas de ver que había pasado con la cámara. Aguanté un rato hasta que me puse de nuevo el bikini completo y subí a la habitación. Inmediatamente cerré la puerta, cogí la cámara y la conecté a la tele, con auriculares incluso, para que Luís no pudiese oír nada. Al principio no pasaba nada, pero al poco tiempo llega mi hijo, sigilosamente y se acerca a la ventana. Al principio no pasaba nada, ya que debía estar llegando pero luego empieza o escucharse en voz muy baja como mi hijo decía algunas cosas

- Joder…como se pone la tía, como abre las piernas (en el momento en que me puse con una pierna a cada lado de la hamaca)
- Vaya par de tetas que tiene la muy puta (cuando me quité la parte de arriba)
- Que puta es la tía…que puta, que tetas se gasta…quien pudiera comérselas (al ponerme el protector)
- Vaya pezonacos que se gasta…¡umm!…joder ¿qué hace? (cuando cogí el hielo)
- Que cabrona…como me pone la hijaputa. Ya quisiera que mi polla estuviera entre esas maravillas

En ese momento mi hijo se saca la polla de los calzoncillos y se la empieza a menear
- Joder mami…que buena estás…quien pudiera follarte ese pedazo de coño de puta que tienes- los movimientos de su mano eran cada vez más rápidos. El tamaño de la verga de mi hijo no era descomunal, pero no estaba mal…para satisfacer bien.

Repetí esta operación durante varios días, haciéndome unas pajas impresionantes por la noche mientras veía el vídeo de cómo mi hijo hacía lo propio mientras yo "tomaba el sol". La verdad es que por un lado quería lanzarme, pero la verdad es que tenía muchos reparos. Una cosa era pajearte viendo como tu hijo lo hace y otra muy diferente era follar con él…en el supuesto que se diera. El determinante para seguir adelante con mi plan me lo proporcionó…mi propio hijo. El tercer día de estos "juegos", al ver el vídeo del día, un día en el que me puse un tanga que había comprado el día anterior, y que en un momento dado, para que mi hijo pudiera deleitarse un poco más, bajé un poco, como si estuviera comprobando el estado de mi depilación coñil pude oír de nuevo a mi hijo como hablaba muy bajo, pero perfectamente inteligible

- ¡Diosss!, que buena está la muy puta- ya empezaba a tocarse la polla por encima.
- Eso es…quítate el bikini…que tetas, dios mío, que tetas, como me gustaría mamarlas de nuevo- estaba segura que era cuando me daba el protector
- Quien pudiera tocar ese culo…está mejor que el de la mayoría de mis compañeras de la Facu- en ese momento es cuando ya se saca de nuevo la herramienta para usarla.
- ¡No me lo creo…le he visto el coño!- cuando me bajé el bikini- ya me gustaría que mi padre fuese un carnudo…por mi- decía aumentando el ritmo de su masturbación y corriéndose, recogiendo el "producto2 en un pañuelo de papel que llevaba preparado
Esa noche me decidí a dar el siguiente paso. Al día siguiente, por la mañana, di un paso más y llamé a mi hijo
- ¡Luís!
- Dime, mamá
- ¿Puedes sentarte un momento? Me gustaría hablar contigo
- Claro…dime
- Es un tema delicado…no se por donde empezar. Bueno, tú sabes que hago topless en casa, ¿no?
- Si, claro. Por la tarde, mientras yo duermo la siesta ¿no?
- Si, eso es. Lo que quiero preguntarte es si eso te parece mal…quiero decir si piensas que las que lo hacen son unas fulanas o algo así
- No, claro que no…es una decisión personal, muy respetable, siempre y cuando se haga en el lugar adecuado
- ¿Cuál es el lugar adecuado, según tú?
- Hombre…cualquiera que esté autorizado aunque por ejemplo no me parecería bien por ejemplo que lo hicieras en la piscina de la urbanización, aunque se pudiese
- ¿Por?- le dije poniendo expresión de sorpresa
- No se…que todo el mundo te vea las…
- ¿Tetas?
- Si…las tetas, pues no me parece bien
- Lo digo porque estaba pensando justamente eso, hacer topless en la piscina
- Hombre, ya te digo que no me parece una buena idea
- ¿Por qué?
- Por lo que te he dicho
- ¿Acaso crees que soy fea…que no deba enseñar las tetas o algo así?
- No, no, que va…eres muy guapa y estás genial, es solo que no me gustaría que te viesen las…
- ¿Tetas?- parece que a mi hijo le costaba decir tetas en mi presencia
- Exacto
- ¿Por qué? Es que solo las quieres ver tú- me lancé al agua
- ¿Cómo?- dijo Luís poniendo cara de asombro
- Me niegas que me espías mientras tomo el sol al mediodía
- ¡Yo no te espío!- se puso muy digno mi hijo
- ¿Me lo juras?
- Jurar es una palabra que no se debe usar- no sabía por donde salir
- Espera…quiero enseñarte una cosa- dije mientras cogía el mando de la tele y el vídeo. Mi hijo estaba rojo como una amapola
- ¿Qué…?
- Espera, no seas impaciente- le puse el vídeo del primer día. Subí bien el volumen para poder escuchar los "comentarios de la jugada" de forma apropiada
- Esto no es…- decía Luís
- ¿No es lo que parece?- dije en tono jocoso
- Bueno si es…pero déjame explicarte
- Espera, espera un momento…de verdad piensa que tu madre es una puta
- No…claro
- ¿o una cabrona hijaputa?
- De verdad que no
- ¿O qué está buena?
- Bueno
- ¿Bueno, qué?
- Hombre, mamá…que buena si que estás- dijo mi hijo casi sin voz, y temblando
- Y que te gustaría comerte mis tetas
- ¡¡Eh!!
- ¿Mamarlas de nuevo?- yo seguí repitiendo todo lo que él había dicho
- Esto, yo…
- ¿Follarme mi coño de puta?- palabra por palabra
- Mami…por favor- estaba con los ojos enrojecidos
- ¿O ser tú el que le pusiera las cuernos a tu padre?
- Mami…
- ¿Dime has dicho eso o no?
- Si
- Y lo piensas de verdad o no
- Si- casi no lo pude escuchar
- ¿Cómo?
- Que si- dijo otra vez muy bajo
- ¿Y eres lo suficientemente hombre para eso?
- ¿Qué?- abrió los ojos como platos
- Te digo que si aparte de tu palabrería eres capaz de follarte a tu madre
- ¿¿Eh??
- Creo que hablo claro- me quité la camiseta y el sujetador- digo que si eres hombre para comerte estas tetas y para luego echarme un polvo
- ¿Lo dices en serio…o estás jugando conmigo?
- ¿Tú que crees?- le dije mientras me terminaba de desnudar y sentándome en el sofá abría bien las piernas para que pudiese verme bien el conejo
- Mami
- Ven aquí, mi niño- le dije tendiéndole los brazos- Luís vino hacia mi. Le di un beso en la boca. Se quedó un poco cortado
- Mami… de verdad que estás muy buena
- Gracias, tesoro. Quiero que me comas las tetas
- Si…desde luego- dijo inclinándose sobre mi torso desnudo y llevándose a la boca el pezón de mi teta derecha
- Oh, si, amor…eso es. No sabes lo caliente que me ha puesto el saber que me espiabas
- ¿De veras?
- Si…me he tenido que masturbar mucho estos días
- ¿Cómo supiste que te miraba?
- Oh, oh…un día vi como se movía la cortina de mi dormitorio…y claro, blanco y en vasija…leche fija
- Ah…eres muy mala
- Y tú un mirón
- Ya… - dijo mientras reía y cambiaba a mi teta izquierda
- Eso es…chupa, así, así
- Me encantan tus pezones
- ¿Si?
- Si, mami…- casi no respiraba por comerme las tetas
- No crees que sea una puta
- No, claro que no
- Pues no sabes como me ponía oírtelo decir
- ¿Si?
- ¡Si!
- Que pezones más bonitos tiene la puta de mi madre
- ¡¡Si!!
- Como parece que le gusta que se los chupe a la cabrona
- ¡Me encanta!- yo estaba segregando flujos de forma bestial. Me llevé una mano a la entrepierna
- Y ahora me gustaría follarle ese pedazo de coño de puta
- ¡Hazlo ya, por favor…hazlo!- le decía mientras abría las piernas.
- ¿Quieres que te folle?
- ¡Si!
- ¿Segura?- mi hijo era malo…digno hijo de su madre
- Si…pero ya
- ¡Pídelo bien!
- ¡Oh, diosss! Por favor, fóllame el coño de puta de tu madre- le pedía mientras me tiraba sobre la alfombra del salón.
- ¡Si!- mi hijo paró un momento
- ¿Qué pasa?
- Busco un condón
- No te hace falta, cariño…me hice la ligadura después de nacer tú
- Entonces…- dijo poniéndose sobre mí. Yo abrí las piernas todo lo que pude y levanté el culo un poco para facilitar la entrada de la polla de mi hijo. Mi coño estaba perfectamente lubricado…diría que de sobra. Puso su polla en la entrada de mi coño y poco a poco fue empujando
- Eso es mi amor…así
- Si…ya te decía que me gustaría follarte
- Ya lo haces, cariño…ya lo haces
- ¿Te gusta así, zorra?
- ¡¡Si!!
- Como te mueves mami…eres toda una profesional
- ¡Más rápido, mi amor, más rápido!
- La hijaputa quiere caña
- ¡Si…quiero caña!
- ¡Así!- dijo mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas
- ¡Si, si, si! Sigue así, no pares
- ¿Te corres perra?
- Casi estoy…un poco más
- Te voy a llenar el coño con mi leche, puta- me dijo muy cerca del oído, y luego me metió la lengua en el mismo
- Me voy a correr, Luís…me corro- le dije a mi hijo
- Pues córrete como una verdadera puta…que te oiga bien
- ¡¡¡ME CORRO…HIJO…ME CORRO. ME MATAS DE PLACER…QUE GUSTO, HIJO…QUE GUSTO!
- ¡Yo me corro contigo mami- dijo mi tesoro haciendo el último esfuerzo
- ¡SI TESORO…DÁMELA TODA…LLÉNAME!- le suplicaba que me diese su leche
- ¡Si…toma, puta!- dijo en el momento que pude notar como su caliente leche inundaba todo mi agujero mágico
- ¡DIOSSSSH! ¡SIIII!- mi corrida fue como nunca- cariño…me has hecho disfrutar…ha sido lo mejor.
- Tu también, mami. Ni comparación con las chicas de mi edad…contigo es mucho mejor

sábado, 9 de abril de 2016

UNA PRIMA CALIENTE "RELATO"

Sucedió en una tarde de otoño. Las luces de la ciudad eran plomizas y una llovizna persistente lamía las ventanas con insistencia.


Yo llevaba varias horas en casa, leyendo, en una aburrida tarde de domingo. Aquella mañana había llegado molido de mi clase de artes marciales, y ahora me había vestido con ropa holgada y cómoda para estar por casa. En el momento en que llamaron a la puerta, me había retrepado en mi butaca favorita para seguir leyendo el thriller de buenos contra malos, pero con una acción muy suelta y bien escrita, que me entretenía en tardes como aquella.
Me dedico a escribir, así que debo observar a la competencia.

Me levanté refunfuñando, dejando la taza de té caliente, y me acerqué hasta la puerta. Al abrir la puerta me encontré con la figura de mi editora. Sabía que no salía demasiado de su despacho y que siempre era un acontecimiento, y verla entrar como si la casa fuera suya me dejó un poco estupefacta.

Es una mujer peculiar. Pequeña, apenas llega al metro cincuenta. Tiene los cabellos negros, muy cortos y escarolados. Para su tamaño tiene unos pechos generosos y un trasero redondo  y perfecto. Llevaba unos botines negros con la puntera cortada por la que se veía sus pequeños dedos de los pies, las piernas blancas al aire, una falda minúscula y un  jersey negro de cuello alto con un escote abierto en medio, en forma de óvalo.
Cabe decir, además, que Minerva, Mine, para abreviar, es prima mía, y nos conocemos desde pequeños, cuando compartíamos vacaciones en el cortijo de uno de mis tíos, un sitio soleado y caluroso repleto de misteriosas estancias frescas y oscuras, donde pasaron cosas, tiempo ha.
Mine entró como una tromba, como siempre, y fue hasta mi salón, sin mediar palabra, apropiándose de mi té y sentándose en mi butaca.
—Hola, Minerva, pasa, claro que puedes servirte el té —ironicé cuando cerré la puerta y llegué hasta el salón. Ella agitó los pies y me sonrió como siempre hacía, con una mezcla de picardía y sensualidad mal ocultada.

—Me adoras. Lo sabes. Tengo noticias, Artús —siempre me llamaba así—. Tu próximo libro va a ser publicado por una editorial más grande que la mía. Nos acaban de comprar y soy una de sus editoras en jefe, llevándome la cartera de clientes. Así que te traigo el cheque de adelanto por tu nueva novela. Y tiene muchos ceros. Deberías ponerte aquí, a mis pies, y besármelos —dijo moviendo sus piececillos dentro de los botines.
Me acerqué sonriendo y le besé la mejilla.
—¿Vaya, solo la mejilla, primo?
La miré extrañado. Era muy dada a los juegos de tentación, y sabía que era una mujer extremadamente sexual, cosa por la que tendía a rehuirla, ya que era mi prima.
—Ehm, Mine…
—Mira, Artús, estoy muy muy excitada, hace más de un mes que no me acuesto con nadie, y me importa un carajo que seamos primos.
Mi polla pegó un tirón al momento, recordando algunos hechos de los oscuros recovecos del cortijo, hacía una eternidad.
—Mine…

—No seas mojigato Artús. Me gustas desde que éramos críos. Tú ya tienes treinta tacos y yo veintiocho, y esto no es como cuando nos metíamos mano en la habitación del piano… Quiero follarte, primo, y que me folles. Y puede que algo más. Eres el mejor hombre que conozco, te he visto ya en pelotas y me gustas, así que menos zarandajas. Quiero que vengas y me demuestres que yo también te he gustado desde pequeños… —sorbió el té.
Dioses. Sí, nos habíamos metido mano. Y alguna vez echamos un polvo rápido y confuso, adolescente y sucio, que nos gustó a ambos. Estuvimos enrollados el último verano que nos vimos hasta que nos reencontramos hace cinco años.
—Demuestra que no te importa, como antes, como cuando éramos jóvenes y tontos. Además… —movió un poco más los pies, se quitó los botines y agitó los pequeños deditos, recortados, escalonados y rosas—… no llevo bragas, primo.
Y abrió las piernas.
Yo sentía cómo me latían las sienes y la polla pegó el estirón definitivo cuando vi su coñito depilado, rosa, y juraría que húmedo de jugos. Siempre había sabido cómo ponerme.
Me acerqué a ella. Mine volvió a sorber el té sin dejar de mirarme, mientras abría más las piernas. Me acerqué. Minerva es muy mandona cuando se lo propone, pero hay cosas que no permito y una de ellas es que me manden en la cama. Soy muy dominante. Estaba delante de ella, y la polla me apretaba en los pantalones, latiendo como una descosida. Ella miró con gesto goloso. Adelanté mi mano, le quité el té y le cogí del pelo. Ella sonrió, lascivamente. Empezó a respirar con profundidad.
—Dilo —le espeté.
—Fóllame…

Tiré más hacia atrás del pelo haciendo que me mirara e inclinándome un poco.
—Dilo —repetí.
—Por favor —musitó respirando profundamente. Y bajó la mirada.
—Empieza.
Mine llevó las manos hasta mi entrepierna y empezó a acariciar sobre la tela. Al cabo de un rato, viendo cómo se relamía, me sacó el miembro de los pantalones. La punta me rezumaba de jugos deseosos de tomar ese cuerpo de mujer, impaciente por clavársela, y la cercanía de su boca la hizo botar salvajemente en todo su tamaño y grosor (por fortuna estoy bien dotado, y bien que lo disfruto).

Minerva cogió con una de sus manitas semejante pollón y empezó a lamer la punta, teniendo que contenerme por no empujar salvajemente y clavársela hasta el fondo de la garganta. Le dejé hacer.

Me acarició los testículos con suavidad, y mi escoto se encogió, y empezó a lamer toda la superficie venosa. La levantó y lamió desde la base a la punta, lamiendo con toda la lengua mis testículos. Se los metió golosamente en la boca, chupando ansiosamente. Después, se retiró y metió la punta de mi polla en su boquita de bellos labios rosados. Sentí el calor profundo y la humedad acogedora de su boca cuando empezó a chupar con desespero, como si le fuera la vida en ello. Poco a poco se lo introdujo cada vez más profundamente, mientras la escuchaba gorgotear, mientras sus labios y su boca tragaban más y más de mi polla. Me tuve que contener para no correrme e inundarla de semen. Me aparté, escuchándola gemir de frustración.
Me puse de rodillas, abriéndole bien las piernas y viendo cómo le caían fluidos de los labios de su rosado coñito. Besé y lamí sus piernas, chupé uno de sus pies, sabiendo que eso la excitaba mucho, y dirigí mi boca hasta su entre pierna, donde mi lengua se dio un festín de deliciosos fluidos dulce-salados. Dioses, cuánto me gustaba…

Introduje mi lengua bien dentro de ella, ensanchándola, sintiendo su vagina palpitar y a ella retorcerse y cogerme de los cabellos para apretarme más contra su coño. De pronto se arqueó y dejó un momento de respirar, y el primer orgasmo le hizo palpitar enormemente. La sentía latir. Ahora me tocaba a mí.

Me aparté, y pude ver que se había sacado los pechos por el escote, y con una de sus manos se pellizcaba aquellos rosados pezones que tanto me ponían, pequeños y muy duros, de un rosado profundo y un centímetro de prominencia. Sus tetas eran una 95 generosa, cosa que destacaba en alguien de su tamaño, y de su seno conocía su profundo perfume.
Le quité el jersey. Ella ayudó. Casi se arranca la falda, y yo me desnudé, mientras ella se metía los dedos en el coño, provocadoramente, y se los sacaba para chupárselos, con los ojos clavados en mí, mientras me sacaba la ropa. Mi polla latía con fuerza. Cogí a mi prima, que se enganchó en mis caderas con sus piernas, mientras la llevaba al sofá, y la besé profundamente. Noté en su lengua el sabor de su coño, y chupó mi lengua y mis labios.
—Ahora, por favor, fóllame, méteme toda esa polla dentro y fóllame. Hazme tu zorra, ¡fóllame!
A Minerva le encantaba ser sucia en la cama.
La coloqué en el sofá, y la dejé a punto, con las caderas arqueadas y la espalda contra el respaldo, estando yo de rodillas delante de su hambriento coño. La miré. Yo casi no aguantaba las ganas, pero aun así, forcé.

—Dilo. Otra vez.
—Fóllame. Por favor. Métemela y fóllame…
Me acerqué lentamente. Cogí mi polla y puse la punta en la entrada de su coño. Me mojé lentamente en sus fluidos, y recorrí todo el coño de arriba abajo, estimulándole el clítoris y aumentando su agonía de deseo por que la penetrara.
—Por… favor…

Y lo hice. No fui delicado, ni caballeroso. Cogí impulso y de un golpe de cadera se la clavé hasta el fondo. Ella gritó y me arañó el pecho. Yo respondí bombeando con fuerza y retorciendo sus pezones, cosa que sabía que la excitaba, notando cómo su vagina se cerraba con más fuerza alrededor de mi polla. La follé con más fuerza, con energía, haciéndola gritar. Le abofeteé los pechos un par de veces y sentí cómo crecía más su excitación. Su coñito no dejaba de rezumar fluidos, empapándome la polla jugosamente, y yo seguí, mientras veía como se corría una y otra vez, orgasmo tras orgasmo, que hacía temblar sus pechos y que ella balbuceara bombeo tras bombeo, hasta que sentí cómo me llegaba a mí.
—Sí… córrete, córrete Artús… pero córrete en mi boca… quiero comérmelo todo, como tu zorra…

Dios, adoraba lo guarra que era en la cama.
Se la saqué cuando me quedarían cuatro embates para correrme, con los huevox llenos y deseando descargar, la cogí con mi mano, y apunté a su boca. Ella se tiraba de los pezones. De su coño rezumaba fluido que le caía de la entrada de la vagina, su clítoris estaba rojo de los orgasmos sucedidos, sus manos alternaban los pezones con estrujarse los pechos rosados por los cachetes. Abrió la boca, sacó la lengua, puse mi polla allí, y me follé su boca. Cuando me fui a correr, ella me cogió y arañó el culo mientras me corría y le llenaba la boca de semen. Escuché cómo tragaba con ganas, y yo gemía, redoblando mi corrida.
Se la saqué, aun palpitando. La ví correrse una vez más, chupándose los dedos con el semen que le había caído de la comisura. A mí me latía la cabeza.

—Dios, cómo follas, Artús… joder cómo me gusta que me folles…
Media hora después, vi como Mine se levantaba y su delicioso culo se alejaba de mí hacia la cocina, donde atrapó unos biscotes que untó en queso fresco. Ese culito que había visto alejarse hizo que me el rabo volviera a ponérseme como cemento armado. Al volver, con el último trozo de pan en la boca, mi prima me miró y abrió los ojos.
—Artús, ¿otra vez? —empezó a juguetear.
—Calla. Ven aquí, porque voy a follarte el culo hasta que te duela de tanto semen que te voy a dejar dentro.
De inmediato abrió mucho la boca, se tiró de rodillas y me la empezó a chupar, cosa que interpreté malignamente como que tenía unas ganas tremendas de que la sodomizara. Me chupó largamente la polla, deteniéndose y masturbándose a la vez. Aún tenía que saber a su interior. Sentí que se corría al menos una vez y gemía con todo mi miembro dentro de la boca.
Al cabo la aparté, viendo cómo unos hilillos le pendían de los labios entre mi polla y ella. Cogiéndola del pelo la coloqué en el sofá, con la cara apoyada en el borde del respaldo.
—Ábrete bien el culo, primita, porque voy dentro.

Ella gimió como toda respuesta. Sus manitas de delicados dedos apartaron sus preciosas nalgas, y yo bajé, para lamerla entera, desde la vagina hasta el esfínter. Ella gemía a cada pasada de mi lengua, y sus jugos se le derramaban del coñito, y resultaban deliciosos. En un momento le metí profundamente los dedos y los llevé a su boca para que los lamiera y chupara. Después jugueteé con sus jugos y los usé para lubricarle el esfínter. Metí un par de dedos con cuidado pero firmeza, abriéndolo. Dioses, llevaba mucho tiempo deseando hacer eso. Me puse detrás de ella y se la metí despacio en el coño, para lubricarme con sus flujos. La saqué con cuidado, empapada y chorreante, y apunté a su esfínter, dejando la gruesa cabeza en la entrada. Le tiré del pelo y vi cómo el culo le latía, y lo aproveché. De un golpe se la metí con firmeza, abriendo su culo con mi polla y entrando.

—Diooooos… la siento… la siento entera… jodeeeer… fóllame el culoooo máaaaaaas…
Y no necesité más. Empujé con fuerza y me abrí camino. Ella chilló y empezó a moverse como una salvaje para que la follara con más fuerza. Y no me arredré: empujé con más fuerza y me follé su culo largamente, sintiendo cómo varios orgasmos la recorrían y apretaban más mi polla.
—Me corro… me corro por el culoooo… —gritaba. Y varias sacudidas eléctricas se sucedían, apretándome con fuerza la polla progresivamente.

Acariciaba su espalda, metía mis dedos en su boca para que me los chupara, y le pellizcaba los pezones con fuerza, o le estrujaba las tetas cosa que le ponía aún más, y ella ponía su manita encima de la mía y apretaba, también con fuerza, gimiendo como una loca.
Hasta que sentí que venía. Apoyé una pierna  el sofá, y ella tuvo que inclinarse un poco más, y empecé a darle más fuerte y seguido.

—Ahora… —le dije entre jadeos—, te voy a llenar el culo de semen, primita, hacerte mi puta y marcarte, te voy a llenar y vas a oler a mí, zorra.
—Sí… sí… fóllame, más… mi culo, lléname… te limpiaré la polla con la boca… —dijo entre jadeos. Aquello me hizo reventar, y exploté dentro, sintiendo los violentos chorros que ella percibió ardiendo en el interior de su culo.

Me corrí largamente dentro de su culo, y jadeé, abrazándola. Ella se sacó mi polla con cuidado, sintiendo cómo latía, y, de rodillas, se la metió en la boca, cosa que me hizo palpitar y arrojar un postrer chorro en su boca. Ella cumplió su palabra y chupó con fuerza y delicadeza. Me limpió la polla, que debía saber a su culo, y cuando acabó, se abrazó a mis piernas, apoyando su dulce carita en mis muslos.